INICIATIVA DE CLAUDIO VARGAS OJEDA
Escriben la historia del punk barilochense
En los 90 la Argentina iba a entrar al Primer Mundo, ingreso que finalmente nunca se produjo. Pero lejos de Buenos Aires y más aún de Londres, en Bariloche surgió un movimiento punk que expresó a vastos sectores juveniles por varios años. Se viene libro.
Los historiadores del punk señalan a 1977 como el año en que se produjo su irrupción. Por entonces, Inglaterra venía de sufrir una devaluación de la libra, la venta de combustibles había llegado a racionarse por la crisis del petróleo y la semana laboral se había reducido a tres días. Dos años atrás, el influyente Wall Street Journal había editorializado: “Adiós Gran Bretaña. Me alegro de haberte conocido”. Era verdad que no había futuro.
Quince años después, un puñado de pibes de Bariloche sentía otro tanto y también encontraron en guitarras distorsionadas, letras tan breves como vociferadas y en la turbulencia del pogo, respuestas a tantas angustias y broncas contenidas. Dos décadas más tarde, llegó el momento de escribir la historia del punk barilochense. Asumió la tarea Claudio Vargas Ojeda, partícipe necesario de aquellos sucesos y según se define, ratón de biblioteca.
El número uno del fanzine.
Remisero en la actualidad, en junio del año pasado organizó el 1er Encuentro del Libro y el Sonido Independiente junto con otros sobrevivientes. “Yo fui parte de ese movimiento punk barilochense y no quería que se quedara en el tiempo, porque todavía no hemos tenido la suerte de contar con historiadores de música en Bariloche”, lamentó en la charla con El Cordillerano. Arrancó la tarea “con todo lo que viví y con el material que fui juntando de aquellos años, porque siempre me consideré un ratón de biblioteca”.
Antiguo editor de fanzines, Vargas Ojeda se lanzó a la aventura al ver que “mucha gente se estaba alejando de esa música o al enterarme del fallecimiento de algunos chicos que estuvieron”. Entonces, pensó que no había tiempo que perder. “Voy a tratar de volver a la luz algunos materiales del año 92 hasta el 98, en lo que llamamos Festi Punks y se hacían en el Alto. Eso me llevó a empezar a buscar cuáles fueron los primeros punkies de Bariloche y pude encontrar personas que ya en el 83 o 84 escuchaban punk pero el fuerte del libro va a ser del 92 en adelante porque ahí se produjeron los mayores logros del movimiento”.
Mientras todavía lucha por reunir fuentes, avanza en la escritura. “Creo que estoy con el 80 por ciento del material que necesito porque estuve recopilando revistas, fanzines, diarios e incluso algunas cosas de televisión. Ya estoy escribiendo y terminando por lo menos, tres capítulos. Está bastante avanzado”, admitió el historiador del punk cordillerano. A propósito, si alguien tiene testimonios de aquella época, se agradecerá acercarlos.
Caldo de cultivo
La década bajo análisis no fue la más brillante. “El neoliberalismo y los 90 de Menem pegaron fuerte en esta zona y también fueron caldo de cultivo para el movimiento punk. Si nos retrotraemos a la historia a nivel internacional, a finales de los 70 en Inglaterra y Estados Unidos también se vivieron crisis que llevaron al movimiento hacia adelante. En la Argentina, en los primeros años de los 80 todavía estábamos con la dictadura pero también fue caldo de cultivo para el punk argentino. Bariloche no podía ser distinto”.
En ese período, “había mucha gente que se estaba viniendo de Chile y de la Línea Sur, por la extrema pobreza que se estaba llevando al campo”, recordó Vargas Ojeda. “Era muy difícil ser punk en los 90 porque no había futuro para los pibes. Suena repetitivo, no había futuro pero era así. También hubo gente que se vino de Bolivia y Paraguay, inclusive en nuestros barrios había muchos inmigrantes y gente mapuche que trataba de salvarse. Los pibes querían tener una salida y fue musical”.
LSD - Lucha Sin Detenerte.
