2020-06-10

TESTIMONIOS EXCLUSIVOS

Vecinos de Villa Mascardi denuncian que continúan sufriendo hechos violentos

Hasta hace unos años, Villa Mascardi era, ya desde el mismo marco natural que la cobija, sinónimo de paz. Pero, a fines de 2017, el lugar pasó a ocupar espacio en medios de comunicación de todo el país como un sitio manchado de sangre.

Así, aquella primavera, en vez del florecimiento colorido que caracteriza a la zona, trajo un pronto deshojar, donde los pétalos caídos representaron una tranquilidad que partió para, hasta ahora, no regresar.

El 25 de noviembre de aquel año, Rafael Nahuel murió a causa de un disparo durante un operativo de desalojo del grupo Albatros de la Prefectura, a dos meses de una ocupación en esa área del Parque Nacional Nahuel Huapi por parte de la que se identifica como comunidad mapuche Lafken Winkul Mapu (LWM), a raíz de que una joven machi (para los mapuches, especie de vínculo entre el mundo de los espíritus y el tangible) llamada Betiana Colhuan (prima de Rafael) lo señalara como sitio sagrado.

Aquel procedimiento de expulsión quedó a medio camino, ya que al poco tiempo volvieron a verse rostros encapuchados.

Cabe resaltar que, en algunas de las pocas edificaciones existentes, habían ocurrido hechos de vandalismo ya con anterioridad, situación que, tras la usurpación, se repitió en varias ocasiones.

Dueños y representantes de las propiedades afectadas hicieron caso omiso a cualquier temor y, desde Buenos Aires, brindaron su testimonio al diario El Cordillerano.

Ruca Lauquen

Perteneciente a la Congregación de los Padres del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram, Ruca Lauquen funcionaba como un campamento educativo. “Estaba abierto a colegios, escuelas públicas, parroquias, scouts”, enumeró el administrador del lugar, Julián Cunha Ferré.

El 8 de agosto de 2019, el lugar fue invadido por un fuego intencional. Al día siguiente, Julián estuvo por última vez allí, para observar las cenizas de la barbarie.


Campamento Ruca Lauquen antes de los destrozos. (Foto: Julián Cunha Ferré)

Ante la noticia de una futura mesa de diálogo que nadie sabe a ciencia cierta por quiénes estará integrada, el administrador se mostró desconfiado: “Apenas salió la noticia, desde la comunidad que está ocupando la zona dijeron: ‘Nosotros no nos vamos a sentar a hablar; no nos van a imponer nada’. La conversación, con ellos, no funciona. Es algo que manifiestan abiertamente: no reconocen al Estado argentino, dicen que son tierras de la nación mapuche… Acá estamos hablando directamente de una cuestión de soberanía”.

El hombre coincidió con la comunidad Lof Wiritray, que administra un camping lacustre en la cabecera norte de la zona, desde la cual, hace unos días, por medio de una carta abierta, se indicó que, hasta 2017, nunca había existido en el lugar “ninguna otra comunidad mapuche, ni asentamiento, ni reivindicaciones territoriales” ajenas a las suyas. “LWM no está ni siquiera registrada en el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI)”, aseveró Julián.

“La familia Nahuel/Colhuan, que es la que organiza todo, está registrada en otra comunidad domiciliada en el barrio Virgen Misionera de Bariloche, donde también ocuparon terrenos que decían que les pertenecían por derecho ancestral”, continuó.

“Me imagino, por sentido común, que no podés pertenecer a dos comunidades, por lo cual nunca registraron la que está ahora en Mascardi. Tampoco podés reclamar dos lugares, por eso no hay ninguna petición legal por esos terrenos y, en cambio, creo que sí existe por los de Virgen Misionera”, expresó.

Julián fue más allá y manifestó: “Si son o no genéticamente mapuches, no lo sé; pero en los papeles no poseen ningún ancestro que haya vivido en la zona, ni un reclamo legal, y no conforman una comunidad frente al Estado argentino, es decir que no son nada”.

El administrador opinó: “Esto es un oportunismo bancado políticamente. Ellos mismos reconocen que tienen contacto permanente con personas del INAI, no solo por teléfono, sino que afirman que los fueron a ver… Un organismo que tendría que ser objetivo se comunica abiertamente con un grupo de delincuentes que, encima, no está registrado en la entidad, ¿qué relación tienen? Acá hay un apoyo político e ideológico del gobierno nacional”.

Más allá de esto, dijo que, en cuanto al accionar durante la anterior gestión presidencial, la situación no tuvo muchas variantes. “Mientras estuvo Macri, al campamento que administro lo prendieron fuego, así que fue lo mismo. En ese momento, después del intento de desalojo, todos eran jueces subrogantes, nadie quería poner la firma; veían para dónde soplaba el viento”.

El hombre también apuntó contra el legislador provincial Ramón Chiocconi: “Se lo vio en varias oportunidades en la toma; ha ido con la camioneta algunos fines de semana, llevó alimento”.

