2020-06-15

SOFÍA Y AUGUSTO, ADICTOS EN RECUPERACIÓN, CONTARON SU EXPERIENCIA

La búsqueda de una vida sin drogas

¿Qué es lo que lleva a una persona a buscar un pseudo-refugio en las drogas? La pregunta es casi imposible de responder, cada caso es particular, pero siempre, detrás, hay dolor, un padecimiento causado por una vida que, para algunos, suele ser cruel.

También están aquellos que son dueños de una sensibilidad que percibe de manera intensa los bordes filosos de una existencia que, en apariencia, puede parecer color de rosa, aunque esconde abismos que los sumergen en ríos químicos que solo los dejan como náufragos de la nada.

El asunto es saber pedir ayuda. Reconocer que se tiene un problema. Y, luego, aún con el inconveniente a cuestas, porque la tentación tiene maneras infinitas de presentarse, pero ya mejor plantados, tratar de asistir a los que cayeron en el mismo transitar oscuro. Ahí es donde entra Narcóticos Anónimos, un espacio de contención para el adicto.

Sofía y Augusto, motivados por las ganas de dar a conocer el grupo al que asisten y hablar de que una salida es posible, una fría mañana barilochense se acercaron a la plaza de la Catedral para explicar el funcionamiento de la entidad. “Es una asociación civil sin ánimo de lucro, compuesta por mujeres y hombres para quienes las drogas se habían convertido en un problema grave”, señaló la mujer.

Hasta el inicio de la cuarentena, se reunían en diferentes templos de la ciudad, cedidos por distintas religiones, ya que el grupo no responde a ningún credo en particular.

En la actualidad, los encuentros continúan, pero en forma virtual.

Incluso, durante este tiempo, se han sumado personas a las que la angustia, el encierro o la soledad hicieron abrir por primera vez una puerta a la agrupación, o, también, están aquellos que en alguna ocasión habían asistido pero la habían abandonado y esta época en la que prima el desasosiego los hizo retornar.

“Un adicto apoya a otro; contamos cómo hemos hecho para permanecer ‘limpios’. Determinamos nuestra realidad de acuerdo a lo que nos ha sucedido, a los fondos que hemos tocado y nos hicieron pedir ayuda porque la vida se nos fue de las manos”, expresó Sofía.

La mujer, de cuarenta y ocho años, contó que su inicio en las sustancias fue a los once, pero que un golpe de claridad le permitió dejarlas cuando percibió que “las cosas no funcionaban”. En ese sentido, ahondó: “La familia no me hablaba, no tenía amigos y no me quedaba ya nada más por malgastar, porque lo había perdido todo”.

Sofía, que lleva veintidós años y cinco meses alejada de la droga, aseveró: “El mensaje es que un adicto puede parar de consumir, perder el deseo de hacerlo y descubrir otra forma de vida”. Aunque aclaró que “el vacío que en su momento se quiso llenar con drogas permanece”, por lo que el trabajo de autocontrol es diario.

Sobre el apoyo que encontró en Narcóticos Anónimos, recalcó: “Se utiliza un programa espiritual, no religioso, y por ahí pasa un poco la búsqueda, por lo menos la mía”.

Molido a golpes

“Necesitaba parar de alguna manera, y en Narcóticos Anónimos de Bariloche hallé el modo”, indicó Augusto, que lleva más de dos años “limpio”.

“Al llegar encontré gente que había pasado por lo mismo que yo. Me prometieron que iba a perder el deseo de consumir, y así fue. Nos ayudamos entre nosotros. Tomás como espejo a tus compañeros. Sin drogas, la calidad de vida es mejor”, apuntó.

Con cuarenta y seis años, la mayor parte de su existencia estuvo marcada por el uso de sustancias. Oriundo de Flores, Buenos Aires, comenzó a drogarse a los catorce. “Tuve una niñez hermosa, pero las malas juntas, la esquina… En el barrio, el consumo era algo natural. Escabiábamos para salir y después terminaba enganchado a algo para seguir con la bebida… Cuando me quise acordar, estaba acorralado”, dijo.

“A los veintipico traté de parar, porque ya me reconocía como un enfermo, pero la droga se convirtió en algo más fuerte que yo; ella tomaba las decisiones por mí”, relató.

Confió que, en aquellas épocas, el primer pensamiento al despertarse era “dónde iba a conseguir la plata para poder consumir ese día”.
“Era un estilo de vida asqueroso; un sufrimiento diario”, rememoró.

En 1998 tuvo un paso de tres años por Narcóticos Anónimos, pero volvió a desbarrancar: “Uno se confunde… comencé a viajar por el interior del país y me encontré consumiendo de nuevo. La vida, tal cual es, sin droga, para mí, como adicto, me resultó muy difícil”, contó.

Estuvo doce años en Neuquén. Cierta vez, un amigo de Bariloche lo fue a visitar y lo notó tan mal que le recomendó que viniera unos días a la ciudad, para alejarse de lo que allá tenía tan a mano. Así lo hizo. Pero aquí también había algunos conocidos que consumían, y tuvo que tomar una decisión: “Los dejé de ver, porque si yo arranco no paro”, afirmó.

En esta localidad retornó a Narcóticos Anónimos, y esta vez halló el abrigo que su alma necesitaba: “Desde entonces no volví a consumir”, precisó.
“El motivo real por el que empecé a drogarme, no lo sé; si lo hubiera conocido, tal vez habría podido atacarlo antes. Pero acá me dicen que no importa lo que hice, lo que cuenta es lo de ahora en adelante. Esto es solo por hoy, despacito… Las drogas hicieron desastres en mi vida, llegué muy mal… Hay un momento en que no sentís nada”, añadió.

“Cuando fui a Narcóticos Anónimos, vi gente que reía, que parecía feliz, de eso me agarré; quería estar bien”, remarcó.

“No concebía una existencia sin sustancias, y de repente noté que podía dejarlas, aunque es una lucha diaria. No tengo nada asegurado ni comprado, sé que soy adicto. A mí la droga me derrotó, es importante reconocerlo. Me molió a golpes, pero, sabiendo eso, a partir de ahí, puedo salir adelante”, resaltó.

Sobre el final de la charla, Augusto subrayó que drogarse es “anestesiar un dolor”, y esa es la razón por la cual, en la entidad, afirman que no reincidir es un combate diario, ya que ese tormento permanece, pero adormecerse y lastimarse con una sustancia no es la solución, por el contrario, lleva a una tortura que no tiene razón de ser.

Y, a modo de conclusión, miró a su alrededor, abrió los brazos y sentenció: “Estoy contento con mi nueva forma de vida; esto es algo que no estaba en los planes”.

Contacto

Aquellos que deseen comunicarse con Narcóticos Anónimos pueden llamar al 154-298502 o al 0800-333-4720, o bien ingresar a la reunión virtual a través de https://meet.google.com/mhk-rpve-mco.

Christian Masello / Fotos: Fabio Hernández

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