2020-06-11

CON LOS DIENTES APRETADOS

Los odontólogos de Bariloche apuntaron contra las obras sociales

Habrá quien lo niegue, pero miente. No existe quien vaya contento al dentista. En primer término porque, en general, se acude a raíz de un dolor que suele ser fuerte. Pero, además, debido a que eso de abrir la boca ante una persona cuyas herramientas laborales -que utilizará en la cavidad bucal– remiten a armas de tortura medievales, a fuerza de ser sinceros, no es nada agradable.

Luego, seguramente, vendrán los agradecimientos, porque debido a ese profesional el paciente podrá continuar con el uso de la dentadura, pero, siempre, el sentimiento inicial es de cierto temor. Esa aflicción primera, en estos tiempos, se ha incrementado a causa del COVID-19. Por un lado, están los que se aguantan la molestia con tal de no salir, y si lo hacen toman infinitos recaudos y averiguan cómo comportarse en el consultorio.

Pero, también, se encuentran los facultativos, que deben seguir un protocolo estricto y costoso, lo que conlleva también inconvenientes con las obras sociales. Un grupo de odontólogos de la ciudad mostró su preocupación por el presente del sector. “Estamos en una situación donde nos cuesta mantener el servicio”, dijeron en el Centro Vuriloche, ubicado en Mitre 509, durante una reunión con los medios de prensa que partió de una convocatoria nacional.

“Cuando surgió la pandemia, apareció una reglamentación distinta para atender en los consultorios”, señaló Silvio Temis Pari. Entre las normas generales aplicadas en el control de la propagación del COVID-19, se encuentra el distanciamiento, ¿pero cómo atiende un odontólogo desde lejos?

Es imposible, y ahí es donde empieza el protocolo: “En general, todos los problemas dentarios originan dolor, lo que motiva que la persona se desespere; no podemos darle algo para tomar y decirle ‘ya está’. Como estamos a veinte centímetros del paciente, las nuestras son medidas de acercamiento con precaución, para no contagiarnos nosotros ni transmitir nada al paciente”, explicó el odontólogo.

Así, el especialista habló de cobertura descartable de ropa para el paciente -también para el profesional-, lavado de manos, buches con antiséptico… “Pero no podemos trabajar en la boca de alguien que tenga un barbijo”, indicó Temis Pari, lo que, por obvio, en este momento no deja de ser un detalle a resaltar. “Nosotros sí nos ponemos barbijo, algo que es habitual, y agregamos unas especies de pantallas para cubrirnos los ojos, más allá de que la mayoría trabaja también con anteojos o antiparras”, añadió.

En cuanto a la cantidad de gente que acude desde el inicio de la cuarentena, expresó: “La demanda de atención bajó, pero yo he atendido todas las urgencias desde el primer día, porque no puedo dejar a alguien con dolencia. Siempre con los recaudos del caso, por supuesto”.

En este punto, intervino la odontóloga Trinidad Volpi, quien subrayó: “El paciente en este momento se muestra cauteloso, pregunta ‘es preciso que vaya’, y, en nuestro caso, la necesidad se manifiesta, la mayoría de las veces, por el dolor”.

En cuanto a los gastos que implica la nueva modalidad de atención (camisolines, barbijos, cubre-calzado y cofias descartables, más los elementos de limpieza para todo el lugar -consultorio y sala de espera), los profesionales destacaron que los turnos se dan espaciados, ya que realizar el aseo del consultorio, más la preparación del paciente y el especialista, acarrea una demora importante.

“En general, en forma habitual trabajamos con medidas preventivas, porque tenemos que pensar que, potencialmente, el paciente puede transmitir algún tipo de enfermedad. No tenemos historias clínicas ni exámenes que descarten nada. Es decir que la precaución existe desde siempre; el mayor problema en la actualidad es el tiempo que separa la atención de un paciente con la de otro”, resaltó Volpi.

Temis Pari añadió: “Eso significa atender menos, personal de limpieza afectado más tiempo… todo lo cual involucra un gasto aproximado de mil quinientos pesos por paciente, que alguien tiene que absorber… Lo justo sería que las obras sociales se hicieran cargo, y me refiero a prepagas y también sindicales”.

El odontólogo Ronaldo Abel Repetur se sumó a la conversación y manifestó: “Las obras sociales, en general, permitían cuatro prestaciones mensuales, y en este momento solo una, por ley, por el código COVID, lo que quiere decir que le cobra al beneficiario algo que a nosotros no nos paga”.

Los inconvenientes con las obras sociales no son novedad, pero la situación actual, coronavirus de por medio, los volvió a poner sobre el tapete. “Galeno paga a los noventa días; Medicus, a los ciento veinte; solo dos o tres abonan dentro de términos aceptables, lo que sería unos sesenta días. En la actualidad, el setenta por ciento recién está saldando lo correspondiente a enero”, apuntó Repetur.

A esto se suma que los insumos que se utilizan son, en su mayoría, importados, lo que acarrea una revalorización continua según el patrón dólar, es decir que, desde marzo, los aumentos fueron del cien por ciento o más.

Además, están los problemas relacionados con la importación, ya que en la actualidad es prácticamente nula. “Va a llegar un momento en que no habrá agujas, anestesia… nada se hace en la Argentina”, aseveró Repetur.

“Queremos que los valores se acomoden a la nueva realidad y se acorten los tiempos de cobro”, sostuvo Volpi, quien completó: “El reclamo es hacia todo el sistema. Entre todos tenemos que buscar una salida, no se trata de echar culpas sino de consensuar. Solicitamos que se contemple un arancel mínimo por región, porque cada lugar tiene, en cuanto a lo económico, su propia realidad. Se trata de que no se firme ningún convenio que sea por debajo de los aranceles éticos de la zona donde se dará la prestación”.

Temis Pari resaltó: “El costo de esta nueva realidad lo debe pagar alguien, el tema es ¿quién lo hace? Evidentemente, como el Estado no lo asume, lo tiene que asumir la obra social o el paciente”. Y agregó: “Con algunas obras sociales se arregló un costo de lo que se llama ‘consulta COVID’, que otras no quieren pagar, y ahí es donde debemos sumárselo al paciente”.

Asimismo, destacó que, a todo lo expuesto, debía agregarse lo referido a impuestos y alquileres, “que no bajaron”. Más allá de que los profesionales pertenecen a la Federación Odontológica de Río Negro, destacaron que los colegas del Círculo Odontológico Bariloche coindicen en el reclamo.

Christian Masello/ Fotos: Facundo Pardo

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