2020-12-22

ONELLI Y 25 DE MAYO

¿Cómo van las ventas en un rincón vital de la ciudad?

Un sitio neurálgico de la ciudad es el que marca la intersección de 25 de Mayo y Onelli. Y, en determinadas fechas, echar una mirada a ese espacio sirve para tener un punto de referencia del movimiento comercial de la localidad.

                               

A unos pocos días de Navidad, por Onelli, cuando el semáforo se pone rojo, Claudio Almonacid marcha entre los vehículos y ofrece cuatro alfajores por cien pesos, mientras es testigo privilegiado de la circulación de gente.

Así, apunta que una carnicería de la zona trabajó muy bien el sábado, y que la zapatería que está a unos metros, durante esta jornada, tuvo cola para ingresar en varios momentos del día. Pero cree que recién a partir de hoy martes se apreciará mayor cantidad de gente, debido a que han comenzado a pagarse los aguinaldos.

Claudio se define como “un busca”, y, más allá de los alfajores, cuenta que, en otras ocasiones, vende rosarios de madera que él mismo fabrica.

                               

A uno de los costados, en una pollería, Miguel Díaz revela que, desde hace varios días, se ha notado un incremento en la venta.

Señala que lo que más se lleva, en vista a la mesa navideña, es el arrollado de pollo, que viene con huevo, cebolla de verdeo picada, zanahoria cortada a lo largo, panceta, jamón y queso, y si bien el valor va de acuerdo al peso, cada uno ronda entre setecientos y ochocientos pesos.

La mayoría adquiere los productos con anticipación, para frizarlos y ya sacarse la preocupación de la comida en Nochebuena.

                                

Al lado, en la juguetería, Eve Morales dice que la gente se cuida mucho con los gastos, y advierte que los incrementos en los valores a los clientes son influenciados por los aumentos en los costos de los juguetes, como también en lo relacionado con los fletes. Ejemplifica que, antes, los envíos de cajas salían alrededor de quinientos pesos y ahora superan los mil.

“Las personas buscan lo más barato. Yo tengo juguetes desde trescientos pesos, y esos son los que primero se venden”, manifiesta.

La señora indica que se ve más gente, y desea que eso continúe: “Estuvimos tantos meses cerrado, que por lo menos así podemos recuperar algo, porque los impuestos hubo que seguir pagándolos…”.

                                                         

En tanto, Marina Sánchez, en su peluquería, reflexiona: “Creo que los peluqueros estamos trabajando bastante, con turnos y todos los protocolos. Se reactivo el sector. Había gente que durante meses no se cortó el pelo, ni se hizo las mechas, los reflejos, las permanentes”.

Hace treinta años que está en la calle Onelli, por eso se maneja con una clientela fija, más allá de aquellos que caminan por la zona y deciden hacerse un corte.

“Por lo menos, con las fiestas, repuntamos un poco, así podremos pagar algunos impuestos”, suelta.

Informa que el corte de cabello sale seiscientos pesos, y, si se le agrega el color, el valor es de mil ochocientos.

                                                

A mitad de cuadra, en la zapatería que Claudio, el vendedor de alfajores, había dicho que se había apreciado gran cantidad de gente, todavía hay cola para entrar.

Su propietario, Ricardo Monzu, explica que, desde el sábado, se incrementó el movimiento comercial: “Si bien, en lo que hace a la cantidad, no salen tantos productos como en años anteriores, a lo que venía, se ha notado un aumento de ventas, especialmente en calzado para damas y niños”.

Detalla que el promedio de lo que se gasta gira alrededor de los dos mil quinientos pesos, porque la gente busca lo más barato. Incluso, si la compra está destinada a un niño, como manejan líneas económicas, los precios mayormente son inferiores a los dos mil.

“Las expectativas para estos días son muy buenas. Esto es como un pequeño mojón que nos vino bien, dada la situación actual… Pudimos sobrellevar el tiempo de pandemia, aunque el movimiento no haya tenido relación con el que acostumbrábamos a tener… Ojalá que ahora lleguen turistas, porque, por más que, a ellos, nosotros no les vendamos, ya que no vienen hasta acá, cuando la gente tiene trabajo, todo, directa o indirectamente, se mueve”, sostiene.

                                

En un local dedicado a la venta de bebidas y fiambres, Luis Vanlerberghe opina que todavía no se observa tanto movimiento, y refiere que, en realidad, ha visto más clientela en feriados largos, o incluso en estos días, pero no por la cercanía de Navidad, sino por el cierre de La Anónima causado por el reclamo del personal.

“Además, nosotros tenemos un público habitual, conformado por los vecinos del barrio”, afirma.

En cuanto a las ofertas que resultan tentadoras para la época, habla de la propuesta de seis botellas de sidra pagando cinco, lo que hace que, a ciento veinte la unidad, la media docena, con el descuento, quede en seiscientos.

También, en algunas bodegas, hay rebajas de un diez por ciento en cajas de vino cerradas.

                                                  

Enfrente, en un local de venta de quiniela, Karina Carrasquedo afirma: “El movimiento, durante todo diciembre, creció muchísimo. Siempre para las fiestas aumenta, pero ahora, con pandemia fue más de lo que esperábamos”.

La joven cuenta que el próximo sorteo importante es el de año nuevo, cuyo ganador se sabrá el 2 de enero. Las fracciones salen cuatrocientos pesos; los enteros, dos mil ochocientos.

“Por lo general, las mismas personas que compraron para el sorteo de Navidad, que fue el sábado, vienen y se llevan otro billete”, explica.

                                

Cecilia Rehbein, en un local donde el cotillón se mezcla con la mercería, el kiosco y artículos de repostería, señala que se notó un incremento en lo que hace a productos para preparar pan dulce y budín, desde la fruta seca hasta el molde.

Dice que, en promedio, la gente gasta entre setecientos y ochocientos pesos.

“Como tenemos de todo un poco, ahora también se está vendiendo bien el papel de regalo”, sostiene.

Y cuenta que el disfraz de Papá Noel, que está en un rincón, aún aguarda por su dueño…

 

Christian Masello /Fotos: Fabio Hernández

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