2020-08-25

UNA HISTORIA DE AMOR EN TIEMPOS DE PANDEMIA

La abuela Loly y Galo acercaron distancias por medio de los cuentos

Esta cuarentena ha servido para que muchas personas se reinventen o descubran en ellas, cualidades insospechadas. Con mucha imaginación y como una forma de acortar distancias, la abuela Loly puso en marcha la creatividad logrando acompañar a un ser muy especial.

Todas las mañanas ella se sienta a inventar un cuento, busca imágenes para ilustrarlo y lo envía para que cada noche antes de dormir, lo pueda escuchar y disfrutar su nieto que vive en La Plata.

María de los Dolores Cambronero de Gimeno es una vecina barilochense, madre de dos hijas, Claudia que vive en Bariloche y Daniela que reside en La Plata. “Dani es la mamá de Galo, el ratón maravilloso que me tiene trastornada de amor”, dijo.

El pequeño en noviembre cumplirá tres años y desde el mes de enero que no se pueden ver, “en ese momento fui todo el mes para darles una mano con mi nietito y colaborar con la mudanza en lo que podía” detalló. Jugaban mucho a las escondidas, a buscar bichos bolita en el patio y muchas otras cosas que ya no son habituales en los niños.

“Aprovechaba para darle consejos de no matar a ningún ser vivo porque todos tenían a su mamá y me escuchaba muy atentamente”, recordó.

Loly trabaja desde los 14 años y ahora, a los 65, de pronto con esta pandemia se encontró con la imposibilidad de poder hacerlo, situación que la había comenzado a afectar emocionalmente.

Los cuentos

Al hablar de su faceta como contadora de cuentos dijo “no sé cómo Dios me iluminó, me vino a la mente cuando mis hijas eran chiquitas y al acostarlas, les leía alguna historia o les inventaba un cuento”.

“Yo me doy cuenta que los chicos ahora con esto de la play, la computadora y el celular, ya no viven esa magia, sino díganme ¿quiénes juegan en el patio o se trepan a los árboles como lo hacíamos con mis hermanos?”, reflexionó.


Vio a un motoquero y le pidió subirse para tomarse la fotografía.

Por la mañana antes de poner en marcha la creatividad, busca nombres divertidos en internet para cada personaje, escribe en una hoja el cuento y luego vuelve a la web para encontrar fotos divertidas que ilustren lo que redactó.

“Ya tengo muchos animales y tengo que anotar todo porque Galo se acuerda de cada uno y si me equivoco se molesta”, dijo.

Una noche al principio de la pandemia le envió un audio como una manera de apaciguar un poco la angustia que sentía por la distancia física. “Le gustó tanto que mi hija me dijo que le mandara otro para la noche siguiente”.

Y así fue como empezó esta hermosa historia. “Ya le puse voces a cada animalito durante los diálogos y después se convirtió en una rutina, a veces saco algunas ideas de las revistas de Pato Donald y Mickey que todavía guardo en cajas”.

No se trata solo de audios “primero le hago toda una perorata, de cómo se portó durante el día, si hizo caso a su mamá, si guardó todos los juguetes y si se lavó los dientes antes de acostarse” contó.

Luego sí, comienza el cuento, “primero los escribía en un cuaderno para no divagar durante el relato, ya tengo 29 de esos y después cuando me sentí con más confianza directamente me dediqué a inventarlos”.

Loly se veía muy afectada por la cuarentena y su ánimo estaba decayendo día a día, “entre tantas noticias que uno escucha un día dijeron que podía pasar más de un año sin viajar y ahí me quebré en llanto porque no iba a poder estar sin verlo todo ese tiempo”.

Loly vive con su esposo y en muchas ocasiones, se va corriendo el horario del almuerzo hasta que ella no finaliza la tarea para su nieto. Ante la consulta de compartir con otros pequeños esos audios, dijo “la verdad que no se me había ocurrido pero lo voy a tener en cuenta”.

Al finalizar el cuento cada noche se despide un personaje diferente, deseándole las buenas noches. “Todos los días me mando esas payasadas y a Galo le encantan” comentó.

Ella nunca se había imaginado que era capaz de inventar y narrar cuentos tan entretenidos y tan esperados por su nieto. El león Rosko, el elefante Timón, son algunos de los compañeros que juegan en las historias “el último personaje es el burro Romero” dijo riéndose.

Estas narraciones para Loly funcionaron como una terapia una manera de estar juntos pese a la distancia física. “Al principio de la cuarentena yo estaba como un animal enjaulado y ahora me siento ocupada y feliz”.

Ella confesó que tuvo una infancia muy pobre pero feliz, “no me dejaban tener amigas, nunca aprendí a bailar, pero me aferré a los libros y leer se convirtió en mi pasión, eso me ha dado una vida maravillosa”.

Susana Alegría

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