BOSQUES COMESTIBLES, ENERGÍA SOLAR Y UNA EDUCACIÓN SIN AULAS
Cómo es la ecovilla que creó un argentino en la selva de Costa Rica
Marcelo Valansi creó una ecovilla en la selva de Costa Rica. Transformó un potrero con ganado en un bosque comestible donde vive con sus hijos y 45 familias de 29 países distintos. Además, este emprendedor es cofundador de una escuela nada tradicional.
“Gente que vivía en ciudades y encerrados en departamentos se preguntaron durante este tiempo si es la forma en la que quieren vivir”, comentó Marcelo desde Costa Rica a propósito de los efectos de la pandemia mientras se escuchan los pájaros alrededor de la charla.
Define a la ecovilla como una comunidad regenerativa y resiliente que aspira a vivir en armonía con la naturaleza y entre los vecinos. “Cualquier pausa que hagamos, no solo por una pandemia, nos da tiempo para observar y darte cuenta de muchas cosas”, comentó sobre los cambios que supone sucederán a raíz del COVID-19.
Marcelo considera que el desarrollo no debe ser destructivo, sino regenerativo. Primero restauraron el suelo del lugar que se encuentra en San Mateo de Alajuela, a una hora de San José. Plantaron árboles frutales que generaron un bosque comestible. “Todos recibimos frutas, verduras y hierbas que están en producción”, contó y agregó que, además, producen su propia electricidad con paneles solares. Y las cloacas terminan en un biodigestor gigante donde se trata el agua y también se descompone el material y produce gas metano que usan para cocinar.
Marcelo nació en Quilmes y su mudanza a la Ciudad de Buenos Aires provocó un impacto importante. “Pasé a no conocer a nadie, perdí la vida de barrio y sentí que no era mi lugar”, destacó como uno de los episodios que siente hoy fue influyente en esta mirada que tiene sobre la necesidad de convivir de una forma armoniosa con la naturaleza. También fue importante viajar por el mundo como mochilero, y la crisis del 2001. “Mi abuelo, habiendo trabajado toda su vida, con ahorros y propiedades, no tenía para comer”, recordó.
Entendió entonces que “toda esta ilusión que nos creamos sobre el bienestar puede desaparecer en un segundo”. Por eso, reflexionó que hay que garantizar lo básico: agua, comida, techo y energía. El resto, es extra. Apenas comparte este pensamiento, Marcelo recuerda a su compañera de vida, Sol, que falleció cuando tenía 39 por un cáncer de mama. “Es que, además, es importante saber que no existe receta mágica, ella fue la persona más saludable que conocí, comía sano, hacía ejercicios…”.
“La desconexión que vivimos con el ambiente hace que no tomemos conciencia sobre de dónde viene la comida, el agua, la energía o hacia dónde van nuestros desechos”, comentó y agregó que esa desconexión altera nuestro estado de ánimo, aumenta los niveles de estrés y genera un colapso ambiental. “La pandemia es un mosquito comparado con el elefante que es el calentamiento global”, advirtió.
La educación
La educación es un pilar importante de la ecovilla. Marcelo contó que buscan preservar la creatividad de niños y niñas, y acompañan el descubrimiento sobre qué cosas despiertan su interés. “Aprenden lo que les llama la atención. Trabajan con proyectos sin aulas, sin maestros, sin notas. Hay guías que observan los procesos e intervienen solo cuando es necesario”, contó orgulloso.
Daniel Pardo