UNA VISITA AL REINO DEL REVÉS
Villa Mascardi, miedo e impunidad
En el Reino del Derecho, visitar Villa Mascardi sería gratificante para el espíritu. Una manera de brindar armonía al alma, ante los hechos que abruman en la cotidianidad de la ciudad. Acudir a la naturaleza para escapar un poco del asfalto sobrecargado; observar el afuera para encontrar la propia esencia. Así, muchos ciudadanos de Bariloche, y de turistas de distintas parte del mundo, solían hacerlo. Hasta 2017, cuando un grupo autodenominado Lafken Winkul Mapu comenzó a instalarse en diferentes terrenos, con la concreción de hechos vandálicos tales como la quema de propiedades, robos y amedrentamientos varios, que colocan a los pocos vecinos que viven en el lugar entre la espada y la pared. Ellos quisieran gritar a los cuatro vientos lo que les sucede, pero se sienten abandonados de la mano de Dios, con un Estado ausente que no procura protegerlos, sino que, mayormente, parece mirar hacia otro lado, mientras, en ese rincón privilegiado de la Patagonia, la barbarie avanza, sin que, quienes tendrían que hacerlo, pongan freno alguno.
Así que, como dijo alguna vez María Elena Walsh, “vamos a ver cómo es el Reino del Revés”…
Ingresar en la zona una mañana cualquiera es como atravesar un portal por el cual se llega a un sitio en el que el terror se impone. El aire tan “limpio” del lugar se torna pesado. Es una cuestión de sensaciones: las miradas de los pobladores, cargadas de angustia; un silencio que no es de paz, sino de temor…
Hasta el lago no se puede disfrutar como otrora, quizá porque frente a él se observan los cadáveres edilicios cubiertos de pintadas amenazantes. Las banderas que identifican las tomas parecen señalar puntos estratégicos, como para que a nadie escape que en esos lugares la impunidad, hasta el momento, es soberana.
Así lo sienten los vecinos. La mayoría no quiere emitir palabra, por miedo a represalias. Algunos se animan a conversar, aunque con la promesa de que se resguardará su identidad.
“Tengo bronca”, expresa una pobladora que trabaja en las inmediaciones. “Lo único que hacen es robar, quemar y destruir. Quieren sembrar el terror”, agrega. Y pone sobre el tapete un tema que no debe ignorarse: “La mayoría ni siquiera es de ascendencia mapuche. Son delincuentes que recolectan en Bariloche, que los traen en auto, que los bancan… Hay ‘gringos’ de ojos verdes, con rastas hasta la cintura; una truchada total”, manifiesta.
“Yo conozco a varias comunidades mapuches de diferentes lugares, y son gente sacrificada, que trabaja su campito e intenta mandar a los chicos a la escuela para que tengan la posibilidad de cultivarse”, señala. En este punto, se puede resaltar que el avance de los usurpadores se da de norte a sur, sin embargo también se han tenido noticias de “excursiones” en sentido inverso, incluso hasta el camping de la comunidad Lof Wiritray, verdaderamente de origen mapuche, no como la que quiere imponer el espanto, sobre cuyo umbral existen más dudas que certezas.
En ese sector a orillas del lago, también se vieron rostros encapuchados en postura amenazante, y hubo roturas, como una puerta derribada que pertenecía a una casilla en el acceso al sitio. En este caso, cabe resaltar que la información no provino de los miembros del campamento, ya que ellos prefieren no hablar (¿por intimidaciones?), aunque hace un tiempo expusieron su posición, claramente opuesta a Lafken Winkul.
Es de suponer, igualmente, que las bravuconadas, en ese caso, no llegarán al intento de tomar el lugar… sería directamente una locura que una comunidad, que -por más que ya casi nadie piensa que sea cierto- invoca un origen mapuche, ataque a otra que, con fundamento, lo es.
“Todo cambió”
Se puede hacer una lista con sitios en donde actuaron los tomadores de tierra: el lugar que en algún momento perteneció a Gas del Estado, lo que alguna vez fue el Hotel del Instituto de Obra Social (IOS), la propiedad La Escondida, la cabaña Los Radales, los campamentos Ruca Lauquen y Hueche Ruca, el predio La Cristalina.
Hace unos días, también hubo ataques a vehículos ubicados en el playón del Automóvil Club Argentino (ACA). Sonó la alarma en reiteradas ocasiones, de madrugada, ya que quisieron ingresar –infructuosamente- en la oficina del lugar, y realizaron pintadas con aerosol y colocaron banderas con inscripciones en una camioneta y un camión.
Un señor que ya pasó hace rato la barrera de los setenta, oriundo del lugar (“yo nací acá”), con los ojos a media asta por el contexto actual, al hacer un inventario de tropelías, recuerda también la ocasión en que incendiaron tres máquinas viales.
El hombre tiene ganas de que salgan impresos su nombre y su apellido, porque no quiere esconderse, pero una familiar directa indica que, por favor, se evite nombrarlo, porque temen represalias.
Ya ha pasado que voces “anónimas” realizaron llamados amenazadores a gente que hace tiempo habló para difundir la situación. “Como poblador viejo, estoy ofendido, triste. Nos sentimos impotentes ante tanta alevosía. Es vergonzoso lo que sucede”, señala. “Antes de que los usurpadores llegaran, se podía dejar la puerta de la casa abierta, e irse cinco días, que no pasaba nada. Ahora, todo cambió… para mal”, expresa.
Sobre los miembros de Lafken Winkul, es contundente: “Son soldaditos contratados; delincuentes con pésimos antecedentes en Bariloche”, asevera.
En este punto, cabe mencionar a una persona mayor, un trabajador barilochense, humilde, que realiza tareas en una propiedad de la zona, quien dice conocer a varios de los que están en las tomas: “Ahí no hay ningún mapuche; son todos de los barrios Virgen Misionera, Nahuel hue y 2 de Abril”, suelta, mientras continúa con su trabajo.
“Hasta el lago Guillelmo”
Los vecinos hablan de robos de caballos, animales que aparecen muertos, pedradas a vehículos… también gente encapuchada que pasa detrás de una línea de árboles, a los gritos, para hacerse notar e imponer el miedo.
Además, se refieren a bueyes que sueltan en la ruta, para que los conductores se detengan y lleguen los piedrazos e insultos. Según todos, se trata de crear el caos por el caos en sí… Y, en medio de cada atropello, vociferan proclamas como el nacimiento de una república mapuche.
Los pobladores que residen en forma permanente (según calculan, no son más de ochenta personas) advierten que, en varias ocasiones, vieron una camioneta y diversos autos que les dejan provisiones a los ocupantes, los cuales se renuevan (nunca hay un número fijo; ya que algunos se van y otros entran).
Una mujer joven menciona concretamente a una autoridad del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, Luis Pilquiman, como alguien que acostumbra hacerse presente.
Otra señora, en tanto, habla de dirigentes provinciales que antes tuvieron cargos en el municipio de Bariloche. Mientras las acciones vandálicas continúan, en los vecinos prima la sensación de abandono por parte del Estado. Uno de ellos recuerda lo que los atacantes le dijeron al cuidador del predio de Hueche Ruca, cuando lo obligaron a irse: “Queremos llegar hasta el lago Guillelmo”, con lo cual todas las propiedades quedarían bajo su dominio.
El regreso
Al retomar la ruta para volver a Bariloche, surge la sensación de que El Reino del Revés no es nada agradable… En la boca, queda cierto sabor a impunidad que no desaparece.
Christian Masello