¿QUÉ SERÁ DE…? Guillermo Alder, campeón argentino de esquí de fondo en varias categorías
El barilochense obtuvo el certamen nacional en diversas categorías en una época donde todo era cuesta arriba para este deporte. Fue uno de los representantes argentinos en los Juegos Olímpicos de Francia en Albertville en 1992.
Nacido en Bariloche el 16 de septiembre de 1971, Guillermo Alder cursó sus estudios primarios en la escuela 266 y los secundarios en la Escuela Nacional Técnica N° 1 “Jorge Newbery”. Es ingeniero en Alimentación, carrera que cursó en Mendoza. Hijo de Ricardo Tadeo Alder y María Angélica Urtubey, tiene cuatro hermanos más, Anahí, Luz, Inés y Maite.
El esquiador tuvo tres hijos con Mariana Benito, su pareja; Catalina, Olivia y Francisco. Hoy con 48 años y una serenidad que siempre lo ha marcado, cuenta: “arranqué a esquiar en el Club Andino Bariloche, con los Traganieves y en el esquí alpino, y después de un año sin esquí, en 1981 el Club Andino había armado la escuela de esquí de fondo y ahí estábamos con una camada de chicos, porque ya había algunos esquiadores. Recuerdo que estaba Diego Ojeda, Federico Wisnes, Carlos Bravo. Recuerdo que nuestro primer entrenador fue Gino Pértile y luego siguió Chiqui Barata. Para nuestra familia fue un momento económico complejo, éramos cuatro. Habíamos ido a la base del cerro y se esquiaba en la base del cerro y había una pista detrás del Mountain y mi hermana comenzó y yo atrás”.
Arrancar como se puede
El multideportista barilochense indicó que “al principio me prestaron unos esquíes y no tenía zapatillas, no había mucho material en esa época, mi viejo me armó algo porque además no había para mi número. Yo creo que a esa edad no elegís, te llevan y vas, nosotros además teníamos una previa en el atletismo, con Nicolás Aguirre en el campo del kilómetro cuatro que era la colonia de él, allí conocí a mucha gente. Íbamos a correr los cross country que se hacían al lado del Campo de las margaritas”.
La primera competencia
Alder mete pausa, rememora e indica, “el esquí de fondo, a mi manera de ver, sobre todo en Europa es diferente. En Argentina al no haber grandes pistas, todo te lleva a competir y para que te atraiga, terminás compitiendo. Mi primera competencia fue en el cerro Otto, creo en 1982, era una competencia corta de 2 kilómetros y medio. Ese día para mí fue larguísima, no terminaba nunca, nevaba, la típica, hacía mucho frío, en esa competencia terminé segundo, creo que la ganó Diego Ojeda”.
Su primer campeonato
El deportista local manifiesta que “en 1984 fue la nevada grande, era impresionante la cantidad de nieve por todos lados y ese año llegó Chiqui Baratta que comenzó a ser nuestro entrenador. Ese año hicimos nuestra primera competencia importante, era realmente muy grande, en Ushuaia.
Ese lugar tenía un equipo muy bueno, estaba de entrenador el Chueco Velázquez. Cuestión es que es Club Andino Ushuaia invitó al equipo del Club Andino y semanas antes nos preparamos mejor. Fue el primer campeonato argentino de Cadetes I, la competencia se hizo en la pista Francisco Jerman. Gané esa competencia y logré el campeonato argentino. Luego se hizo el Patagónico y recuerdo que no viajé”.
La llegada de Clemente Arko
Sus memorias se remontan a 1985 y sentencia que “en el verano de 1985 llega Clemente Arko al equipo y nos empezó a dar entrenamientos físicos dos o tres veces por semanas y empezamos a tener una mejor condición física. En el esquí de fondo de hoy, tenés horarios, salidas programadas, seguimiento de los entrenamientos. Antes no había nada. Clemente fue un adelantado para la época porque hacía todo eso. Atleta por atleta preparaba el programa de condicionamiento”.
Un invierno sin nieve
La llega del invierno de 1985 no fue la que todos esperaban. El año anterior había sido un boom, pero ese año no nevó y eso trastocó absolutamente todo. Alder cuenta que “en el equipo estábamos junto a Alicia Ancina, Pedro Usandizaga, Sofía Usandizaga y Gabriel Galiani entre otros. Como no hubo nieve gran parte de las vacaciones de invierno, yo ya había empezado la segundaria, nos fuimos a Chalhuaco y subíamos a la laguna a entrenar porque recién en ese lugar había nieve. Volvimos a viajar a Ushuaia y corrimos en la disciplina Clásico, ya que no estaba todavía la de Patinado, salí segundo, creo que todos andábamos más fuerte y yo perdí por nada, a la vuelta de Ushuaia ya no esquiamos más, porque la verdad que no había más nieve”.
