2020-09-22

AL CUMPLIRSE 47 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO

"Neruda se murió de pena": La cantante Charo Cofré y su recuerdo del poeta

Pablo Neruda falleció el 23 de septiembre de 1973, en la clínica Santa María, de Santiago de Chile. Cuatro días antes había llegado desde Isla Negra. La versión oficial indicó que la muerte fue originada por derivaciones de un cáncer de próstata.

Luego hubo especulaciones que aún continúan, acerca de un posible envenenamiento por parte de la dictadura pinochetista, que ese mismo mes se había instaurado en el país trasandino. Incluso, para tratar de investigar los motivos que llevaron a su deceso, en 2013 exhumaron una vez más el cuerpo (lo habían hecho en ocasiones anteriores, pero por otras razones). Más allá de las idas y vueltas, no se arribó a ninguna certeza.
Ahora, sus restos descansan en Isla Negra, junto a los de Matilde Urrutia, su última compañera.

El sitio, que en realidad no es una isla, se llamaba Las Gaviotas.
Pero el poeta, al ver el roquedal bañado por el mar, lo rebautizó. Allí levantó su casa más famosa (hoy transformada en museo), esa “isla” en la que se recluía a escribir.

Caminar por ese paraje puede brindar sorpresas…

Hace unos años, por ejemplo, deambular por la zona deparó en un encuentro con la cantante chilena Charo Cofré, que acompañó a Neruda durante la última noche que el escritor pasó allí.
Su marido, Hugo Arévalo, cineasta y músico, rodó varios documentales sobre el poeta.
Justamente, en aquel momento, le habían solicitado que hiciera un trabajo para transmitir por televisión. Cada quince días, la pareja iba a encontrarse con el Premio Nobel.

Charo recordó: “La semana del golpe, estábamos en Santiago. Se rumoreaba que Neruda había muerto, entonces, el 18 de septiembre, cuando se celebra nuestra fecha patria, decidimos venir. Nos pidió que nos quedáramos, porque efectivamente sentía que el final se acercaba. Pasamos esa noche con él, y el 19 a la mañana lo acompañamos a la clínica de Santiago. No volvió más que muerto”.

La amistad entre ellos había nacido tres años antes, también a partir de la labor de Hugo. Tenía que rodar veinte documentales, de quince minutos cada uno, con la poesía nerudiana. “El proyecto se llamaba Historia y geografía de Pablo Neruda. Viajamos por todo Chile, con el poeta y Matilde, junto a una pequeña troupe de televisión, en un Kleinbus muy precario. Teníamos que estar juntos durante muchas horas, y se creó una amistad. Yo tenía unos veinte años, y a Neruda le encantaba andar con ‘la pequeña’, como me decía. Éramos sus amigos más jóvenes. Nuestra vida está marcada por su compañía”, dijo la mujer.

En 1972, Charo y Hugo estuvieron tres meses en Francia, invitados por Neruda, que era embajador.

Cofré contó: “Nos tocó pasar en París la celebración de la Independencia chilena. Neruda, que había obtenido el Premio Nobel el año anterior, dijo: ‘Hagamos una fiesta loca. Voy a invitar a todos los embajadores a la recepción oficial, y a la noche haremos un encuentro privado con algunos amigos’. Y así hizo. Durante la recepción, la embajada estuvo llena de banderas, Pablo vestía de huaso, había empanadas y vino… Asistieron representantes de la más alta ralea francesa y de varias partes del mundo. Para ellos, era la ocasión de estar con el poeta Premio Nobel, ¡y el Premio Nobel estaba más rayado que una cabra! Nosotros cantábamos y él bailaba cuecas con Matilde… Era increíble”.

Luego, por la noche, ocurrió aquel encuentro más íntimo anunciado por Neruda. “No había sillas suficientes, entonces me senté en un puf de cuero en el que la mitad del asiento era ocupada por un hombre con las manos muy grandes… Cuando esta persona se fue, me enteré de que había estado sentada con Julio Cortázar”, evocó la cantante.

En cuanto a la noche del 18 de septiembre de 1973, con lágrimas en los ojos, Charo rememoró: “Nos dábamos cuenta de que iba a fallecer, y además ya estaba muerto de pena. Él, naturalmente, sabía más que nosotros de muchas cosas, y, con el golpe de Estado, revivía experiencias… Le preguntamos: ‘Don Pablo, ¿qué va a pasar, qué vamos a hacer?’. Y respondió: ‘Lo primero es sobrevivir. Si no, nada… Van a venir días dolorosos’. Y describió un poco todo lo que finalmente sucedería. Esa visión lo destruía. Habían matado a su amigo Salvador Allende, y él se sentía muy mal. Decía: ‘Yo puedo ser tan útil, pero miren cómo estoy… Si no me puedo mover’. Para nosotros, Neruda se murió de pena”.

 

Christian Masello / Fotos: Noelia López

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