REFLEXIONES EN EL MARCO DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA DEMOCRACIA
Chiqui Morguensen: "No nos olvidemos de que en Argentina hubo seis golpes de Estado"
Enrique Carlos Mogensen, “Chiqui”, un emblema del radicalismo local que fue uno de los protagonistas del regreso de la democracia en 1983, afirma: “Es muy importante que la gente, sobre todo la juventud, conozca lo que ha pasado. Es la única manera de construir una sociedad nueva, una buena república que sea igualitaria y fraterna. La libertad y la justicia son los pilares”.
En ese sentido, señala: “Quienes vivimos todo aquello debemos contarlo. Es nuestro deber”. Y así lo hace…
El Cordillerano: – ¿A qué lo lleva la palabra democracia?
Enrique Carlos Mogensen: – Uno piensa en lo que le ha sucedido al pueblo argentino… No nos olvidemos de que hubo veintitrés años de dictadura militar, divididos en seis golpes de Estado, en los cuales al individuo se le quitaba todo tipo de derecho… hubo cualquier clase de vejámenes y desaparecidos. Entonces, la democracia es un sistema que nos conduce hacia la construcción de una auténtica república, donde se apunta a una sociedad mejor.
E.C.: – En lo personal, ¿cómo vivió el regreso democrático de 1983?
E.C.M: – Fue una de las cosas más importantes que sucedieron en mi vida. Yo venía de estudiar una carrera universitaria en la ciudad de Córdoba, que fue uno de los centros más politizados que hubo en el país, junto con Rosario y La Plata. A partir del último golpe de Estado, con tantos desaparecidos, luchar por la democracia era un desafío, jugar entre la vida y la muerte… Así que volver al sistema democrático en 1983, con un gran presidente, como lo fue Raúl Alfonsín, significó el inicio de una etapa que esperaban todos los argentinos, para empezar una nueva historia y dejar atrás esa noche triste, la más oscura que tuvo la sociedad en su historia.
E.C.: – Usted, en ese momento, integró el Concejo Deliberante…
E.C.M: – Exacto, en aquel entonces teníamos una ley orgánica provincial por la cual se elegían once concejales, no estaba la figura del intendente, y entre esos ediles dos pasaban a cumplir funciones ejecutivas y legislativas, y fuimos Atilio Feudal y yo. Tengo el orgullo de haber sido el presidente del Comité de la UCR, y, en 1983, se hizo la campaña más importante para el radicalismo. En Bariloche, ganamos por el ochenta y dos por ciento de los votos. Pusimos ocho concejales, y, por pocos votos, no entró el noveno... Fue una elección extraordinaria, y un compromiso muy grande con la democracia. Veníamos solo de decretos y reglamentos militares, así que fue un desafío.
E.C.: – Antes había sido preso político, ¿verdad?
E.C.M: – Sí, en 1976, en Córdoba, durante la dictadura militar. Estar en política era tirar la moneda al aire y jugar entre la vida y la muerte. Como presos, pasamos cosas que ojalá no le sucedan nunca más a nadie. En Bariloche no había el nivel de política que existía en Córdoba, así que, por ahí, la gente no se enteraba de ciertas cosas. Igualmente, más allá de Juancito Herman, que es el caso más conocido, en la ciudad hubo otros desaparecidos. Además, aunque poca gente lo sabe, el Plan Cóndor tenía su derivación en Río Negro, bajo el nombre de Plan Martillo. El gobernador militar ordenaba a los intendentes a enviarle, cada sesenta días, un listado de dirigentes políticos y gremiales para “desaparecer”, con la intención de que siguiera el mal llamado Proceso de Reorganización Nacional. Cuando llegamos al gobierno, encontramos una carpeta que olvidaron en la caja fuerte del departamento de Legales, y ahí había una lista en la que, entre otros, estaba Osvaldo Álvarez Guerrero, que fue elegido gobernador de la provincia en 1983, y también yo…
E.C.: – ¿Cómo fue estar preso en Córdoba?
E.C.M: – Estuve en dos ocasiones, en realidad. Pero no se trata del tiempo, sino de lo que se podía pasar solo en un día… Es inimaginable… Ver compañeros morir delante nuestro… Uno está viviendo gratis. Por eso vine y me jugué por la democracia. Siempre decía que ojalá la vida me diera una hija o hijo que pudiera vivir en otro tipo de sistema, donde hubiera respeto. Gracias a Dios, tengo una hija que nació en 1984, ya en democracia.
E.C.: – ¿Cuándo regresó a Bariloche?
E.C.M: – En 1979. Inmediatamente empecé a trabajar en política con el doctor Álvarez Guerrero… En 1981, con dos correligionarios, formamos el Comité, cuando toda acción política estaba prohibida.
E.C.: – ¿Cómo recuerda a Alfonsín?
E.C.M: – Tuve el honor, y la suerte, de estar con él en varias oportunidades. Lo había conocido en 1973, en una interna con Ricardo Balbín. Después, en los ochenta, la aproximación fue mayor. En 1981, vino a visitarnos a Bariloche. Luego, en 1983, quince días antes de las elecciones, llegó y llevamos a cabo un acto al aire libre en la calle Moreno; sobre una población de setenta mil habitantes, las fueras policiales calculaban que había más de quince mil personas… fue impresionante. Alfonsín era un político de raza, con convicciones más que importantes en cuanto a lo que había que hacer y de qué manera llevarlo adelante; un gran demócrata.
Por Christian Masello