Los entrenamientos
Guillermo Alder insiste en “eso que dije que esquiábamos mucho más fuerte tuvo mucho que ver con el acondicionamiento físico que teníamos.
Nosotros terminábamos de entrenar en octubre y ese mes siempre descansábamos. En noviembre se arrancaba y nos programábamos hasta llegar al invierno, donde meses antes se incrementaba a intensidad. Recuerdo que durante los veranos comenzamos a correr todo. En ese tiempo no hacíamos doble temporada. Hoy mis dos sobrinos, Marcos y Franco Dal Farra, si los comparás con mi época tienen mucho más apoyo y eso es buenísimo, hay que celebrarlo. Antes había eso, era la época, si tenías conducta el rendimiento se iba notando”.
La clasificación a los Juegos Olímpicos
Recuerda el atleta que “en 1991 corrimos para clasificar a Juegos Olímpicos de Albertville 1992 en Francia. En mayores quedé con los puntos en Clásico en el segundo lugar y en Patinado tercero. El equipo estaba integrado por mi hermana Inés, Luis Argel y yo y se sumaron dos chicos de Ushuaia; Diego Prado y Sebastián Menci. Viajamos los primeros días de diciembre a España para poder esquiar un poco más y prepararnos. Hoy los ves a los chicos y cuentan con mucho mayor apoyo, hoy hay mucha comunicación e información. Los pibes tienen 10 pares de esquíes para cada disciplina. Nosotros teníamos uno para cada una de las disciplinas y había que arreglárselas, por eso hay que festejar eso, que el deporte tenga el apoyo necesario”.
Entrenadores que dejaron huella
El barilochense contó que “siempre rescato que Clemente Arko fue un entrenador que preparó mi plan durante 6 años con todas las cosas buenas y malas, pero era un adelantado. Por su parte Gino me enseñó a esquiar. El deporte me dejó muchos amigos, muchos conocidos, hoy me pasa a nivel laboral que ingreso a algún lugar y saludo gente que conozco por el deporte. A nivel personal el deporte me dejó marcado con un orden para el resto de mi vida. Eso me lo enseñó el esquí. Recuerdo en una época me levantaba a las 7 iba al colegio hasta las 12.30, luego al Centro Atómico donde tenía una pasantía y de ahí al Teleférico a entrenar, nadie sabe cómo hacía, pero creo que mucho influía el orden, la capacidad de reponerte en la adversidad”.
“Yo no elegía horario”
Alder es un convencido que hay que poner mucha garra en todo lo que se haga. “hoy analizo mi paso por el alto rendimiento y no había clima feo o lindo, mi plan decía que había que correr una hora y media y había que hacerlo y punto. Yo no elegía el horario, era cuando la escuela y la pasantía en el Centro Atómico me lo permitían y entonces todo eso te enseña a ser ordenado en todos los órdenes de la vida. A veces entrenaba hasta tres veces por día. Y entonces vuelvo al mismo tema, que es bárbaro el apoyo que tienen los esquiadores hoy en día, pero a veces veo falta de tenacidad en ellos, pero no es solo en el orden deportivo es que es parte de esta generación de chicos. No es una crítica, porque a mí también me cuesta enseñarle a mis hijos el sacrificio o lo que significa, porque siempre como padre tratamos de allanarles el camino”.
Gracias a mis viejos
Alder, sobre el final reflexiona y dice “me encantó lo que hice, el deporte me dejó todo, ni se me ocurriría no volverlo a hacer. Con el diario del lunes uno puede decir que modificaría algo. Imaginá que me costó irme a estudiar a Mendoza, porque amaba el deporte. Tengo que agradecer siempre a mis viejos que me empujaron y que me llevaron. Ellos no sabían nada de esquí, pero nos impulsaron y nos alentaron, eso obviamente te das cuenta de lo que hicieron sus padres, cuando sos padre por vos. A Clemente Arko, a Matías Jerman que empujaba todo, laburaba para nosotros, a Armando Ojeda que nos llevaba y que nos traía, es valorable el esfuerzo de muchos que laburaron por el deporte desinteresadamente. Hoy tengo una muy linda familia, mi hija más grande esquía, pero a su ritmo, no le gusta la competencia. La del medio es más competitiva y esquía y juega al hockey. El varón es muy chico”. “Guille” se dedica por completo a su trabajo en diferentes empresas y aprovecha siempre para practicar algún deporte. Se lo puede encontrar en alguna competencia de pedestrismo o simplemente arribando a algún refugio.
Martín Leuful