2020-11-24

DE ZAPALA A LA ANTÁRTIDA

Fernando Zanona, otro guardaparque sureño que hace cuarentena en el Irízar

“Uno trata de imaginarlo, pero supongo que no hay nada como vivirlo”, dice Fernando Zanona, acerca del deseo que, de no mediar ningún inconveniente, pronto se convertirá en realidad: caminar por los hielos antárticos.

Fernando, oriundo de Zapala, es uno de los dos guardaparques que se encuentran en el rompehielos ARA Almirante Irízar (el otro es el residente barilochense Alejandro Rey), en el puerto de Buenos Aires, en cuarentena preventiva, por la pandemia, previo al viaje rumbo a las islas Orcadas del Sur, previsto para zarpar, si las condiciones climáticas lo permiten, el 4 de diciembre.

La de Orcadas fue la primera base antártica argentina, y constituye la presencia humana de carácter estable más antigua de aquel sitio. Fue inaugurada el 1° de abril de 1903 por la expedición escocesa del científico polar, naturalista y oceanógrafo William Speir Bruce.

El 2 de enero de 1904, por decreto del Poder Ejecutivo, Argentina aceptó las instalaciones ofrecidas, por las que se pagaron cinco mil pesos, y el 22 de febrero de aquel año se izó la bandera celeste y blanca por primera vez, por lo cual, en esa fecha, se festeja el Día de la Antártida Argentina. 

En la actualidad, los científicos y técnicos de la Dirección Nacional del Antártico y del Instituto Antártico Argentino (DNA-IAA), junto a los de otras instituciones, realizan trabajos de meteorología de superficie y de altura, geología, glaciología, geofísica, magnetismo, atmósfera y biología.

En 1990, se incorporó la presencia de guardaparques en el equipo de la base, aunque ya hubo una persona que, en el pasado, vinculó a Parques Nacionales con el continente blanco: el perito Moreno alojó, en 1903, a William Bruce, cuando, en Buenos Aires, el europeo buscaba provisiones y la colaboración del gobierno argentino.

Fue cuando Bruce ofreció a Argentina que se hiciera cargo del observatorio creado en aquel rincón del sur, y Moreno fue clave en la concreción del hecho.

El perfil psicológico de aquellos que la Administración de Parques Nacionales (APN) escoge para participar de la travesía se asemeja al requerido para personal que trabaja en submarinos y estaciones espaciales.

Cabe remarcar que Argentina es el único país que envía, para tareas de monitoreo ambiental, guardaparques a la Antártida.

Este año, Fernando Zanona se inscribió por segunda vez. En un intento previo no había sido seleccionado. Con cuarenta y un años, las autoridades consideraron que era el momento adecuado para viajar a Orcadas.

El guardaparque sostiene que el apoyo familiar, para emprender la aventura, es fundamental: “Saber que a la distancia te van a acompañar, lo deja a uno tranquilo”.

En ese sentido, destaca que se debe comprender que “hasta que la campaña no culmine no se puede regresar”. Está previsto que la expedición permanezca allí catorce meses, pero hay variantes que pueden infligir cambios de fechas.

“En una parte del año, la base a la que vamos queda aislada por el pack de hielo, cuando el mar se congela”, asevera.

Igualmente, remarca que el contacto, desde allá, con el resto del mundo ha mejorado: “Antes solo había una comunicación radial limitada, ahora se cuenta con internet y WhatsApp, así que, aunque no funcionen plenamente, resulta mucho mejor”.

Al referirse a los motivos que lo impulsaron a participar del proyecto, Fernando señala: “Hubo compañeros que han ido, y nos transmiten las experiencias que tuvieron: qué significa vivir y trabajar ahí, la biodiversidad… todo eso, para nosotros, es muy interesante”.

De esa forma, resalta la posibilidad “de cumplir funciones en un lugar remoto, con un clima extremo”.

El guardaparque expresa: “Imagino un sitio con una inmensidad importante, con muchas riquezas en varios aspectos: en lo paisajístico, el hábitat natural”.

Mientras habla de su avidez por observar lobos marinos, focas Weddell y pingüinos Adelia y Emperador (“me gustaría verlos, poder censarlos, sacarles una fotografía”), señala: “Creo que estar ahí debe ser algo espectacular”.

Pero, en este momento, todavía está en el rompehielos ARA Almirante Irízar. “Cuando llegamos nos hicieron un hisopado en el barco, y a los catorce días nos harán otro. A veces gana la ansiedad, de querer navegar, pero sabemos que hasta diciembre no lo haremos… Esto es como estar dentro de un departamento, pero sin poder salir a caminar”, expone.

Zanona se define: “Soy guardaparque desde 2004. Quise serlo porque siempre me motivó el encuentro con la naturaleza. Creo que a los doce años ya lo tenía en mente”.

Así llegó a este instante, donde, a punto de partir rumbo a las islas Orcadas del Sur, adelanta las acciones que desarrollará en aquel lugar: “Habrá que colaborar y trabajar en proyectos de monitoreo ambiental. Las ramas de labor son diversas. Por ejemplo, descubrir, por el poder de observación, algo que afecte al ambiente. Muchas de las actividades tienen una continuidad de proyectos a lo largo de años”.

De esa manera, apunta: “Mis expectativas son poder disfrutar al máximo, aprovechar la oportunidad de estar en un lugar al que no muchos logran ir. Quiero traer cosas en mi memoria, en mi corazón, disfrutar de lo que seguramente podré ver solo una vez en la vida; volver con todo lo que pueda en mi retina, y también en archivos fotográficos y de video, para después contarle a mi familia y a quien me pregunte acerca de lo que viví allá”.

Christian Masello

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