2020-10-23

Vecinos con lotes sin construcción temen por la cercanía de las ocupaciones

“No estoy en contra de nadie; ojalá que tengan su lugar, pero no va a ser el mío”, sostuvo Gonzalo Río, un docente que vive en Dina Huapi, junto a su mujer e hija, pero que desde hace nueve años lucha por construir su casa en un sitio que adquirió a través de un proyecto cooperativo, en Esandi entre Circunvalación y Las Victorias, muy cerca de la toma que se realiza en el predio destinado a levantar la nueva terminal de ómnibus de la ciudad.

El sector en cuestión tiene ciento once lotes, y mucha gente trabajó a destajo para afianzar la idea de un futuro allí.

“No es que sólo el terreno es nuestro, me atrevería a decir que el barrio entero es de los vecinos, porque lo hicimos nosotros, íntegro. Pagamos todo, como dice la ley, y en los términos previstos”, señaló Gonzalo.

El proyecto surgió a partir de organizaciones cooperativas que compraron la tierra al municipio.

Los interesados en levantar allí sus viviendas abonaron todo: mensuras, amojonamientos, obras de luz y alumbrado público (con los postes y luminarias), agua, apertura de calles…

Unos pocos ya viven en el lugar. Otros están construyendo.

Se han producido situaciones que hacen temer por intentos de usurpación.

Una vecina, por ejemplo, un par de meses, se topó con gente que, en un vehículo, ojeaba la zona en modo sospechoso. Cuando fue a hablarles, le dijeron claramente que estaban viendo para ir a tomar. La mujer les informó que se trataba de propiedad privada, pero no le creyeron. Pronto, los propietarios decidieron alambrar todo y colocar carteles donde quedara claro que esos lotes tenían dueño.

En el predio hubo incendios intencionales, y, en meses posteriores, saquearon toda la madera que había. No quedó un árbol en pie.

Gonzalo sumó un dato: el fuego responde a que “los lugares quemados pierden su valor inmobiliario, y luego son más fáciles de tomar”.

“No tuvimos actos donde la sensación de poder perder el terreno fuera tan fuerte como lo que sucede ahora”, manifestó el docente, que este año llevó adelante toda la actividad necesaria como para iniciar el 2021 con la edificación de su hogar.

Para lograrlo, aparte de su trabajo y el de su mujer, como docentes, la pareja, desde hace años, lleva adelante un emprendimiento de animación los fines de semana. Por eso, Río afirmó: “Durante mucho tiempo, trabajé de lunes a lunes”.

No sólo preocupa el lote de cada vecino, sino la totalidad del barrio, que incluye espacios pensados para colocar una sala de atención médica, escuela, un centro cultural y demás.

“Si vas a agarrar un lugar, que no sea de nadie. La mitad de la Patagonia está vacía, no vengas a meterte en mi terreno, que hace diez años estoy deslomándome para conseguirlo”, apuntó Gonzalo.

“Entiendo perfectamente la situación de esa gente, y, si yo estuviera en un contexto similar, con mi familia debajo de un puente, también tomaría un lugar. No estoy en contra de ellos, estoy a favor de las personas que se rompen el lomo desde hace años para tener una casa propia y dejar de pagar un alquiler”, añadió.

“Cuando se metieron en El Foyel, los sacaron enseguida. Acá queremos lo mismo. Después que vean si esa gente labura, y si lo hace, y sostiene una familia, que la ayuden y se busque un lugar para que pueda tener su casa”, expresó.

“Pero si ellos tienen derechos, también debemos tenerlos nosotros, que, fruto del esfuerzo de la familia, logramos conseguir un pedacito de tierra y queremos disfrutarlo”, consideró.

Y, para dejar en claro el grado de preocupación que lo envuelve por estas horas, Gonzalo contó: “Desde hace diez días estoy encerrado en mi casa con la familia, porque tuve proximidad con el COVID. Aunque no poseo síntomas, decidí permanecer acá; pero, ahora, estoy pensando en que, si siguen los problemas, y no tenemos seguridad, voy a agarrar el auto e irme para allá. Ni loco pierdo el esfuerzo de diez años”.

Christian Masello

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