2020-06-14

¿QUÉ SERÁ DE…? Alfredo Iwan, hombre clave en el Deportivo Gastronómico

Fue parte importante en la primera parte del Deportivo Gastronómicos. Deportivamente se inició en el CEF 8 como cientos de barilochenses; en su época de universitario jugó en Ferro, Banco Nación e Imperio.

Los amantes del básquet y del deporte local que tuvieron la suerte de vivir al Deportivo Gastronómicos lo recuerdan con mucho cariño. Es que fue parte de la época donde un equipo de básquet hizo vibrar a todo el viejo Bariloche, llenando el Pedro Estremador cada vez que el equipo se presentaba en casa. De esa primera parte, Alfredo Iwan fue parte importante.

Nacido en Esquel el 12 de mayo de 1965, Alfredo Luis Iwan es hijo de Luis Guillermo Rhiyeg y Ana María Guitart. Tiene tres hermanos más, Federico, Miguel y Nuria. Hoy vive con su mujer Ana Aguado y tuvo tres hijos, Ignacio, Joaquín y Abril.

Sus primeros años de vida fueron bastante nómades, ya que su padre trabajaba en INTA y viajaba constantemente, no solo por Argentina, sino por el mundo. Por ello Alfredo hizo jardín de infantes en Estados Unidos, primer grado en Esquel, segundo grado en el Primo Capraro, mitad de tercero en el colegio Woodville, y la otra mitad en Sídney, Australia. Desde quinto en adelante estudió en el Woodville. El secundario lo hizo íntegro en el Ángel Gallardo.

Sus comienzos

Con sus 60 años, habla tranquilo y dice “empecé a jugar al básquet en el patio de mi casa porque mi hermano mayor había arrancado con la escuelita de Juan Carlos Bertino. Nos sentábamos en patio del CEF 8, antes tenía un patiecito y había un muro donde esperábamos que Juan Carlos llegara con un Citroën que tenía. En ese grupo estaban Tuco Alonso, su hermano, Jorge Alonso, Marcos Esquerra, el Tano Dal Farra. Eran cientos los chicos que íbamos a ese lugar que albergó muchas generaciones de barilochenses. En mi casa, vivíamos en el 5,500 de Bustillo, habíamos colgado un aro y nos matábamos con mis amigos para ganarle a mi hermano”.

Los grandes intercolegiales

Ningún barilochense olvidará los intercolegiales. Tres días mágicos con el gimnasio Bomberos Voluntarios colmado y con todos los pibes de Bariloche compitiendo en el deporte. Iwan, rememora un poco y cuenta cómo era la competencia en esa época. “Ya se había armado bien el CEF y se hacía algún tipo de competencia, pero sin dudas la más importante de todas, eran los intercolegiales, magia pura, había dos categorías, los menores y los mayores de 15 años. Me pasó algo raro jugando en el equipo del Nacional, nunca en ninguna de las dos categorías, ni la menor, ni la mayor perdí un partido. Además, me vienen algunos recuerdos, como por ejemplo el padre Vera parado abajo en Bomberos y todos los colegios pidiéndole que el lunes el Don Bosco tenga asueto, y él movía la cabeza de un lado para el otro como diciendo ‘no’”.

Juventud de antes

Amante de la juventud que le tocó vivir dice “la verdad es que nuestra vida juvenil fue fantástica, eran muchos los chicos que hacían deportes, mucho fútbol, vóley, básquet, hockey pista, en ese tiempo había comenzado el handball de la mano de Weyreuter, todos andaban con el buzo de las tres tiras, con la tira que se ponía debajo del pie. Otro encuentro importante eran los juveniles provinciales, había intercolegiales provinciales y luego se accedía a una fase de competencia donde se jugaba con equipos de Viedma, General Roca y Río Colorado”.