Julián Cunha Ferré, en tanto, se refirió a la actitud hostil de los que se dicen miembros de LWM: “Si bien en lo personal no tuve contacto directo, hubo personas del campamento que salieron a caminar por el bosque, se acercaron a la toma, y esta gente, encapuchada, las amenazó con un cuchillo en la garganta”.

Añadió que, tras el incendio de agosto de 2019, el campamento fue destruido totalmente: “Eran tres cabañas y no quedó nada, solo permaneció en pie un alero, tipo quincho, que robaron durante la cuarentena”.

Sobre cuál sería la solución, el administrador de Ruca Lauquen fue contundente: “Reclamamos el desalojo. Poner seguridad no sirve de nada, ya que habría que disponer de un cuerpo de infantería las veinticuatro horas al lado de cada lugar, para que nadie venga a incendiar o a agredir a la gente. Por otra parte, si reabriera, ¿quién querría venir al lado de la toma?, ¿quién mandaría a su hijo a un lugar así? En cuanto a reconstruir, ¿para qué?, si pongo dos maderas y al día siguiente las prenden fuego”.

“Pedimos que el Estado nacional se haga cargo de los daños, porque nos abandonó, permitió que estas personas hiciesen cualquier cosa”, concluyó.

Cabaña Los Radales

Luis Dates es abogado y dueño de la cabaña Los Radales. Acerca del derrotero de vandalismo sobre su propiedad, contó: “Primero hubo un robo que activó la alarma. Cuando la policía llegó vio que había gente en el interior y, tiroteo por medio, los delincuentes escaparon hacia el bosque. Luego, directamente fueron a prenderla fuego con bombas molotov. La alarma tiene dispositivo de calor y se activó, lo que alertó a los bomberos, pero el lugar quedó parcialmente destruido”.


En Los Radales, un palo embebido en combustible para causar incendio. (Foto: Luis Dates)

Luis concurre de vacaciones a Villa Mascardi desde hace tiempo. Puntualmente, a Los Radales comenzó a ir en 2004, y hace un par de años adquirió la vivienda con la idea de, en un futuro cercano, irse a vivir al sitio que siente como su lugar en el mundo.

“Compramos cuando la ocupación en el predio de Parques Nacionales ya se había producido, justo después del desalojo frustrado”, narró.

Agregó que, “más allá de cortes de ruta y algún hecho puntual donde arrojaron piedras”, la situación parecía estar más o menos calma, hasta el año pasado, cuando los actos de violencia fueron in crescendo.


Los Radales, foto donde se ven las molotov. (Foto: Luis Dates)

“Me llama la atención la maldad con la que actúa esta gente, porque se trata de hacer daño por el daño mismo”, reflexionó.

El letrado destacó el comportamiento y calidad humana de la comunidad de Lof Wiritray, a la que considera lo opuesto de lo que muestran los que hacen llamarse parte de LWM: “A la comunidad del Wiritray, vamos a pasar el día y realizar caminatas; son personas excelentes”, señaló.

El Cordillerano: - Como abogado, desde lo legal, ¿puede entender que la ocupación todavía permanezca?

Luis Dates: - Como profesional, no lo puedo comprender, pero sí entiendo el retardo por intereses que pueden existir, o, más que intereses, temor a actuar, miedo de que haya otra víctima, de que puedan ser tratados de genocidas y perder su carrera judicial por algo que sucediese. Está el ejemplo de lo que pasó con Santiago Maldonado: no sé cuántos peritos afirmaron que el muchacho se ahogó, y todavía hablan de una desaparición forzada… El tema es complejo. La gente que tiene que tomar decisiones está muy condicionada. Pero, en la parte procesal, de aplicación de la ley propiamente dicha, para mí, esto es inexplicable.

E.C.: - ¿Todavía tiene ganas de ir a residir allí?

L.D.: - Sí, espero que el plan no se frustre por el accionar de estas personas. Yo creo que las instituciones van a funcionar, confío en la justicia, y no podemos estar en manos de unos vándalos que hacen y deshacen delante de todo el mundo. Por miedo, no vamos a dejar de lado nuestro proyecto familiar.

La Escondida

John Grehan fue por primera vez a Villa Mascardi en el vientre de su madre, en el verano de 1962, ya que La Escondida es una propiedad con una historia familiar que viene de larga data.

El hombre narró historias que remiten a los orígenes de la creación de Parques Nacionales y las distintas villas que se fundaron para salvaguardar la soberanía a partir de pequeños asentamientos poblacionales que no afectarían el medio ambiente. Explicó que, en 2012, se preocupó porque notó que el lago Mascardi, en el sector donde se encuentra su vivienda, parecía haberse transformado en un balneario público. “Es un lugar donde se puede pasar el día, pero no realizar el desastre ambiental que llevaron a cabo”, dijo.


La escondida antes de los destrozos. (Foto: John Grehan)

“Los guardaparques habían liberado la zona y la gente venía a mi propiedad y a los terrenos de al lado a buscar leña, hacían sus necesidades, robaban los postes de alambrado para prender fuego”, siguió.

