UNA HISTORIA DE SUDOR Y ESFUERZO
Colonia Suiza cumplió 125 años de vida: sus pioneros, la agricultura y la llegada del turismo
En 1895 se conformó una colonia de suizos, a partir de la migración amparada por el Estado Nacional. Los hijos de Henriette Goye-Borgeat y Joseph Goye, asentados en Victoria, Chile, fueron de los primeros helvéticos que se establecieron en la región, llegados de la Araucanía chilena.
Se trataba de los hermano Félix y Camilo Goye, a quienes apenas unos años más tarde se sumaría su hermana María y su primo Eduardo. Estos primeros pobladores fueron abriendo caminos a golpe de hachas y machetes entre el lago Moreno Este y la Colonia para permitir el paso de carros y carretas. También hicieron puentes, casas y balsas.
Este grupo familiar al venir por tierra desde Chile trajo en sus carros todo lo necesario, herramientas, semillas, plantas y algunos animales, sobre todo vacas, ovejas y aves de corral. La mayoría vendió sus concesiones chilenas y se llevó un considerable capital para recomenzar en Argentina.
Para asentarse en esta región, los suizos aceptaron la oferta de tierras (Ley Del Hogar) que el gobierno argentino concedía a inmigrantes en la Patagonia, cerca de Bariloche.
Desde el principio, su actividad económica estuvo relacionada con la agricultura (trigo, alfalfa, avena, frutales) y con la cría de animales. Sus producciones obtuvieron premios nacionales, en 1910 por el trigo y en 1925 por las frutas.
Este desarrollo económico encontró sus límites con la llegada del ferrocarril, que trajo consigo los productos manufacturados más baratos. En las últimas décadas la actividad turística contribuyó al resurgimiento de la colonia, con sus atractivos y su oferta gastronómica.
El Cordillerano dialogó con Teresita Goye, quien es nieta de Camilo e hija de Neutral Goye. Además, es una amante de la historia de esa comunidad, donde todavía reside, a pocos metros del lago Moreno, en el camping Hueney Ruca.
La calle Félix Goye, la principal del poblado histórico.
“Nosotros celebramos el 8 de septiembre como fecha de aniversario de Colonia Suiza, porque es el día del agricultor y como esos primeros pobladores vinieron a hacer agricultura en la mayoría de los casos, es un merecido homenaje”, relató.
Cuatro décadas antes, se había generado la primera colonia agrícola en la ciudad de Esperanza, en la provincia de Santa Fe, y para empezar a formar la Colonia, se tomó esa referencia y la mayoría comenzó a plantar semillas, dejando de lado la ganadería, que era el principal recurso productivo y económico de la Argentina de aquel entonces.
“Camilo y Félix llegaron a esta zona buscando un lugar que se parezca a su Suiza natal, con lagos y montañas. Y a partir de que hicieron los trámites y lograron afincarse, nunca pararon de trabajar, se rompían el alma y no vivían holgadamente”, describió Teresita.
Por aquel entonces, no había una conexión directo con el incipiente pueblo de Bariloche y se fueron abriendo paso con los años. Con el tiempo, Primo Capraro adoptaría a Camilo Goye como su ahijado.
En una segunda oleada, llegó un nuevo grupo de suizos desde Chile, integrado por familias de apellidos Mermoud, Cretton, Jaccard, Fotthoff, Blanc, Mathieu y Neu, entre otros. El panorama de la Colonia no presentaba turistas, sino grandes chacras con ganado, aves de corral, bovinos, ovinos, y producción de diversos alimentos como leche, queso y fiambre, el cual comercializaban en Chile, cruzando por puerto Blest, en una larga y extensa travesía.
Sus labores se expandieron por la producción de frutas, premiadas por su calidad, y de madera con el aserradero Goye & Fant, que le dio a la colonia más economía. Del trabajo de sus manos, y con la ayuda de otros suizos, construyeron sus casas, la primera escuela y la capilla; hoy emblemas de la pequeña villa de montaña.
La madera y su uso constituyeron otra de las actividades fuertes en la colonia. La mayoría de las edificaciones son de 1899 a 1945 y se conservan con valor simbólico e histórico. Su forma de construcción consiste en el entramado de madera tipo balloon frame con recubrimiento de tablas, techo a dos aguas de tejuela de madera. Son edificios simples y armoniosos que se incorporan al paisaje de forma natural.
Según relató Teresita, en los primeros años, en el poblado se hablaba solo el idioma francés. Con el pasar de los años llegó una profesora desde Bariloche y con el tiempo, los niños comenzaron a cursar en el colegio Cardenal Cagliero en el kilómetro 19 de Bustillo, donde llegaban a caballo. Mientras que las niñas viajaban hasta Bariloche, para cursar en la escuela 16 y pasaban la semana en el pueblo, con amigos y familiares.
El turismo comenzó a llegar paulatinamente, en un análisis aproximado, por la década del 50. Desde ya, como en Bariloche, los visitantes arribaban a la región en verano, por lo que Colonia Suiza tenía mucho para ofrecer: caminatas, lagos y buena gastronomía.
“Nosotros hace casi 70 años que tenemos el camping. Recuerdo que los estudiantes venían en tren y mi papá iba con el camión y se encargaba de traer todas sus cosas”, recordó Teresita Goye, quien recalcó que todos los descendientes de aquellos primeros pobladores buscan seguir transmitiendo su rica historia de generación en generación.
El surgimiento del curanto
Esta particular comida, de origen araucano, es toda una ceremonia cargada de tradiciones, cultura e historia local. La preparación es a base de diferentes tipos de carnes y verduras, y tiene una cocción singular. Se realiza introduciendo los alimentos en un pozo cavado en la tierra y se colocan piedras calientes. Esto se tapa con hojas de maqui o nalca para mantener el calor.
¿Pero cómo llegó a ser una marca registrada de Colonia Suiza? La historia tiene sus vaivenes en cuanto al primer precursor de esta deliciosa preparación en este poblado histórico. Emilio Goye, Neutral Goye, Marcelo Goye, Isidro Boock, los hermanos Mermoud, fueron quienes se animaron inicialmente y empezaron a prepararlo con asiduidad y lo fueron promocionando como un sello distintivo.
En el caso particular de Neutral, su hija Teresita relató a este diario que recibió la enseñanza de la preparación de parte de un poblador araucano que vivía en El Bolsón, y que a partir de allí, se convirtió en un especialista en la materia.
Cuando llegaban turistas de preponderancia al hotel Llao Llao lo convocaban a Neutral para hacer sus deliciosos curantos. Incluso, uno de esos huéspedes lo quiso llevar a los Estados Unidos, pero el temor a los aviones que tenía el “curantero”, no le permitió concretar la aventura.
“En los inicios, el curanto se hacía cuando venían personalidades, para agasajarlos. Fue más adelante que se dio a conocer al resto de la gente. Incluso, los suizos le pusieron su impronta, como colocarle el queso al zapallo o maridar el pollo con la manzana o el cerdo. Ahora es un bien de familia, porque todos hacemos curanto. Pero es una comida araucana, que viene de la Polinesia”, indicó Teresita.
Diego Llorente