2020-12-10

EL SOCIÓLOGO NATAPOF OFRECE UNA VISIÓN SOBRE LOS ACTOS DE VANDALISMO EN LA CIUDAD

“El peor castigo es el repudio de los demás”

El presidente de la Asociación de Sociólogos de la República Argentina, Daniel Natapof, al referirse a los diferentes actos de vandalismo que se ven en la ciudad, en lo que respecta a carteles de vialidad, lugares públicos, y también sitios privados, destacó que existen dos cuestiones “de contexto, pero centrales: carencia de interés por el cuidado del espacio común y falta de penalización de ciertas conductas”, y que tal panorama “provoca que algunas personas, que son una minoría, plasmen ciertas conductas que dañan el bien de todos”.

Natapof aclaró que lo que se denomina vandalismo debe ser analizado en cada sociedad en un momento concreto, por lo que sus palabras, referidas a la Argentina, y Bariloche en particular, no necesariamente son generalizables al término como palabra abarcadora.

Luego de esa apostilla, expresó: “Por un lado, existe una general falta de cuidado y aprecio por la cosa pública. Hay una relación de causa/consecuencia, en un marco social y cultural. Puntualmente, en la ciudad, uno ve un montón de cuestiones. Por ejemplo, el fin de semana largo, si uno iba al lago Gutiérrez, se encontraban pañales, latas, botellas, basura… Si bien no es vandalismo, alguien va ahí y daña la naturaleza que todos compartimos”.

“Se ve también en aquel que deposita basura en un depósito clandestino, para no ir al vertedero, por no pagar un canon, o simplemente porque lo puede hacer…”, añadió.

“Sin ser acciones iguales, tienen en común una falta de aprecio y de cuidado. Por supuesto que no todos los ciudadanos tienen una actitud de daño, pero muchos, la mayoría, sí de indiferencia”, clarificó.

Ante tales circunstancias, consideró que “existe un campo fértil para que aquellos que quieren expresar algo lo hagan de esa forma”.

Agregó que hay “otra dimensión relevante, en esta sociedad, que es la falta de acción del Estado, como agente de sanción, para quien infringe las normas. Y eso tiene que ver con un montón de cuestiones, desde carencias de control, por no poder monitorear todo, hasta el desinterés”.

“Se observan carteles en plena Bustillo, o en el propio centro, que están pintados. Incluso en lugares donde hay cámaras”, apuntó.

En tal sentido, y teniendo en cuenta también su condición de político, además de sociólogo (cabe recordar que, durante la gestión de María Eugenia Martini, ocupó diversos cargos en el Gabinete Municipal, y que luego fue concejal), indicó “Algunas cosas me llaman la atención. En el Centro Cívico hay una comisaría, y uno sabe lo que pasa a la madrugada detrás del Concejo Deliberante, las peleas y demás…”.

Si bien consideró que el territorio de la localidad “es muy vasto”, señaló que “algunas cuestiones son claras y simbólicas”.

Mencionó a la policía provincial y el municipio, que cuenta con “inspectores y cámaras”.

De esa manera, afirmó: “Tiene que haber una decisión política de decir: ‘No lo vamos a dejar pasar’”.

“Dañar propiedad pública es un delito, hay que aclararlo, porque la cuestión parece estar minimizada”, aseveró.

En cuanto a lo que lleva a alguien a realizar un acto de vandalismo, apreció: “No hay un común denominador. En general, quien daña algo está dando un mensaje, nos puede gustar o no, podemos entenderlo o no, pero está diciendo algo, desde un desafío a la sociedad o a la autoridad, pasando por enojo o ira ante determinadas cuestiones, así como también está aquel al que simplemente le parece divertido hacerlo y sabe que no tiene castigo, que no pasa nada, porque es una ‘diversión’ que, al margen de lo que pensemos, le sale gratis. No tiene conciencia, ni noción”.

“Obviamente, en toda temática de este tipo, está la cuestión de la educación, tanto de la familia, como de la escuela y la sociedad”, continuó.

En tal sentido, reflexionó que “la sanción es necesaria pero no suficiente; sin educación, no sirve. Tampoco a la inversa, porque hay gente que, por más que le enseñaron en el colegio y en la familia, por motivos individuales, o porque tiene ciertas compañías, no le importa nada y daña, ya que se siente con la impunidad de que puede hacerlo”.

A su vez, manifestó que, “en estas condiciones de falta de interés por la cosa pública y de ausencia de sanción, hay un protagonista central, pero no exclusivo, que es el Estado”.

Así, habló de la responsabilidad también del ciudadano, porque cuando se cita países europeos como ejemplo de un panorama opuesto al que ocurre en Argentina, especificó que muchas veces se omite indicar que, en aquellos lugares, la propia ciudadanía objeta las situaciones de vandalismo.

“Acá, el desinterés se extiende al conjunto de la sociedad. Obviamente estoy generalizando, porque hay gente que se preocupa y lucha por el cuidado del ambiente”, sumó.

En cuanto a las marchas que culminan con destrozos, opinó: “Los grupos que generan este tipo de daños son minoritarios, y ahí operan personas que creen en una metodología violenta. Además, existen otros fenómenos, como cuando las fuerzas de seguridad reprimen en forma desproporcionada en relación a la amenaza. Hay un montón de cuestiones para analizar”.

“Por eso, es muy importante el manejo de la situación por parte del Estado. No todas las marchas son iguales, ni las personas, ni los contextos… Por supuesto, la policía debe preservar la propiedad, privada y pública, y mantener el orden, pero también tiene que evitar, en la medida de lo posible, la represión física. Ese debe ser siempre el ultimísimo recurso. Es cierto que a veces están los famosos infiltrados, que buscan provocar incidentes”, dijo.

“La violencia nunca es el camino, desde ningún lugar, postura o posición. Y la destrucción de lo público o privado, tampoco”, afirmó.

En cuanto a los actos vandálicos sobre propiedades privadas, sostuvo: “Nunca es justificable dañar lo que al otro le costó trabajo y es suyo. A nadie le gustaría amanecer con la fachada pintada o el auto roto. Hay gente que no valora nada, vaya a saber por qué, porque en cada caso se debe ver qué historia hay detrás, y también juega el hecho del ‘lo puedo hacer’, ya que se podría no valorar lo que es de otro, sin pensar en dañar, porque sabría que sería detenido, o, incluso, algo mucho más grave: sentiría el repudio de los vecinos”.

En ese punto, concluyó: “El ser humano lo es en tanto es reconocido por otros, porque vivimos en sociedad, entonces, el peor castigo es el repudio de los demás”.

 

 

 

 

 

 

 

Christian Masello

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