2020-08-31

A DIECIOCHO AÑOS DE LA TRAGEDIA DEL CERRO VENTANA

El decano del CRUB recordó el hecho: “Es una fecha muy dolorosa para la universidad”

“Hubo que contener a una comunidad que estaba desbordada por la pena, a causa de la magnitud de la tragedia”, recordó Marcelo Alonso, actual decano del Centro Regional Universitario de Bariloche (CRUB), al evocar la muerte de nueve alumnos de la Universidad Nacional del Comahue, que al inicio de septiembre de 2002, durante una práctica de la carrera de Educación Física con Orientación de Montaña, fueron arrastrados por una avalancha, en el cerro Ventana.

En aquel momento, Alonso, que trabaja en la entidad desde 1987, era consejero directivo, y retiene en su memoria el dolor que provocó lo que sucedió en aquella jornada.

El Cordillerano: – Para la institución, ¿a qué remite la llegada del 1° de septiembre?

Marcelo Alonso: – Es una fecha muy dolorosa para la universidad, que nos lleva siempre, por un lado, a meditar sobre lo que pasó esa vez, con la pérdida de nueve estudiantes, como también a revisar cotidianamente nuestras prácticas, porque tenemos muchas carreras en las que los alumnos salen al campo. Además, tenemos actividades dentro, en laboratorios y aulas, también en gimnasios, en el criadero de peces… y todo nos remite a que debemos ser muy conscientes de la seguridad con la cual deben llevarse adelante las prácticas. Es una jornada impactante para nosotros, que nos conduce a la reflexión y al recuerdo.

E.C.: – Aún hoy, la Educación Física con Orientación de Montaña tiene gran importancia en la universidad, ¿verdad?

M. A.: – Sí, es una de las carreras con mayor número de matrículas, y en la revisión del plan de estudios, hay dos trayectos posibles: uno sigue siendo el de las actividades recreativas en montaña, y el otro orientado más bien a la práctica pedagógica. Los estudiantes eligen, uno u otro camino, según sus preferencias.

E.C.: – Muchos de los alumnos actuales, en el momento de la tragedia, deberían ser muy chicos. Dentro del ámbito universitario, ¿se trata el tema?

M. A.: – Sí, por supuesto. Es una tarea que se da a los estudiantes que ingresan, y, también, al cuerpo docente, que, desde aquella época, ha ido cambiando. Muchos de los que ahora son docentes, en aquel momento eran estudiantes, y el tema del recuerdo de los chicos perdidos en esa ocasión, pero también la responsabilidad que tiene uno, como entidad educativa, con las actividades que lleva adelante, son siempre motivo de discusión y de preparación específica.

E.C.: – ¿Cómo describiría el vínculo de la universidad con la escuela 329?

M. A.: – Ese 1° de septiembre, se produjo la avalancha que se llevó a un grupo grande; muchos pudieron salir de la nieve solos, otros fueron rescatados por los compañeros y los docentes. Después hubo una búsqueda larga, hasta que apareció la última estudiante perdida. Y la escuela fue la base de operaciones, nuestra y de otras instituciones que también participaban. Desde ese momento, la relación es como de un padrinazgo con el colegio; tenemos una interacción permanente, mediante la cual intentamos atender sus necesidades y crear un vínculo, además de afectivo, concreto, de resolución de problemas.

E.C.: – Este año tan particular, ¿cómo será la forma de recordar la tragedia?

M. A.: – Debido a que el grupo de padres y amigos que siempre viajan y participan de la actividad en la universidad, y después suben al cerro, no van a poder hacerlo, dispusimos, por un lado, que dos integrantes de nuestro equipo de gestión subieran hoy (por ayer) al Ventana, al sitio donde hay una placa, y depositaran una ofrenda floral. El martes (por hoy) habrá un pequeño acto en el CRUB, donde la vicedecana y nuestra secretaria de Ciencia y Técnica van a depositar, también, una ofrenda floral en el Patio del Recuerdo, que es un lugar que hemos dispuesto con los nombres de los chicos fallecidos, donde generalmente se realizan los actos recordatorios. En cuanto a la interacción con la escuela 329, propusimos realizar una colecta de libros, entre la colectividad universitaria, para entregar después al colegio. La idea es que a cada alumno le llegue, al menos, un libro; y hemos dispuesto que, quien no tenga libros, pueda hacer un aporte en una cuenta de una librería local, para que luego los docentes de la escuela puedan ir y seleccionar textos, para la biblioteca escolar o para los chicos.

E.C.: – ¿Cómo es la relación con los familiares de los fallecidos?

M. A.: – Algunos vienen todos los años, participan de la actividad en el CRUB, que en general es un pequeño acto recordatorio, con palabras de aliento y de recuerdo, en una interacción entre todos, y después ellos suben al cerro. A veces nosotros -el decano anterior, Víctor Báez, y en alguna ocasión yo mismo- los hemos acompañado. En general, tenemos contacto previo a cada 1° de septiembre, y les contamos qué vamos a hacer. Algunas veces, ellos también han traído donaciones para la escuela; uno, por ejemplo, entregó instrumentos musicales que, después, en el mismo acto de ese año, fueron utilizados por los chicos del colegio que fueron parte del acto. Otros padres no participan de la actividad; se mantienen en contacto a la distancia, porque, para ellos, esta cuestión es muy dolorosa, y dispusieron no intervenir de manera presencial.

E.C.: – En lo personal, ¿cómo recuerda aquel día?

M.A.: – Fue terrible. No pertenezco a esa carrera, soy docente de Acuicultura, donde los estudiantes también salen al campo y realizan tareas que podrían ser riesgosas si uno no es cuidadoso. La verdad que aquello fue un golpe tremendo a la manera en la que trabajábamos… el vínculo con los alumnos y con los docentes, y, sobre todo, la relación con los padres, parientes y amigos de los fallecidos, y con la comunidad, porque ésta delega, en las instituciones educativas, a sus hijas e hijos. Uno es responsable de cómo se realizan las actividades, de que sean lo más seguras posibles… por más que consideremos que aquello haya sido un accidente, quizá una mala apreciación de quien estaba a cargo de la cátedra, para realizar esa actividad en ese momento. Fueron meses muy duros.

Christian Masello

Te puede interesar