2020-10-21

DA LA SOLUCIÓN PARA LA FALTA DE VIVIENDAS

Javier Giménez: “Hay que pedir un crédito internacional”

El titular del Instituto Municipal de Tierra y Vivienda para el Hábitat Social, Javier Giménez, se define como “un autodidacta en desarrollo estratégico territorial”.

“Hasta yo me puse el título”, bromea.

Todavía no hace dos meses que asumió el cargo. Se topó con una ciudad donde las tomas de terrenos se reproducen, y la necesidad se ve oscurecida por inescrupulosos que juegan con los más humildes.

Giménez fue legislador provincial, y dos veces intendente de Ramos Mexía, además de presidente del Ente de Desarrollo de la Región Sur.

Justamente, desde la localidad en la que ejerció la Intendencia, llegan ecos de denuncias, sobre las que expresa: “Es una persecución política; empezaron a hacer toda la movida cuando me ofrecieron ser presidente del Instituto”.

“Mi esencia es justicialista, pero no del partido, sino del Movimiento Nacional Justicialista”, se define, y aclara: “El partido es una herramienta; el movimiento, un sentir”.

Llegó a Bariloche hace dos años, porque a su esposa, que trabaja en el Ministerio de Salud, la trasladaron a la ciudad.

Se muestra como un amante de la historia política, no solo argentina, sino también mundial, con todos sus avatares, y enfrenta de buen ánimo un largo diálogo con El Cordillerano:

El Cordillerano: – Hace más de un mes y medio que asumió el cargo, ¿con qué se encontró?

Javier Giménez: – Con un instituto que fue creado para planificar el uso de la tierra, pero sin tierra, porque todas ya fueron dadas. La demanda de la sociedad es mayor a la capacidad de oferta que tenía la entidad. No hay otro camino que charlar con el privado y lograr comprar espacios de territorio que sean útiles al hábitat social.

E.C.: – ¿No hay disponibilidad de territorio municipal?

J.G.: – No. En la mayoría de Bariloche, los dueños son privados. Todo el espacio que era del Estado ya está cubierto. Hay lugares que, por planeamiento urbano, en una ciudad internacional como esta, están destinados para industria y comercio, es decir para el desarrollo económico. Yo hablo de la falta de disponibilidad de sitios para el hábitat social, para personas de escasos recursos; porque el negocio inmobiliario funciona perfectamente. Se está en camino de lograr acuerdos con sectores privados, para urbanizar ciertos lugares de la ciudad, donde esté la posibilidad de hacerlo, porque la localidad es muy especial en lo que hace a ese punto. El único camino que tiene Bariloche para urbanizar, desde mi mirada, es la estepa.

E.C.: – Sería hacia el Este…

J.G.: – Sí, pero ahí también la mayoría de las tierras son privadas.

E.C.: – Entonces, ¿cuál es la intención? ¿Adquirir terrenos que económicamente sean viables?

J.G.: – Comprar tierras, o acordar con algunos privados algunas cuestiones, como para obtener terrenos con valores de hábitat social, no inmobiliarios, por eso es tan difícil conseguir que haya quien quiera venderle al Estado a precios razonables, para después poder realizar programas de vivienda. El hábitat social tiene que estar orientado a la venta de casas, a pagar en el tiempo.

E.C.: – Se trataría de entregar viviendas, no terrenos, mediante planes de pago a largo plazo…

J.G.: – Sí, que lo vayan amortizando, con la actualización que corresponda de acuerdo a las circunstancias.

E.C.: – Mucha de la gente que va a una toma aclara: “Yo quiero pagar de alguna manera”. Como también hay otros que lotean y venden los terrenos…

J.G.: – Veo bastante hipocresía de todos los lados. El Instituto se tiene que dedicar al hábitat social de aquellos que no tienen los recursos suficientes para comprar una vivienda en una inmobiliaria. El Estado lo creó porque había mucha gente que no podía acceder, incluso teniendo trabajo, a un terreno privado; para que, de esa manera, a valor lote social, que tiene como un mil por ciento de diferencia con el de uno privado, llegara a una vivienda digna. Pero, en la actualidad, debido a la finitud de la tierra, y el crecimiento de la demanda, con la capacidad de oferta limitada, no sería una vivienda en un lote…

E.C.: – ¿Habría que hacer pequeños edificios?

J.G.: – En los sectores sociales considerados vulnerables, incluso por una cuestión sociológica de convivencia, hay que ir rumbo a departamentos, edificaciones de tres a cinco pisos, no más que eso. Así, en poco territorio, se pueden resolver más problemas habitacionales. Eso, el que tiene la necesidad no lo va a poder hacer; lo tiene que llevar adelante el Estado. Por eso digo que hay una cuestión muy hipócrita en la discusión en lo que hace a este aspecto. Recorrés Bariloche, ves las tomas, y si bien mejoran sus casitas, siguen en la precariedad, porque es muy difícil, con los valores que tiene el sistema de construcción, hacer una casa. Si el Estado no construye la vivienda, con el terreno solo le da a la gente un salvavidas de plomo.

E.C.: – Como le decía antes, también están aquellos que van, lotean, y luego venden, e incluso ofertan terrenos por Facebook. En Bariloche, ¿hay de todo?

J.G.: – Sí, y desde sus inicios. No solo en Bariloche. Hay cosas que están pasando que, si no se entienden, es muy difícil encontrar solución. Claro que existe eso. Lo toman como un medio de vida, como un negocio; para ellos, es un trabajo. Es un tema que hay que trabajar con mucha responsabilidad. Si queremos resolver el problema en la ciudad, todos deberemos sacarnos el antifaz.

E.C.: – Ya que habla de sacarse el antifaz, se suelen citar nombres de dirigentes políticos que supuestamente mandarían gente a tomar tierras.

