INFORME DE SITUACIÓN
Villa Mascardi, una novela donde los géneros se mezclan y el fin nunca llega
La situación en Villa Mascardi parece una novela de nunca acabar. Por un lado, hace unos días se emprendió una mesa de diálogo por la cuestión mapuche en Río Negro, donde apareció, por pedido del presidente Alberto Fernández, una nueva actora: la ministra de Justicia y Derechos Humanos, Marcela Losardo, que acudió a Viedma junto a diversos convocados, como la titular de Seguridad, Sabina Frederic, y el secretario de Articulación Federal del área, Gabriel Fuks, quienes hasta hace poco estaban a la cabeza del tema.
Hubo miembros del Consejo de Desarrollo de Comunidades Indígenas (CoDeCI) y de la Coordinadora del Parlamento Mapuche; estuvo, también, el obispo de Viedma, Esteban Laxague, además de representantes de otros sectores.
Quien no concurrió fue la presidenta del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), María Magdalena Odarda, contra la que había dirigido sus dardos Arabela Carreras.
Cabe recordar que la gobernadora rionegrina no ha sido la única que apuntó contra aquella funcionaria.
En realidad, son muchos los que lo hicieron, y desde diversos lados.
Baste citar, a modo de ejemplo, a la senadora Silvina García Larraburu, quien hace poco más de un mes fue contundente cuando se le pidió su opinión: “Lamentablemente, se acomodó detrás de un escritorio y es más lo que resta que lo que suma”.
“No contribuye a la resolución equitativa de la problemática, a raíz de su amateurismo e improvisación”, había remarcado.
Que el vicepresidente del INAI, Luis Pilquiman, suela ser mencionado como cercano a la comunidad Lafken Winkul Mapu tampoco colabora al modo en que muchos ven al organismo.
Así que la ausencia de Odarda pareció un signo de buena voluntad del Gobierno nacional hacia la gobernadora.
Pero, claro, tampoco debe olvidarse que el presidente colocó al frente del tema Mascardi a la ministra de Justicia y Derechos Humanos, y el INAI está dentro de esa área.
Por otro lado, las idas y vueltas que hubo en torno al terreno que el Obispado de San Isidro posee en la zona del conflicto, actualmente usurpado, solo echaron más confusión al tema.
Mientras los vecinos festejaban que se hubiera ordenado el desalojo de ese predio, desde la misma diócesis se intentó demorar la cuestión.
Así, en un comunicado firmado por el vicario general, Mariano Caracciolo, se expuso: “Pedimos a las autoridades pertinentes postergar la restitución dispuesta por el juez hasta tanto se hallen dadas las condiciones y los protocolos que garanticen dicha medida sin el empleo de violencia”.
Por su lado, Alejo Dasso, administrador de las cabañas Hueche Ruca, ubicadas en ese terreno, dijo que aquel comunicado no iba en contra de la medida judicial: “No tiene que ver con dar un paso hacia atrás, sino con que el papa Francisco siempre fue un generador de diálogo y la Iglesia Católica, en la Argentina, no puede actuar de manera distinta e ir contra la enseñanza que brinda el santo pontífice, pero eso no quiere decir que se haya suspendido el desalojo, bajo ningún punto de vista”.
“La fiscalía, cuando un juez pide el desalojo, tiene que organizarlo, y ya no depende de los querellantes; se tiene que cumplir la orden”, agregó.
Pero, más allá de los dichos de Dasso, lo cierto es que el accionar del Obispado pareciera ir contra su opinión, ya que, tras agradecerle “las tareas profesionales prestadas”, le comunicaron al abogado Ernesto Saavedra, quien llevaba el caso y había conseguido que se dispusiera el desalojo, que se decidió “sustituir la representación letrada”. En pocas palabras, lo dejaron afuera.
Ante eso, se desató la bronca de los vecinos, que en la orden de desalojo de aquel lugar veían el hallazgo de la punta del hilo a desovillar.
Así, viralizaron un texto que expresaba: “Esto solo consigue, una vez más, desenmascarar de qué lado está la institución eclesiástica, que justamente no es del de los justos y honestos, y de esta manera da un malísimo ejemplo hacia la sociedad en general y ante sus fieles en particular”.
Además, se leía: “Toda esta gestión, que baja seguramente desde el Vaticano, lo único que va a conseguir es el descreimiento y el alejamiento de muchísimos fieles”.
“Dios y la Virgen perdonen a sus representantes en la Tierra y tengan piedad de ellos”, concluía.
Ante el accionar del Obispado de San Isidro, ahora, varios vecinos (que, cabe remarcar, no fueron invitados a participar del encuentro en Viedma) han decidido presionar a la gobernadora para que se acelere el cumplimiento de la orden judicial.
Así, o más a o menos así, están las cosas en torno a Villa Mascardi, una novela donde los géneros se mezclan y el fin nunca llega.
Christian Masello