AMANTES DE LOS “FIERROS” QUIEREN UN LUGAR PARA JUNTARSE
Ni rápidos ni furiosos, pero ruidosos
Una caravana vehicular, formada por un centenar de autos y una treintena de motos, partió desde la Escuela de Arte La Llave en dirección al Centro Cívico, durante el atardecer del lunes, en reclamo de un lugar donde reunirse con sus “naves” y poner música fuerte sin molestar a los vecinos…
Son coches con diversas modificaciones, especialmente en los equipos de audio, y sus propietarios suelen encontrarse en la plaza de la Catedral, donde estacionan y bajan a charlar, pero con un fondo sonoro que hace temblar los vidrios de las viviendas cercanas, lo cual, casi siempre, termina con la llegada de la policía, más alguna que otra multa.
Los que comparten esta pasión cuentan, en su mayor parte, con menos de veinte años. Agustín Carrasco, por ejemplo, tiene diecisiete y se le ocurrió que, juntando firmas, tal vez conseguiría que el Municipio dispusiera un espacio, aunque sea alguna vez por semana y en el horario que se determine, para poder realizar los encuentros “fierreros”.
El viernes organizó una marcha bautismal, desde la terminal de colectivos, justamente un sitio con un playón que considera propicio para llevar a cabo las reuniones.
Ese día asistieron quince vehículos, pero, esta vez, la movida en las redes fue mayor, lo que se tradujo en una participación enorme.
Hubo todo tipo de autos. La mayoría, desde lo externo, no destacaba por lo vistoso (con excepciones, como un Fiat 600 de 1977, en notable estado), pero el secreto estaba en el interior: equipos de audio con graves potentísimos, de valores que rondan los cien mil pesos, o suspensiones neumáticas que superan esa cifra.
Carrasco explicó: “No queremos que nos hagan un autódromo, sé que eso no lo vamos a lograr y sería pelear en vano”.
Antes, los encuentros se llevaban a cabo en el Centro Cívico, pero era mucha la gente y poco el espacio. Entre los autos estacionados y las personas que bajaban se producía una molestia para aquellos que paseaban por el lugar.
La mayoría optó por pasar a la Catedral, pero ahí conforman una contrariedad para los vecinos, ya que la música estridente, más algunos desubicados que se la pasan haciendo ruido con las aceleradas y los caños de escape, lo único que consiguen es que quienes habitan en la zona llamen a la policía.
La presencia de la autoridad propicia que el sitio se despeje, pero, al otro día, la cuestión se repite, y así jornada tras jornada.
Incluso se efectúan multas, de valores importantes, y también se secuestran automóviles, pero eso no se traduce en un cese de las “juntadas”, que se ven a diario, con más o menos participantes (“De viernes a domingos, explota”, señaló Carrasco).
Si bien la mayoría va para charlar y tomar algo, además de ver las modificaciones nuevas de los autos, y luego junta los residuos, unos pocos dejan todo tirado, ponen la música a todo lo que da, e incluso suelen terminar borrachos…
“Dos o tres hacen macanas, pero pagamos todos…”, refunfuñó Carrasco.
El muchacho dijo que él no pone música y fue sincero sobre el porqué: “No estoy bien económicamente y no puedo pagar una multa de cuarenta mil pesos, como las que les pusieron a otros…”.
Reconoció que están los que “queman cubiertas” en aceleradas y cometen otros excesos, pero apuntó que quienes se reunieron para pedir por un espacio, justamente, buscan desmarcarse de aquellos.
También hay rencillas entre seguidores de diferentes marcas.
En ese sentido, apuntó: “Ya avisamos que, si conseguimos un lugar, tienen que dejar esos líos de lado”.
Así, cabe resaltar que en la caravana había de todo. Por ejemplo, los amantes de Ford, con cuarenta y cuatro autos, entre Taunus, Falcon y F-100. Leandro Pérez contó: “Nosotros tenemos un club, y salimos en familia a dar una vuelta, pasear, tomar mate, y no contamos con un sitio donde juntarnos. Si bien nos reunimos solo una vez al mes, la idea es estar en un espacio donde los chicos puedan jugar y correr tranquilos… Esto va más allá de las marcas, nos gustan los autos y queremos que nuestros hijos puedan disfrutar”.
Agustín Ceballos, en tanto, del club vehicular Unión Bellezas Bajas Bariloche, expuso: “Queremos un lugar apartado de todo, donde no molestemos a ningún vecino. Ya hemos tenido muchos problemas, por la música y el ruido de los caños de escape. Se trata de compartir un momento, estar en familia y mostrar los autos, nada más”.
Christian Masello / Fotos: Fabio Hernández