En efecto, “la música rebelde llenó las expectativas de los pibes y por eso se volcaron, quizá no masivamente pero sí un gran sector”. Algunas de aquellas alternativas se reflejaron en “Habrá tormenta”, publicación que hizo las veces de suplemento “joven” de El Cordillerano a partir de 1995, aunque no perduró en el tiempo. Por su parte, “en esa época había empezado a hacer programas de radio con un grupo de amigos. Pudimos entrar en algunas radios comunitarias, como Gente de Radio. También conocíamos a la Mascaró de los primeros tiempos que incluso estuvo acá a la vuelta (Onelli y Sobral), donde estaba el barcito donde empezamos a hacer los recitales. También estaba la gente de El Frutillar, la radio del Arrayanes y varias más que se empezaron a formar”, trajo a colación Vargas Ojeda.
Otro signo de la época: “empezamos a hacer una revista, un fanzine que se llamó Mentes Reprimidas, nos juntamos chicos heavies y punks que teníamos algunas inquietudes sociales, musicales y políticas”. Como si no alcanzara con los conciertos, la radio y los fanzines, “cuando empezaron los Festi Punks empezamos a traer música a Bariloche porque en aquel entonces había dos disquerías pero no traían la música que nosotros necesitábamos. Tuvimos que formar un grupito para hacer una pequeña distribuidora, que llamamos Bariloche Under. Una cosa apoyó a otra y se empezó a formar el pequeño movimiento del punk rock”, hilvanó.
Rasgo distintivo del asunto fue su carácter “100 por ciento autogestivo porque en aquel momento, Bariloche no tenía una gran movida musical, la tuvimos que hacer de cero. Nos arreglamos con lo que teníamos a mano porque la gran mayoría de las bandas no tenía todos los instrumentos o equipos de sonido, recurríamos a los parlantes que había en las casas, especialmente a los combinados, esos tocadiscos grandes que había antes y tenían una buena potencia. Entonces, los usábamos para amplificar”, recordó Vargas Ojeda. Difícil de imaginar en la era de las aplicaciones y las plataformas digitales, pero así fue.
El punk barilochense “era totalmente popular porque lo hacíamos en nuestro barrio. El Festi Punk estaba circunscripto al Seis Manzanas, Las Quintas y San Ceferino. Después, a esa triple frontera (risas) se fueron metiendo pibes de todos los barrios, especialmente del Alto: Alborada, Tres de Mayo, Mutisias, Arrayanes, Frutillar, San Francisco III, Lera… Venía gente del 10 de Diciembre y lo que en ese momento eran las 34 Hectáreas, que hoy son el Dos de Abril y el Unión. Algunos también venían de los Kilómetros a ver los recitales”. Volver a casa era otra aventura.
Aullidos en un bar de gauchos
Que la escena no se interesara por el centro “fue y no fue adrede”, concedió Claudio Vargas Ojeda. “Fueron las circunstancias del momento porque Bariloche tenía una frontera que había que pasar: las calles Brown y Onelli. La gente del pueblo recordará que siempre había un par de patrulleros en esa zona o en la 25 de Mayo. Era muy difícil para los chicos de barrio ir al centro, sólo estaba permitido para el turista. Era mal visto que los pibes bajaran y siempre te corrían con la Policía. Cansados de eso, dijimos: vamos a hacerlos en el barrio”.
Paine, de Último Recurso.
A fin de cuentas, “era el único lugar seguro que teníamos. Conocíamos nuestro barrio al 100 por ciento y conocíamos todas las caras. Por más que en aquel momento estaban las patotas: Los Bori-Bori, Los Gorritas, Los Cobra, Las Intocables, Los Chicos de la Loma y otras que no recuerdo… Pero para nosotros era nuestro lugar”. El punk comenzó a sonar en un lugar impensado: “un vecino tenía un bar para gauchos. Le decíamos así porque siempre estaba atado afuera algún caballo, entonces lo alquilamos para hacer nuestra movida. Nos resultó bien porque era lo que podíamos hacer y lo que más nos gustaba”, valoró el investigador.
¿Quién iría a saber por entonces, que estaba haciendo historia? “Las bandas más fuertes eran Calibre 45 y Último Recurso, que fueron las iniciadoras porque estaban en la organización nuestra. Después se sumaron La Morgue, los pibes de LSD (Lucha Sin Detenerte), la gente de Necrofilio y los pibes de Werken. Después vinieron Sakeo y Aneurisma. Aneurisma se formó de una escisión de Último Recurso. Éramos esos, era la gente que estaba en la movida. Más tarde entraron un par de bandas de heavy thrash porque eran amigos nuestros, incluso algunos eran parientes: Resaka y Doble Filo, una banda de heavy cristiano”, enumeró Vargas Ojeda. La banda de sonido de toda una época.
Adrián Moyano