El creador de la ecoestufa: “Todo empezó porque no queríamos que los chicos del comedor pasaran frío”
EcoManos es un emprendimiento social de triple impacto. Propone soluciones innovadoras a problemas de la comunidad. Pablo Duran es uno de los fundadores. Contó cómo surgió la idea. La sede está en José C. Paz y trabajan en barrios de Bariloche y con la Fundación INVAP.
“Somos personas comunes haciendo cosas”, se define Pablo Duran cofundador de EcoManos, un emprendimiento social que trabaja en los barrios de Bariloche y con la Fundación INVAP, con su destacada y valiosa creación, la ecoestufa. El origen del emprendimiento brotó de forma natural cuando sintió la necesidad de involucrarse en la realidad del barrio en el que vive, José C. Paz, y ayudar.
Pablo conoció la historia de un comedor comunitario de dos adultos mayores que no tenían calefacción al mediodía, cuando los chicos se reunían a comer. “Agarramos lo que teníamos disponible, chatarra metálica y usamos las ramas de poda tiradas como combustible”, recordó Pablo. En la sociedad de fomento diseñó la ecoestufa y a partir de ese momento se abrió un camino impensado. “Nosotros solo queríamos que los chicos no pasen frío”, reconoció.
Pablo empezó a utilizar energías renovables y aplicó los conocimientos que le entregaron los estudios de ingeniería aeronáutica. Y la estufa fue tan buena que los sorprendió. A partir de ese momento tomó forma la idea del emprendimiento porque los pedidos para comprarla se multiplicaban. “La querían porque era muy eficiente y decidimos que debíamos tomarlo como un trabajo”, dijo.
Pero el emprendimiento no fue un emprendimiento más. Las consignas fueron claras desde el inicio. “Dijimos, hagamos estufas porque generan un bien social, económico y ambiental”, recordó y destacó que EcoManos trabaja en cuatro impactos que delinean su identidad. Además del balance positivo que pretenden, también lo persiguen en la parte social, ambiental y comunitaria.
El emprendimiento no solo se enfoca en la venta de la ecoestufa. También recorren el país enseñando a construirla en comunidad con la idea de que todos los interesados hagan su aporte. “Es un rompecabezas”, definió.
La creación de Pablo y su equipo sirve para calefaccionar y para cocinar, porque tiene una plancha que levanta 400 grados. Y también para poner una olla para calentar agua y asearse. Contó que “es una realidad en muchos barrios. A veces los chicos no van a los cumpleaños porque no se pueden bañar”. No se usa leña como combustible. Ramitas, piña, palets, cajones de madera, pasto seco. Y tiene más del 82 por ciento de eficiencia térmica.
Con la cantidad de madera que tiene un palet, se pude calefaccionar una casa chica durante 4 o 5 días. “Es muy eficiente”, resaltó. Además, es muy segura porque el monóxido va al exterior, y no genera humo. “Es reparable y reciclable”, sumó al recorrido de virtudes.
Las ecoestufas se venden en Argentina y Uruguay. Para Pablo es importante que la base continúe en el barrio y que permita generar trabajo. Contó que están trabajando en distintos barrios de Bariloche y desea establecer una base para potenciar el trabajo.
“Somos personas comunes haciendo cosas”, repitió y agregó: “somos una generación que tiene que dejar algo”, que sea el buen hábito de compartir.
Daniel Pardo