J.G.: – Eso existió toda la vida, sobre todo en las grandes ciudades. Tiene mucho trasfondo. Es como aquel que dice: “Yo no creo en las brujas, pero que existen, existen”. A veces, estas cuestiones son por política; en ocasiones, por negocios; y, también, por lucha de intereses, no necesariamente relacionados con lo político.

E.C.: –  Cuando se habla de política, ¿cuál es el beneficio? ¿Dañar al que está en el gobierno? ¿O quedar bien con la gente a la que se manda a un lugar?

J.G.: – Hay dos componentes, porque ahí matás a dos pájaros de un tiro: quedás bien con alguien, y destruís a otro. El problema es que, cuando trabajás en un modelo como ese, en algún momento, te tenés que hacer cargo de tu propia destrucción, y así nunca se va a avanzar nada. El mayor problema es la contaminación de pensamiento. Hay cosas que se resuelven, pero la del pensamiento no, o cuesta mucho, porque hay una generación completa que tiraste al río.

E.C.: – Pero, para ser concretos, el otro día, por ejemplo, en el intento de toma de Altos del Este, los vecinos que se oponían al asentamiento nombraban directamente a la concejal Julieta Wallace… Fue algo que escucharon todos lo que estaban ahí. ¿No se puede hablar con ella directamente? ¿Preguntarle?

J.G.: – Yo no tengo drama, puedo ir y consultarle: “¿Es verdad que eso lo hiciste vos?”. Puede que diga que sí, puede que no. Ahora, también, en este mundo en el que vivimos, de pérdida de valores, el que lo dijo, ¿lo hizo con certeza?, ¿o solo trató de ensuciar a alguien? Vivimos en un presente donde la desconfianza traza la relación humana. Pareciera ser que, en el acto egoísta de salvarse uno mismo, no importara mandar al frente a cualquiera… También nombraron a José Rodríguez (de la agrupación Miles), pero: ¿era cierto?

E.C.: – Bueno, en ese caso, se citó también a Luis D’Elia, alguien que, cuando fue funcionario nacional, estuvo en asentamientos…

J.G.: – Hizo tomas.

E.C.: – Entonces no es descabellado pensar que esté atrás de algo de lo que sucede.

J.G.: – Nada es descabellado, pero mañana también pueden decir: “El presidente del Instituto mandó a tomar tierras”… ¿Y es verdad? A veces le echamos la culpa al periodismo por la descomunicación, pero no, usar la comunicación en beneficio de uno, sin importar el daño que pueda causar en el otro, es un problema de la sociedad. Y, en río revuelto, no sabés quién es quién. Entonces, todo tiene que ser demostrable.

E.C.: – Antes, la mayor parte de las tomas se producían sobre terrenos municipales, pero ahora comenzaron a verse varios casos de tierras privadas involucradas…

J.G.: – Es que, justamente, esto muestra a las claras que no hay tierras fiscales municipales. No es que el Instituto no quiera darlas. O se llega a un acuerdo con los privados, para crear desarrollo para hábitat social, y, desde mi punto de vista, de vivienda, o estamos con un problema grave. Bariloche es una ciudad que creció a pasos agigantados, y supera cualquier planificación, porque la sociedad se desarrolló fuera de ella, porque el Estado no llegó o las personas desconocieron el estado de derecho y se asentaron donde les dio la gana. Escuchaba el otro día a los chicos, en una toma, que decían: “Acá, la única manera de tener un lote es tomando”.

E.C.: – Es que la idea que queda, en gran parte de la gente, es esa.

J.G.: – El Estado ha tenido el problema de no ir al ritmo de la demanda de la sociedad. Es un Estado que, en su planificación, primero entregaba viviendas; después, mejoramientos; luego, lotes con servicios… ahora están las tomas. Pero también está la otra parte de la sociedad, porque la culpa no es de una sola. El dicho es claro: “La culpa no la tiene el chancho, sino el que le da de comer”; el tema es quién es el chancho en estos tiempos, porque, a veces, incluso se prestan los lugares: en ciertas ocasiones soy chancho y en otros momentos soy el que le da de comer. ¿Cómo es la historia? Todos somos culpables de la situación: algunos, más responsables; y otros, menos. Tenemos que recuperar la esencia del Instituto, de la vivienda digna. Sería muy fácil para mí decir que entre los que toman hay delincuentes, ¿pero los que necesitan?, ¿pagan justos por pecadores? Hay que resolver el problema, hacer las viviendas dignas. ¿Lleva mucha plata? Sí, a mí me parece que hay que pedir un crédito internacional, porque los recursos del municipio, más en esta época de pandemia, están orientados a contener a la sociedad.

E.C.: – ¿Lo habló con Gustavo Gennuso?

J.G.: – Sí.

E.C.: – ¿Él está de acuerdo?

J.G.: – Bueno, esa es una cuestión que tiene que ir al Concejo, por los marcos normativos. Cuando uno dice tomar un crédito, todos tienen temor, por supuesto, porque se habla de endeudamiento. Con el intendente hablamos bastante del tema, porque tenemos una visión parecida de las cuestiones sociales. Ante las condiciones de vida que tiene mucha gente, si hay que endeudarse en función de tener un crédito para pagarlo en cuarenta años, yo ni lo dudo, porque hablamos de personas.

E.C.: – Y el intendente…

J.G.: – Estamos en la misma línea. Hay que ver si después el Concejo apoya la postura en la que trabajamos para poder presentar antes de fin de año. Nuestra idea, primero, es realizar el debate interno, en el directorio del Instituto, y, luego, hacer un proyecto de gran envergadura, para resolver un problema de fondo que ya no resiste más parches.

Christian Masello

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