2020-12-01

UN EMPRENDEDOR CANNÁBICO SUEÑA CON NEGOCIOS “VERDES”:

“Para Bariloche, la marihuana puede ser el nuevo chocolate”

“Si empezamos a trabajar ahora, para Bariloche, la marihuana puede ser el nuevo chocolate”, afirma el emprendedor cannábico Federico Benítez, quien sueña con una ciudad donde los negocios relacionados con la planta puedan deparar un futuro “verde”, por las hojas, pero también los dólares que llegarían con los negocios vinculados a diferentes tipos de comercialización.

Benítez cita ejemplos de retiros de yoga, caminatas por la montaña y hasta paseos de pesca donde podría intervenir el cannabis.

Es decir, no sólo habla de un uso medicinal, al que apoya y promueve, sino que prefiere referirse a una utilización adulta del producto.

“Tengo treinta y nueve años, y he integrado la marihuana a mi vida de forma positiva; no interfiere en mis actividades cotidianas ni consumo otro tipo de sustancias”, cuenta.

Vivió siete años en Barcelona, uno en París, y estuvo casado con una mujer de Oregón,  a donde solía viajar seguido.

Su deambular por el mundo profundizó su apego por el cannabis.

“Cada vacaciones que tengo, voy a un lugar donde se planta o cultiva”, narra.

“Siento una gran pasión, que viene de mi profundo amor a la planta”, sostiene.

Federico lleva adelante diferentes emprendimientos ligados al cannabis, incluyendo uno vinculado con la cerveza, pero entre todos destaca el de los vaporizadores.

“Empecé a ver ese tema en relación a evitar el daño asociado al fumar”, indica.

“Están los que los buscan por una cuestión médica, pero también aquellos a los que simplemente les encanta la hierba y no les gusta fumar”, aclara.

El uso de un vaporizador comprende el mismo efecto que el fumar, pero con una variante. “Podés regular la temperatura, y, así, variar los resultados”, explica.

“Como norma general, a menor temperatura, es menos narcótico, y tiene que ver más con los terpenos, que son las moléculas aromáticas. En cambio, a mayor temperatura recuerda el fumar, provoca un ‘golpe’ mayor de garganta”, completa.

Aclara que los vaporizadores no tienen nada que ver con los cigarrillos electrónicos. “Sólo se coloca hierba, no hay aditivos”, asevera.

Pero los aparatos son caros, y sus repuestos difíciles de conseguir.

Además, para los médicos que pretenden que sus pacientes utilicen marihuana con un fin medicinal, cargan con  un inconveniente: al complicarse conseguir un mismo modelo, debido a que vienen de semi-contrabando (por llamarlo de algún modo, ya que en la materia hay más grises que blancos o negros) y de distintos países, cada uno se maneja de modo diferente, y las temperaturas también se regulan de maneras disímiles, por lo que es muy complicado dar una orden de utilización común a todos los pacientes.

“Me surgió la idea de fabricar un equipo de mesa, que en general son carísimos, pero hacerlo con el menor costo posible, y con un resultado estandarizado, para que todos los de la línea actúen del mismo modo”, manifiesta el emprendedor.

“Quiero lograr que se utilice en hogares de ancianos, hospitales y universidades, y que también lo usen investigadores y gente común”, indica.

“Mi pensamiento es conseguir un aparato de muy alta calidad, que pueda cubrir lo que la gente necesite”, añade.

Así, procura que su invento funcione tanto para aspirar con una especie de manguerita, como para que sirva para inflar una bolsa con vapor, que actúe como una especie de pulmón, y que, en una clínica por ejemplo, el envase pueda trasladarse hasta cada cama.

Además, está en busca de “una tercera opción, que no hay ningún vaporizador que tenga en el mundo, que es que eche el vapor en una mascarilla, porque hay muchas personas, especialmente niños, que poseen problemas para hacer la aspiración muscular por sí mismas”.

