2020-05-27

CULTURA

Las grietas y la pandemia

¿Cuántos como yo no se ilusionaron con el fin de la maldita grieta que divide políticamente a los argentinos, aquel 19 de marzo en que el presidente Alberto Fernández anunciaba la instauración de la cuarentena nacional, rodeado por los máximos dirigentes provinciales de cada partido político nacional? Parecía que venía un nuevo país donde no solo la dirigencia política sino toda la dirigencia en general se encaminaba a un gran abrazo fraterno y solidario para luchar contra ese “enemigo invisible” que amenazaba nuestra existencia.

¿Cuántos como yo no se ilusionaron con el inicio de un tiempo de unión nacional en paz, armonía y solidaridad social, en aquellas templadas noches de marzo, al ver a nuestros vecinos salir a la ventana y balcones de sus casas para aplaudir a nuestros “héroes” en esta guerra, los agentes de la salud?
Muy pocos sin dudas.

“De acá saldremos mejores”, pensó como yo seguramente la mayoría.

Pero como todo sueño duró muy poco y no tardamos al despertarnos, en ver que aquello era una fantasía. Una expresión de buenas intenciones, pero no tan buenas (parafraseando a Guido Kaczka).

De la unión nacional pasamos a cerrar fronteras provinciales, vallar accesos a ciudades y hasta fajar puertas de camiones de transportistas para impedirles a los choferes bajar de sus camiones en las estaciones de servicio, ni siquiera para ir al baño, por temor al contagio de coronavirus.

Del aplauso homenajeante a los médicos pasamos a imputarlos penalmente y pegarle carteles en sus puertas y ascensores de edificios exigiéndoles que se vayan a vivir a otra parte, por temor al contagio de coronavirus.

Del apoyo político cerrado a la cuarentena pasamos al “anticuarentenismo” como nueva expresión de la grieta política que pretende seguir manteniendo vigente la división de los argentinos.

La eterna dicotomía del “ellos” y “nosotros” se muestra inconmovible. Solo nos da, de cuanto en cuanto, pequeños respiros ilusorios que duran cada vez menos tiempo.

“De lo más alto a lo más bajo de la sociedad se crea un clima de desconfianza mutua, recelo y competencia a degüello y, en medio de ese clima, las semillas del espíritu colectivo y de la ayuda mutua se asfixian, se marchitan y decaen”, afirmaba el gran filósofo Zygmunt Bauman en su ensayo póstumo “Síntomas en busca de objeto y nombre” (editorial Seix Barral).

Cada vez estoy más seguro que esa “nueva normalidad” de la que tanto se ha hablado no llegará nunca. Por lo menos con las bondades que la había imaginado. Se muestra la vuelta a la vieja normalidad. De acá dudo que salgamos mejores.

Pablo Gustavo Díaz
Consultor en marketing político

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