UNA CRÓNICA POLICIAL
Marcha y acampe en el Centro Cívico en reclamo de mejoras para policías rionegrinos
Tambores, envases vacíos de gaseosas y hasta un balde de juguete, a pleno golpeteo, marcaron el ritmo de una jornada en la que familiares y allegados de policías, como también personal retirado, e incluso trabajadores del sector en actividad, reclamaron aumento de sueldos, y también mejoras laborales, en el marco de una manifestación provincial.
La marcha se había anunciado el miércoles, en forma previa a la notificación del gobierno provincial, ese mismo día, acerca de mejoras salariales. Por eso, ante ese aviso, se dudaba sobre la realización o no de la manifestación. Además, a las 11, la hora prevista para la convocatoria, en Moreno y Onelli, no había nadie. Sin embargo, a los pocos minutos, la gente comenzó a reunirse.
Fue un comienzo tibio, y no por el clima, que en ningún momento mereció tal calificación, ya que siempre estuvo frío. La referencia alude a las pocas personas que se veían.
Cualquiera, al pasar en ese momento, hubiera calificado la protesta como un fracaso. Claro que, si se observaba el panorama apenas un cuarto de hora después, la cosa cambiaba.
Familiares de efectivos, policías retirados, e incluso varios en actividad que preferían pasar desapercibidos, por temor a represalias institucionales, se reunieron en aquella esquina hasta alcanzar un número importante.
Tomar las calles
Cuando ya la gente acumulada era mucha, los manifestantes comenzaron el trayecto por la calle Moreno, en dirección al Centro Cívico.
Se apreciaba una gran cantidad de niños, que acompañaban a sus padres, en lo que era una postal visual que respaldaba lo que se anunciaba: que estaba reunida la familia policial en todo el sentido del término.
En el camino, un policía en actividad, de quien no se cita el nombre porque, en estos casos, siempre aparece la sombra de futuras sanciones para los que protestan por la situación que atraviesa la fuerza, explicó la realidad que observa desde dentro: “Cobramos muy poco. Hace seis años que cumplo tareas. Cobro treinta y cinco mil pesos. Con el aumento que anunciaron, pasaría a cuarenta mil. Tengo dos hijas. Si bien cuento con la suerte de no pagar alquiler, me cuesta llegar a fin de mes… Para los compañeros que alquilan, es mucho peor. Y Bariloche no es un lugar fácil para tener acceso a una vivienda”.
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“Con setenta mil, sesenta mil… se podría vivir en forma más digna”, apuntó el efectivo, que tiene treinta y cuatro años, e ingresó al servicio por necesidad laboral. Si bien proviene de una familia de policías, no había pensado en serlo también él, pero, cuando tuvo a su primera hija, se encontraba desocupado, y se decidió.
“Las tercias conforman un horario esclavo. Casi nunca tenés tiempo para estar con tu familia. Nosotros decimos que tenemos dos francos, uno corto, de 13 a 22, y otro largo, que es mentiroso, porque salís a las siete de la mañana, después de haber trabajado toda la noche”, declaró.
Sobre el porqué del silencio de la mayoría de los policías en actividad, así como su pedido de anonimato, explicó: “Ha pasado que, a compañeros que estuvieron en manifestaciones, les sacaron fotos, y les hicieron sumarios administrativos. Hasta hoy están dando vueltas con eso, y no pueden ascender de jerarquía”.
Al arribar al Centro Cívico, los manifestantes, con las personas que se sumaron durante el trayecto, ya eran ciento diez, sin contar los vehículos que acompañaron la marcha.
“Ahora sí nos pusimos la gorra”, se leía en una pancarta.
En la plaza, Priscila Gómez de Saravia fue la voz que tradujo el sentir de los reunidos. Rodeada de todos los presentes, exclamó: “La oferta del gobierno no se acerca a lo que buscamos. Si se tiene en cuenta el INDEC, el oficial de policía es un indigente; ¡es una vergüenza! No nos vamos a dejar convencer por un par de monedas. Nos quedaremos hasta tener una respuesta coherente”.
Fue Priscila, también, quien, cuando el reloj estaba a punto de marcar las 13, entregó un petitorio, en mano, al jefe de la Unidad Regional III de Bariloche, Gustavo Llanquileo.
“Mi función es atenderlos; es mi responsabilidad y obligación. También es mi deber mandar a la jefatura el petitorio que me entregaron, de manera urgente”, manifestó la autoridad policial, quien consideró que se trataba de una concentración pacífica, que se manejaba por los canales habituales.
En el petitorio se sostenía que “el sueldo de un agente inicial no puede ser inferior a los setenta mil pesos”, por el “desfasaje inflacionario de los últimos años”.
También se exigía “la eliminación definitiva del horario de tercia”, junto al reclamo de que se tuvieran en cuenta otras alternativas, “que pregonen el descanso del personal y de su salud física y psíquica”.
“Mantenemos la postura en cuanto al aumento del servicio de policía adicional, debiendo considerarse el cien por ciento en todas sus categorías”, expresaba otro de los puntos.
Se exigía, en tanto, la distribución de “elementos de bioseguridad”, cuatro veces por semana.
El reclamo incluía la solicitud de garantías de “asistencia médica inmediata a todo empleado policial que resultara contagiado de COVID-19, en cumplimiento de sus funciones, dándole la intervención directa a Salud Pública, a fines de resguardo de la integridad física del personal”.
Por otra parte, se demandaba “que se le dé carácter de remunerativo a los incrementos salariales solicitados, con el fin de que sean trasladados inmediatamente al personal retirado-pensionado”.
Más allá de lo mencionado, se insistía con la creación de una mesa de diálogo, y se resaltaba el deseo de que no se tomaran medidas disciplinarias con los efectivos que participaban, en forma pacífica, del reclamo.
Poco después de las 17, Priscila Gómez de Saravia conversó, vía Zoom, con referentes de diversas localidades, sobre cómo continuar con la protesta.
Ante la falta de las respuestas que esperaban, decidieron seguir con las medidas.
Así, en Bariloche, resolvieron quedarse en el Centro Cívico, más allá del frío. A las 21, Priscila informó: “Hasta el momento no tenemos contestación del gobierno, ni siquiera conseguimos que se abriera una mesa de diálogo para poder tratar lo que planteamos. Seguiremos en el Centro Cívico; nos quedaremos esta noche, y todo el tiempo que sea necesario, hasta que nos den una respuesta”.
Christian Masello / Fotos Facundo Pardo