Acerca de las ventajas del vaporizador sobre el cigarro de marihuana, señala: “Cuando se fuma, por la temperatura de la combustión, gran parte de los terpenos se quema, porque son volátiles, y con eso se pierde el valor medicinal. Cuando uno vaporiza, calienta la hierba por arriba del punto de ebullición, pero por abajo del de combustión de la celulosa, por lo tanto no se quema, se seca, y ese vapor que sale es de amplio espectro, tiene todo un abanico de moléculas beneficiosas”.

Considera que, incluso, es mejor que la ingesta de aceite, “porque cuando se consume vía oral, al metabolizarse en el hígado, tarda mucho en hacer efecto, además de que es más difícil manejar la dosis”.

Federico empezó con el proyecto hace cuatro años, desarmando y soldando él mismo. Cuando observó que, en la idea, había potencial, llamó a gente para que colaborara. El resultado fue un prototipo que, si bien funcionaba, no era reproducible,

“Perdí plata”, reconoce.

Luego surgió una convocatoria para una beca de INVAP. Se presentó y quedó finalista, pero no ganó, así que el “vapo”, como él lo llama, pasó una vez más a stand by.

Después, una invitación municipal, junto a Fab Lab (el Laboratorio de Fabricación Digital), para incubar proyectos, hizo que emergiera una vez más.

Quedó seleccionado.

“La electrónica ya está terminada, falta completar el prototipo. Calculamos que, en tres meses, culminaremos. Luego se pasará al período de producción, que puede demorar un tiempo, principalmente porque dependerá del vil metal”, expresa.

Como su intención es tener el control total del proyecto, quizá, en principio, lo financie él mismo.

“La primera tanda sería de cincuenta unidades”, anuncia.

“La idea es hacerlo en Bariloche, con gente de acá. Hemos priorizado la producción argentina”, apunta.

Más allá de esta labor en torno al vaporizador, Benítez observa que se viene una “oleada verde” que la localidad podría utilizar en busca de ganancias.

“Veo que, detrás del reclamo popular y legítimo de la gente para el uso de la marihuana, hay una bolsa enorme de dinero por hacerse, con un mercado gigantesco”, considera.

“La mayoría de los que estamos en esto somos pequeños emprendedores, y hay que ver, ante las nuevas regularizaciones, cómo nos plantamos frente a los grandes capitales que vendrán a copar el mercado”, suelta.

“Es estratégico saber que el cambio está sucediendo, que la cuestión se va a regularizar y la gente plantará, que se elaborará mucho y habrá tours con turismo cannábico. La ciudad tiene que cambiar su perfil productivo. Tenemos la oportunidad de ver cómo nos reconfiguramos para aprovechar lo que se viene”, reflexiona.

En ese sentido, remarca: “Nuestras posibilidades son infinitas”.

Así, advierte que “la gastronomía cannabica puede ‘explotar’, y está la posibilidad de que suceda lo mismo con la cerveza, y hasta los chocolates…”.

De esa manera, propone que la marihuana puede ligarse a diversas actividades. “Creo que es el momento para que cada uno reconfigure su trabajo para ganar el dinero que aportará el cannabis; falta coordinar, nada más”, dice.

“Por las charlas que tuve, me parece que en la municipalidad hay muy buena recepción, ven que esto es lo que se viene”, opina.

En ese punto, sostiene que los dirigentes “deben ser valientes”, moverse más allá de los prejuicios y plantear, desde la política, el tema.

Federico revela que en la ciudad “hay algunos de los mejores cultivadores del país”.

“Bariloche tiene que ser punta de lanza. Se trata de una industria que va a llevar un par de años desarrollar, por lo que hay que tener visión de futuro”, afirma.

El emprendedor va más allá y arroja: “Me pregunto si no tendría que haber una secretaría del cannabis en Bariloche, como para que las personas puedan informarse y consultar sobre las regularizaciones y habilitaciones que pudieran existir para distintos negocios”.                 

 

Christian Masello / Fotos: Fabio Hernández

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