COVID-19 Y LA ALIMENTACIÓN
Más que nunca se impone necesidad de crear hábitos saludables
El actual brote de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) cambió la vida de la sociedad argentina y en el resto del mundo. El encierro obligatorio ya pesa en la psiquis de las personas. Hay temor al momento de transitar por la vía pública. Además existe la tarea de tener el pertinente cuidado al realizar compras de alimentos y bajo el proceso de una economía casi paralizada.
Para muchas personas, el desempleo y la pérdida de ingresos hacen que comprar alimentos suponga una mayor presión económica. Aunque, de manera comprensible, muchos padres y madres están recurriendo a platos preparados y productos procesados para alimentar a su familia de forma rápida y barata, hay alternativas prácticas, asequibles y saludables.
UNICEF indica que se debe recurrir a distintos recursos para alimentar a los hijos siguiendo una dieta variada y nutritiva que favorecerá su crecimiento y su desarrollo y, a la vez, contribuirá a establecer hábitos de alimentación saludables.
1) Seguir comiendo fruta y verdura: comprar, almacenar y cocinar verdura fresca puede ser difícil durante un aislamiento, especialmente cuando se recomienda a los progenitores limitar las salidas del hogar. Sin embargo, en la medida de lo posible, es importante asegurarse de que la dieta de los niños incluya una cantidad suficiente de frutas y verduras.
Siempre que se tenga la oportunidad de conseguir productos frescos, hay que hacerlo. La fruta y la verdura, además de poder ingerirse fresca, también puede congelarse, y conserva gran parte de su sabor y nutrientes. Si se utiliza verdura fresca para cocinar sopas, caldos u otros platos en grandes cantidades se conseguirá que duren más y se obtendrán distintas opciones para varios días. Además, también se puede congelar esos platos y recalentarlos rápidamente.
2) Si no encuentran productos frescos, sustituirlos por alternativas saludables, como los alimentos deshidratados o en conserva: Los productos frescos son, casi siempre, la mejor opción, pero cuando no están disponibles hay muchas alternativas saludables que se pueden almacenar y preparar fácilmente.
Los frijoles y garbanzos en conserva aportan abundantes nutrientes, pueden almacenarse durante meses e incluso años, y se puede incluirlos en platos de diversas formas. El pescado azul en conserva, como las sardinas, la caballa y el salmón, son ricos en proteínas, ácidos grasos omega 3 y una variedad de vitaminas y minerales. Utilizarlos en frío, como, por ejemplo, en sándwiches, ensaladas o platos de pasta, o también añadirlos a platos calientes.
Las verduras en conserva, como los tomates, suelen contener menos vitaminas que los productos frescos, pero son una buena alternativa si cuesta encontrar productos frescos o verduras congeladas.
Los alimentos deshidratados, como los frijoles, las legumbres y los cereales deshidratados, como las lentejas, los guisantes partidos, el arroz, el cuscús o la quínoa, también son opciones nutritivas y duraderas que, además, son sabrosas, asequibles y sustanciosas. Los copos de avena cocinados con leche o agua son una opción excelente para el desayuno, y se puede condimentarlos con yogurt, fruta troceada o pasas.
3) Mantén reservas de aperitivos saludables: los niños suelen necesitar uno o dos refrigerios a lo largo del día para mantenerse activos. En lugar de darles dulces o aperitivos salados, optar por opciones más saludables como frutos secos, queso, yogur (preferiblemente, sin azúcar), fruta troceada o deshidratada, huevos cocidos u otras opciones saludables disponibles en tu zona. Estos alimentos son nutritivos, sacian más y contribuyen a crear hábitos saludables para toda la vida.
4) Limitar los alimentos muy procesados: aunque no siempre será posible utilizar productos frescos, intentar limitar la cantidad de alimentos muy procesados. Los platos preparados y los postres y refrigerios envasados suelen tener un alto contenido de grasas saturadas, azúcares y sal. Si se compran alimentos procesados, mirar la etiqueta e intentar elegir opciones más saludables que contengan una menor cantidad de esas sustancias. Tratar de evitar las bebidas azucaradas y, en su lugar, beber abundante agua. Una buena forma de aportarle más sabor al agua es añadirle frutas o verduras, como limón, lima, rodajas de pepino o frutos rojos.
5) Que cocinar y comer formen una parte importante y divertida de la rutina familiar: Almorzar o cenar todos juntos es una forma excelente de crear rutinas saludables, fortalecer los lazos familiares y divertirse. Siempre que sea posible, invitar a los hijos a participar en la preparación de la comida, los más pequeños pueden ayudar a lavar o a organizar los alimentos, mientras que los mayores pueden asumir tareas más complejas y ayudar a poner la mesa. En la medida de lo posible, intentar horarios fijos para sentarse con la familia. Este tipo de estructuras y rutinas pueden contribuir a reducir la ansiedad de los niños en estas situaciones de estrés.
6) Lactancia materna: La leche materna sigue siendo una excelente opción de alimentación para los niños de entre 6 y 24 meses. Las mujeres que padecen COVID-19 pueden seguir amamantando a sus hijos si lo desean. No obstante, deben cuidar la higiene respiratoria mientras lo hacen, llevando una mascarilla siempre que puedan, lavándose las manos antes y después de tocar al bebé y limpiando y desinfectando repetidamente las superficies que hayan tocado. Si no se encuentran lo suficientemente bien para amamantar a causa del virus o de otras complicaciones, las madres deben contar con ayuda para alimentar a sus recién nacidos con leche materna de la mejor forma posible. (Fuente: UNICEF)