La orquesta que emociona con su homenaje a la Selección Argentina
Pablo Lawler es uno de los fundadores de Sinergia, una orquesta de cuerdas. Hicieron una adaptación del tema del mundial, “Un Estadio Italiano”. Contó la historia del particular encuentro con Carlos Bilardo. Y la grabación en la cancha de Nueva Chicago.
Pablo Lawler es un joven y apasionado violista. Hace cuatro años estaba sentado, esperaba con algo de nervios ingresar al estudio de radio. La invitación había llegado por un productor del programa de Carlos Salvador Bilardo. El reconocido técnico había escuchado su trabajo y le pidió que se acercara. Pablo imaginó que iba a tener solo un puñado de minutos en el aire, pero no. Participó prácticamente de todo el programa que incluyó una charla del técnico con Jorge Burruchaga.
Pablo había acercado a la producción del programa la concreción de una idea que nació a fines de 2015. Junto a Sebastián Vázquez decidieron darle vida a una orquesta que tuviera un repertorio por afuera de la música clásica. El debut fue el acompañamiento de cuerdas a una banda de rock. Y en el camarín, Pablo imaginó el siguiente paso de los jóvenes músicos y lanzó a sus compañeros: “qué bueno sería hacer una versión de la canción del Mundial de Italia 90”.
“Le encantó”, dijo sobre la aprobación de Bilardo. “No entendíamos qué hacíamos ahí, hablaba con Burruchaga en una entrevista, los productores no sabían para dónde iba a disparar y al final nos pasamos hablando de la vida con él. Y el tema lo pasó tres o cuatro veces”, describió Pablo con una alegría que surge apenas reconstruye el recuerdo.
Sinergia es una orquesta de cuerdas protagonizada en su mayoría por jóvenes. Y cada uno de sus integrantes fue aportando a la idea de homenajear al equipo argentino que alcanzó el subcampeonato con un cúmulo emotivo de historias de superación personal y colectiva. Primero, tuvieron que convocar a un arreglador que pueda transcribir el tema en pentagrama para cada instrumento. Hernán Quintela adaptó el tema original “Un estadio italiano” de Gianna Nannini y Edoardo Bennato.
“Intentamos, además, darle una impronta especial con el tango”, contó Pablo. Una vez escrita, la grabaron en estudio y la emoción se condensó en el ambiente. Uno de los integrantes de la orquesta mencionó al resto que conocía a uno de los productores del programa de Bilardo. Entonces le acercaron el trabajo.
“Me pareció una persona que está pensando en el fútbol todo el tiempo. Es auténtico y está en todos los detalles”, describió Pablo sobre la impresión que capturó del técnico. Y agregó que también se sale de la lógica, del libreto. Por lo tanto, los productores desconocían el camino del programa. Por eso, los 10 minutos que habían acordado, se transformaron en el programa completo. Es que a Bilardo le gustó volver a escuchar los sonidos de los recuerdos perpetuos.
Diego, el sostenedor de ilusiones, a pesar de su tobillo y de todo; Sergio, el actor de reparto que no fue; las camisetas amarillas sofocantes que se deshilacharon por un instante de encantamiento; el llanto desconsolado del genio; la copa que ningunea; los penales que brotaron la alegría desenfrenada, y Sergio no puede más de felicidad; y más tarde el sabor de injusticia también.
Pablo es profesor de violín y uno de sus alumnos fue dirigente de Nueva Chicago. Entonces se puso en contacto con él para poder grabar el video. El trámite no fue fácil. Nota, reunión con la comisión directiva, preguntas, más preguntas. Finalmente, algunos días después le avisaron que podían grabar en la cancha. Lo hicieron de las 4 de la mañana a las 18 en pleno invierno. “No somos una orquesta con un productor que se ocupa de la gestión. El nombre de la orquesta, Sinergia, tiene que ver con el espíritu del grupo”, aclaró Pablo.
Las palabras que presentan el video de la orquesta pertenecen a las de Carlos Bilardo. “Están los chicos de Sinergia, le ponen una pasión, vamos a escuchar a los pibes”, dice. Pablo le pidió autorización para usarlas porque tenían la grabación del programa de radio en el que participaron.
Cuando sucedió el Mundial 90, Pablo tenía apenas 8 años. Se acuerda incluso del Mundial del 86 en México. “Me acuerdo que caían los papelitos, se venían desde la ventana”, contó. Del otro, se mantienen los recuerdos emotivos de las cinematográficas atajadas de Goycochea, y que la familia estaba reunida. Por eso, provocar los sonidos que guardan las vibrantes postales no fue una mala idea.
Daniel Pardo