Después, hizo una línea de tiempo donde sus reclamos ambientales se cruzan con hechos vandálicos: “En diciembre de 2014 presenté un recurso de amparo ambiental contra Parques Nacionales. Lo que quería, y quiero, es que ahí no se pueda acampar ni hacer fuego. En mayo de 2015, justo el mismo día que un juez subrogante dio un primer fallo en contra de mi presentación, relacionado con la legitimidad para hacer el reclamo, incendiaron mi casa. Apelé y la Cámara de General Roca me dio la razón. Luego hubo un segundo fallo en contra de lo que solicitaba. Volví a apelar y otra vez la Cámara me dio la razón, en mayo de 2017, por lo que se emitió una orden judicial a Parques Nacionales para que se atendiera el ambiente como correspondía. Después se produjo la toma”.

El propietario de La Escondida cree que todo está relacionado: “Se usa el lugar como balneario, soy yo el que hace el reclamo, es mi casa la que se quema, y es al lado de mi propiedad donde se produce la ocupación… No creo tener tanta mala suerte, resulta evidente que no se trata de coincidencias. Tendrá que ver con el deseo de hacerse con esa costa; debe haber intereses políticos vinculados con el negocio de tierras y/o con favores a toda esta gente”.

John reflexionó: “Si uno controla Villa Mascardi domina el acceso a Tronador camino a Chile, donde no hay una ruta automovilística, pero sí un paso fronterizo”.

Y a la hora de especular, sus sospechan van también hacia el municipio y la Provincia: “Mascardi está a una distancia apenas mayor que la que hay del centro de Bariloche a Llao Llao, y la Bustillo está saturada, así que si Bariloche creciera hacia el lado de Mascardi, municipalmente, sería un negocio interesante a nivel impositivo y de tierras; y también serviría provincialmente. Habría para repartir entre todos”.


La Escondida, ya destruida. (Foto: John Grehan)

La Escondida también está usurpada, y John, cierta vez que acudió a ver en qué estado se encontraba la propiedad, tuvo una experiencia desagradable. Debió huir mientras lo perseguían encapuchados con palos en las manos.

“Hay toda una movida que desconoce al Estado argentino en la Patagonia, a la que esta gente es funcional”, sostuvo.

Sobre la pérdida de la vivienda ocasionada por el incendio, aseveró: “Yo soy medio desapegado de las cosas… Quedan las fotos, los recuerdos… Lo que a mí me afecta, más que lo personal, es lo disparatado de la situación. Me duele que se bastardee a la República. Esto es inconcebible”.

John, que sabe de dolores, y como ejemplo baste decir que un hermano falleció en el ataque a las Torres Gemelas (“estaba trabajando y lo atropelló un avión, así, de una…”), concluyó: “Espero que la justicia haga lo que tiene que hacer, y el Poder Ejecutivo lo mismo, pero no lo hacen, y eso me mantiene con bronca”.

La respuesta del legislador Ramón Chiocconi

Al ser consultado respecto a las manifestaciones de Julián Cunha Ferré, Ramón Chiocconi se mostró sorprendido, ya que garantizó que, tras haber estado en la jornada posterior al intento de desalojo, no había regresado. “Al día siguiente de que mataron a ‘Rafita’ Nahuel fuimos con el juez, la fiscal, abogados, el obispo… Desde esa vez, no volví al lugar”, sostuvo.

Sobre aquella ocasión, quien era entonces concejal recordó: “En realidad, en aquel momento me convocaron como médico, porque decían que había personas heridas. Cuando llegamos nos encontramos con familias… mujeres, chicos, cuatro o cinco varones adultos. Eran personas comunes alrededor de un fogón, con un par de bolsas que parecían de comida. Me han preguntado si vi armas o algo así y no, no vi nada. Estaban tranquilos, aunque angustiados y preocupados por lo que pasaba. Acababan de matar a una persona que había estado con ellos hasta el día anterior… se encontraban tristes, desde ya”.

En cuanto a la gente que tuvo que asistir, el legislador rememoró: “Eran dos personas. Me dijeron que habían recibido los balazos desde atrás, lo que era compatible con lo que observé”.

Cuando se le preguntó si entendía el motivo por el que los ocupantes se habían instalado en ese sitio, Chiocconi contestó: “Sí, lo comprendo, no excede a lo que pasa a lo largo y ancho del país. Hay reclamos territoriales que tienen unos ciento cuarenta años. Desde las distintas campañas al desierto, sobre todo de la última de Julio Roca, el Estado argentino ocupó territorios que después distribuyó entre pocos. Muchas de las personas que vivían en ese lugar fueron llevadas a Buenos Aires y distribuidas en distintas familias para trabajar. La demanda por las tierras persiste”.

En cuanto a lo que se aprecia en Villa Mascardi, donde integrantes del pueblo mapuche que tradicionalmente están en la zona dicen desconocer a los recién llegados, dijo: “Yo no soy quién para opinar sobre eso… Tiene que haber una mesa de diálogo donde se escuchen todas las partes”.

Christian Masello

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