Su primera propuesta

Con 17 años Alfredo Iwan viajó a jugar un provincial de mayores a General Roca. Cuenta que “llegamos a la final rionegrina contra Roca, lo perdimos. En ese tiempo Cinco Saltos estaba armando con un equipo semiprofesional y cuando termina el partido viene el entrenador de Cinco Saltos y me ofrece que me quede a jugar en ese plantel rentado. Yo le expliqué que no, porque ese año terminaba el secundario y me iba a estudiar a Buenos Aires, entonces me dice a qué club quería ir ¿a Ferro, a Obras?, y me hizo una carta de recomendación. Ese año terminé mis estudios, llegué a Buenos Aires. Mi hermano ya había estado dos años antes, pero tenía absoluta pérdida de la dimensión, te subías a un colectivo y no sabías dónde te tenías que bajar. Cuestión es que rindo mi examen de ingreso, antes se hacía, y lo apruebo para comenzar derecho”.

Primero en Ferro

El exbasquetbolista sentencia que “recuerdo que me encuentro con algunos chicos en la universidad y me preguntaron si jugaba al básquet, porque me querían llevar a Banco Nación. Yo les comenté que tenía una carta de recomendación para jugar en Ferro. Fui a un entrenamiento, me mira el técnico de arriba abajo, yo era flaquito, lee la carta y me pregunta si había traído el bolso, le contesto que sí y me dice ‘cámbiese’. Ahí estuve en cadetes mayores, corrí como un desaforado todo el entrenamiento y cuando terminamos me dice, ‘¿usted dónde va?, quédese’. Estuve en tres o cuatro prácticas, no recuerdo. Un día había pocos pibes y me meten en Primera, estaba en el vestuario y había un pibe alto con rulos, me preguntó si me estaba probando y si me iba a quedar, le conté que era de Bariloche y me dijo que en Río Negro tenía un amigo, Ibarra, entonces le pregunté cómo se llamaba y me dice Miguel Cortijo. Yo estaba sentado en el vestuario con ese monstruo. Entrené un buen tiempo en Ferro y no me banqué, el nivel era muy alto y yo tenía que estudiar, además no la pasaban nunca, sentía que por ahí faltaba más compañerismo”.

Banco Nación

Iwan seguía con sus estudios y cuenta que “en esa época andaba con un amigo y fuimos a probarnos a diferentes clubes. Yo quedaba y él no y dentro mío la condición era que íbamos a jugar en el club en el cuál quedemos los dos. Llegamos a Banco Nación, y la verdad es que el ambiente era espectacular, muy familiar, fue el lugar que reemplazó al CEF de Bariloche. El club era una entidad de clase media acomodada y cuando se jugaba con equipos picantes la verdad es que se arrugaba. En ese entonces me buscaba un equipo que se llama Imperio Juniors, recuerdo su hinchada era muy poderosa y en el final, ya casado, me fui a jugar allí rentado. El básquet de ellos era de mucha picardía, un básquet de barrio, el tercer tiempo era tan importante como el partido. Los árbitros se aterrorizaban de ingresar allí”.

El Deportivo Gastronómicos

Alfredo Iwan manifiesta más adelante que “ya recibido y casado regresé a Bariloche y me encuentro al Deportivo, me ofrecen y yo tenía que acomodar todas mis cosas, mis hijos chicos, con trabajo. Cuestión es que cuando termino de acomodar todo me voy a jugar al Depo. Recuerdo que antes de Gastronómicos, hubo algunos torneos comerciales y armamos un equipo Feet Up y luego vino el Depo, cuando Ovidio decide poner la banca.

Y allí arranca otra etapa ya que en 1977 y 1978 hubo un equipo con los hermanos Porra y Formento que habían tenido cierta performance”.

