UNA HISTORIA DE VIDA
“Me convertí en un cuidador serial”
Micky Ruffa, reconocido artista y funcionario de la Dirección de Gestión para Personas con Discapacidad contó cómo vive este tiempo de pandemia. Del escenario a escuchar con dedicación los problemas de la gente. Y el gran aprendizaje que pudo cosechar con su hijo.
Micky se vincula con el corazón abierto, tanto arriba del luminoso escenario con una original muestra de histrionismo y fulgurante energía que le permitió siempre envolver risas. Como cuando se sienta paciente y escucha los dolores de otras personas. Cuando lo invitan a definirse dice que primero es papá. Y también cuidador porque más allá de Santi -su hijo-, contiene, asiste a mucha gente que atraviesa situaciones difíciles y necesita ser escuchada.
“Con el paso de los años me convertí en cuidador serial”, define Miguel Ángel Ruffa, más conocido como Micky Ruffa en “Refugio Radio”, el programa de Marcela Psonkevich en El Cordillerano Radio (93.7).
Está claro que muchas veces resulta imposible resolver el bolsón de problemas que llegan. Pero tiene claro que escuchar es mucho. “La gran pregunta es quién me cuida a mí”, piensa y sonríe. A fines del año pasado aceptó el desafío de ser coordinador de la Dirección de Gestión para Personas con Discapacidad.
Micky cree que si hay algo que se descubre con esta cuarentena es que nada puede ser planificado a largo plazo. “Pero yo lo aprendí hace 13 años, cuando nació Santiago, de 6 meses con 800 gramos y me dijeron que iba a vivir 72 horas”, recordó. Nació con una cantidad de dificultades que no aparecieron en un principio. Creían que solo se debía al retraso madurativo porque había nacido antes de lo previsto. Recién cuando fue creciendo detectó que algo no estaba funcionando correctamente.
Cuando las dudas despertaron más preocupación, viajó a la Teletón de Chile y le dijeron que Santi tenía parálisis cerebral. Ese día de abril de 2008 fue una bisagra en su vida. “Si esto no me mata, me tiene que fortalecer”, pensó convencido y agregó que los pronósticos que habían hecho sobre Santi, habían fallado todos.
Micky dice que con los chicos con discapacidad hay que tener constancia y recurrir a un buen puñado de profesionales que acompañen el camino. “En ese momento, nos internamos en CIREM –Centro Integral de Rehabilitación Médica- con cinco terapeutas que se ocuparon de la estimulación temprana que hasta hoy lo sigue haciendo”, contó.
“Me dijeron que no iba a comer por boca, sino por botón gástrico”, recordó sobre los anuncios médicos que decidió no aceptar. Así que un día pisó papa y zapallo, lo miró fijo a los ojos de Santi y le dijo: “hijo, tenés que comer”. Él dibujó una sonrisa y lo hizo.
En tiempos de pandemia, los trabajos se trasladaron a la casa de Micky. Los terapeutas envían la rutina y cumplen al pie de la letra, con todos los recaudos. “Hay que tener la fuerza suficiente, este es un paso más que tenemos que dar para entender algo”, apuntó y agregó que es un tiempo para mirar hacia adentro y ver qué tenemos desacomodado para ponerlo en su lugar. Los seres humanos en el mundo, aseguró, necesitamos cuidarnos para cuidar.
Cuando piensa en la fuerza que lo sostiene, reconoce que es muy creyente, de toda la vida. “Ama a tu prójimo como a ti mismo. No es un slogan, está en la biblia”, dijo como si encendiera una antorcha que lo acompaña. También el humor ayudó a transitar los tiempos más sombríos. Y atesora siempre las palabras de Pato, su gran amigo. Apenas nació Santiago, le dijo que iba a ser su maestro. Y así fue.
Por Daniel Pardo