2020-11-26

VIDEO DEL HORROR DEL ATAQUE A DIEGO FRUTOS

El celular del vecino agredido en forma salvaje en Mascardi apareció en Piedra del Águila

“Me golpearon por todos lados”, afirmó el presidente de la junta vecinal de Villa Mascardi, Diego Frutos, durante la madrugada, tras salir del hospital zonal Ramón Carrillo, donde había sido ingresado horas antes, a causa del ataque recibido durante el corte de ruta efectuado a la altura de la toma que realizan los miembros de la autodenominada comunidad Lafken Winkul Mapu.

A media mañana, en diálogo con el "Expreso Periodístico", programa que se emite por El Cordillerano radio (93.7), ratificó todo lo expresado al cronista de este medio pero agregó un dato llamativo. Y es que encontraron su celular-el cuál le fue sustraído en el momento de la agresión- en Piedra del Águila, dentro de un auto, aunque no pudo dar mas precisiones.

Ahora bien, hay preguntas que son imposibles de no hacerse ¿Cómo llegó ahí?¿Cómo pudieron cruzar "la frontera" con Neuquén? Son dudas, raro, todo muy raro...

Si bien los estudios que le hicieron revelaron que, en principio, no habría lesiones internas, le tuvieron que dar morfina para calmar el dolor.

El miércoles por la tarde, Frutos pensaba ir a Bariloche para realizar unas compras.

Ante la cola de autos detenidos por la obstrucción del camino, dejó la camioneta a la altura de su cabaña (La Cristalina).

Como tantas otras veces, se acercó a captar imágenes de la interrupción del tránsito.

En un principio, no hubo ningún problema.

Eran varios los que, ante el bloqueo, habían bajado de sus vehículos.

Frutos, justamente, de regreso hacia donde había dejado la camioneta, se puso a conversar con un hombre.

“Estaba volviendo, ya había hecho como cincuenta metros, y se me aparecieron de la nada, desde atrás”, relató.

Se le adelantaron, lo observaron para constatar que se trataba de él, y comenzaron a golpearlo.

“Alguien les avisó que estaba, o me reconocieron… y empezaron con las gomeras, a los golpes…”, recordó.

“Así que comencé a correr para el lado de La Cristalina”, siguió.

Desde un auto le dijeron que entrara a refugiarse, y eso hizo, pero cuando los ocupantes del vehículo vieron llegar a los atacantes enardecidos, se bajaron, así que Frutos quedó a merced de los golpes en el interior del coche.

También sintió que perdía su celular. “Estoy seguro de que se lo llevaron, porque en un momento me palparon todo…”, dijo.

“Pude salir del auto y me tiré contra una zanja, donde hay retamas, y eso me ayudó un poco para amortiguar las patadas, porque me siguieron pegando…”, contó.

“Ahí ya estaba que no daba más”, suspiró.

“Uno sacó un cuchillo, y me lo apoyó fuerte en el estómago, creo que con la intención de clavarlo… por suerte tengo una campera de una tela muy resistente, y llevaba un polar abajo, lo que parece que amortiguó el impulso”, señaló.

Manifestó que varios mostraron armas blancas, pero sólo uno intentó herirlo de esa manera. “Era el más agresivo. No llevaba capucha. Tenía pelo largo, no sé si con rastas, trenzas o colitas…”, expuso.

“Por más que tienen el rostro tapado, yo, en general, de haberlos visto tanto, les conozco las facciones, y ése no era de los que están siempre…”, indicó.

Frutos detalló que, si bien en un principio, la gente, asustada, se quedó en los vehículos y no intervino, cuando aparecieron los cuchillos, varias personas empezaron a gritar que pararan de pegarle, y por eso se detuvieron.

Aunque quedó tirado, y muy golpeado, consideró: “Creo que nunca perdí el conocimiento, aunque sí tenía un fuerte dolor de cabeza, por las patadas que me dieron”.

Tras vivir ese ultraje, Frutos advirtió: “Esto no debe seguir así. Provincia y Nación deben ponerse de acuerdo y actuar de una vez por todas”.

“No pueden seguir dilatando todo con mesas de diálogo inconsistentes que no llegan a nada”, sostuvo.

“Cada vez invitan a participar a más gente, y a los vecinos nos dejan desamparados; ni siquiera nos llamaron para decir qué temas trataron en la reunión que hicieron. Dicen que no pueden comunicarse con cada uno de nosotros, pero hay una junta vecinal, registrada como tal desde hace muchísimos años, e igualmente no nos hacen partícipes de nada”.

Luego, volvió a recordar el ataque que sufrió y suspiró: “No me imaginaba que podían atacarme en ese momento…”.

Christian Masello

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