Los pilares del Depo

El deportista comenta que “hubo mucha gente que trabajó en reflotar al Depo, Palito Linares, Rubén Carmody, que venía de Atenas de Patagones, que comenzó a armar ese grupo de apoyo; convocan al equipo y se empieza, Hernán Dotzel, El Chule Estrada, Rafael Luccini. Había un jugador correntino, Horacio Fontan y Daniel Lucero que llegó de Andes Talleres de Mendoza, y con ese equipo se enfrenta la liga Norpatagónica. Ya en el segundo, yo no participo, unos meses antes del debut tuve hepatitis y no pude estar”.

Es divertimento

Iwan cuenta que “el básquet es una parte fundamental en mi vida, primero es un gran divertimento y lo sigue siendo hoy. Cuando me dicen qué cosas me divierten, respondo jugar al básquet. No solo jugar sino todo lo que implica, el equipo, el grupo, los viajes, las concentraciones, el saber ceder, el saber imponerse, el dar ánimo a un grupo de personas, liderar, enfrentarse a la adversidad. Si me dieran la oportunidad de transitar nuevamente mi vida y el resultado fuera el mismo, haría todo igual. Yo tengo una vida llena de felicidad, la vida conmigo fue pródiga, tengo hijos hermosos, una mujer fantástica, una profesión que me encanta, un grupo de amigos maravillosos, tengo reconocimiento profesional y un pasar económico bueno. El básquet y el deporte me han dado un lugar donde tenés la posibilidad de expresarte”.

Los entrenadores

Alfredo Iwan sostuvo que “Juan Carlos Bertino me marcó mucho con el tema de la disciplina, la perfección en el aprendizaje del deporte, tenían una impronta increíble. Dal Bianco era otro profesor maravilloso, tenía un acompañamiento con los pibes, era como un padre para todos los chicos. En Buenos Aires, en algún momento de Banco Nación lo tuve a Horacio Seguí. He pasado por experiencias inéditas”.

Anécdotas

Muchos viajes, varios equipos, son numerosas las anécdotas que Iwan tiene para contar. “Con el primer Gastronómicos fuimos a jugar a Cinco Saltos y los de Cinco Saltos habían organizado la tarde antes del partido un paseo por todas las bodegas familiares. Obviamente era con catas de diferentes vinos y culminaba horas antes del partido. A algunos dirigentes los tuvimos que arrastrar arriba del colectivo. Tenían un pedo, y tenían que ir a la planilla porque cumplían funciones. Cada viaje era una anécdota. Recuerdo que Pepe Garro era veterinario, venía de Concepción del Uruguay y trabajaba con los Arroyo y nuestro chimichurri era Glucolin que es glucosa para los caballos de carrera y había bidones con ese chimichurri. Nos decían que si veíamos un fardo de pasto íbamos a relinchar”.

Gracias a la vida

Iwan sobre el final dice “son muchas las personas a las que tengo que agradecer, Juan Carlos Bertino, a Dal Bianco, a José Juncos del grupo de Raúl Arroyo, que moldaron nuestra primera adolescencia. Al CEF 8, hoy entro al CEF y todavía me emociono, muchas veces olvidado. A Bomberos Voluntarios. Yo a veces no puedo creer que Bariloche no tenga un gimnasio donde se haga solo básquet o un buen gimnasio de vóley con piso flotante, creo que el CEF 8, en esa época cumplió esa demanda y el grupo de profesores de educación física que nos contuvieron de pibes. Al Gringo Scotti, qué fenómeno de tipo. Me acuerdo que ya trabaja en la CEB y fuimos a jugar a Viedma. Yo no podía ir hasta que me convencieron de ir con la promesa de que el lunes tenía que estar a primera hora. Fuimos, jugamos y así como estábamos, sin bañarnos, nos metimos en un auto y el Gringo manejó toda la noche para que los que teníamos que trabajar estemos a primera hora en Bariloche, eso hoy no lo hace nadie. Son pasiones, compromisos. Otro fue Palito Linares, otro gran comprometido, un tipo apasionado que da todo, que se la juega y acompaña”.

Martín Leuful

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