2020-05-06

¿QUÉ SERÁ DE…? Manolo Bustos, el talentoso campeón argentino de esquí

“Manolo” Bustos, es otro de los que integra la lista de esos deportistas talentosos que le dieron mucho a nuestra ciudad. Fue campeón argentino de esquí y viajó a una olimpíada, fue campeón nacional de kitesurf y en el enduro obtuvo un certamen patagónico.

La vida no fue todo color de rosas para el esquiador, perdió a su padre y a su madre en dos años y en pleno apogeo de su carrera decidió dejar la competencia.

Querido en todos los ámbitos por donde pasó, Carlos Manuel “Manolo” Bustos integra la pequeña lista de esos deportistas talentosos que se han destacado en cuanto deporte han practicado. A Manolo se lo recuerda mucho en el ambiente del esquí, allí dejó huella, dentro de los trazados y fuera de ellos. Dentro por haber ganado varios campeonatos argentinos y fuera por su honradez, generosidad y bondad de compartir su sapiencia y experiencia deportiva.

Luego se subió al kitesurf y logró un campeonato nacional en la clase Course Race y se quedó con un Certamen Patagónico de Enduro. Hoy su vida transita entre su hija, su trabajo y en estos últimos años le tomó el “gustito” a la escalada de montaña, algo que lo hace escaparse de tanto en tanto.

“Manolo” Bustos, nacido en Bariloche el 6 de junio de 1974, es hijo de Carlos Bustos e Isabel Moreiras, dos reconocidos periodistas que tuvo nuestra ciudad. Tiene un hermano menor, Fernando, y curso sus estudios primarios en la escuela 16 y los culminó en la escuela 298 de Melipal. El colegio secundario lo hizo en el CBU 2 de Melipal. Tiene una hija, Ema, de 15 años. Bustos luego terminó las carreras de Contador y de Administración de Empresas. Hoy está dedicado a la construcción.

Sus inicios

El deportista comienza a contar su historia e indica que “arranqué en el Club Andino Bariloche a los cuatro años, con los traganieves, mi papá tenía un programa que se llamaba Panorama Invernal y entonces tenía un canje con el club. Él llegaba al cerro, veía las carreras, tomaba nota de los resultados, se tomaba un colectivo e iba hasta el centro y de allí a Radio Nacional con otro colectivo para hacer el programa y tener todas las competencias. En resumidas cuentas seguí en el Club Andino hasta los 8 años y le dicen que no podía hacer más ese canje entonces se lo ofrece al Ski Club y le dijeron que sí. Fue entonces cuando arranqué en el que finalmente fue mi club de toda la vida, empecé a los 11, hasta mi retiro que fue a los 23 años”.

Comenzar a ganar

En su exitosa trayectoria deportiva “Manolo” Bustos fue campeón nacional en Cadetes I y Cadetes II, también en juveniles y en mayores, en diferentes especialidades logró los títulos nacionales desde 1994 hasta 1996. “Recuerdo que en 1996 me encontraba entre los 200 en el mundo, pero en todas las disciplinas, slalom, gigante, super G y descenso, era muy bueno para mí. Teníamos resultados y en el club lo pasaba muy bien, tenía de compañeros a Roy Madsen, Mariano López, Alastair Whewell, Walter Luzzardi, por el lado de las chicas, que eran menores que nosotros, estaban Carola Calello que ya venía ganando todo y Dominique Ezquerra le seguía los pasos”.

Nace el equipo rionegrino, salvación de muchos competidores

Nadie duda en el ambiente del esquí que en esa época los competidores contaron con poco o casi nulo apoyo. Muchos pudieron “zafar” cuando se creó el Equipo Rionegrino que cobijó a varios que buscaban esa ayuda necesaria para realizar las dobles temporadas. Bustos cuenta que “dentro del club comencé a avanzar y en 1993 se crea el equipo rionegrino, esto obviamente fue obra de Walter Luzzardi padre, sin esa ayuda yo creo que no hubiese podido continuar. Había camperas, pases, había apoyo. Durante esa época que fue en 1995 y 1996 fui a Copa Europa y Copa del Mundo. Me iba con el equipo andorrano ya que desde la Federación no había mucho apoyo, todo se conseguía a través de la Federación Rionegrina, en realidad era todo por Walter Luzzardi. Lo que dolía en esa época es que mi papá había hecho mucho, por ejemplo juntaban dinero para los esquiadores para sus viajes y era a través de la radio, inclusive para hijos de dirigentes del esquí en ese entonces. En mi caso, sino hubiese sido por el equipo rionegrino yo no hubiese podido competir, fue una época donde se descuidó mucho a los competidores”.

Entrenadores que dejaron huella

Manolo Bustos se detiene y detalla: “tuve muchos entrenadores, todos dejaron su marca. En cadetes lo tuve a Alejandro Delgado, después a Huguito Francioni, Julio Fernández, Nicolás Van Ditmar, Lile Enevolsen, todos ellos me enseñaron, me dejaron algo bueno. Luego tuve algún entrenador italiano y después tuve otros con el equipo andorrano. Fueron 13 años compitiendo, paré cuando mi papá había fallecido, que fue en 1994, seguí en 1995, y recuerdo que en 1996 fue una temporada mala en cuanto a nieve, y a finales de ese año, muere mi mamá, yo tenía 23 años, mi hermano era menor y había otras cosas o prioridades, poco apoyo, fue un combo de cosas”.

Si uno se lo propone, se llega

Es la frase de Manolo Bustos, un tipo capaz de realizar cosas que para muchos de los mortales son casi inalcanzables. “La verdad es que el deporte me hizo conocer el mundo, recorrí Europa, Estados Unidos, conocí otras personas, otras culturas, a uno lo capacita mucho mejor. Creo que si uno se lo propone, lo puede hacer. Fueron épocas difíciles para mi juventud, porque yo veía que mis amigos salían y yo me tenía que acostar temprano porque al otro día tenía que levantarme para entrenar, en vez de comer algo, tenía que comer otra cosa porque era mejor y dentro del esquí sos vos solo, y tiene la ventaja que te va fortaleciendo psicológicamente ya que es un deporte individual. A veces injusto porque entrenás mucho tiempo para un minuto y medio o dos de competencia, donde no puede haber errores. El esquí es eso, mucho sacrificio para no más de dos minutos, donde una falla, hace tirar todo por la borda. Yo después competí en moto o en kitesurf y tenía un error, y después un montón de tiempo para corregirlo y entonces me parecían más fáciles, en el esquí eso no pasa”.

Campeón de kitesurf y enduro

Manolo Bustos cuenta que “en 1998 me compré una moto y anduve hasta el 2002, después la dejé y la volví a agarrar en 2007 que me propuse competir y terminé en el 2010 como campeón patagónico de la categoría Junior”. El Certamen Patagónico de Enduro llegó a reunir más de 300 máquinas en algunas fechas, el campeonato estaba pactado a 10 encuentros y recorría diferentes localidades. Bustos recuerda que “era costoso, tenías que viajar, arreglar la moto porque en cada carrera algo se rompía. Después de ese certamen que gano, me dediqué al kitesurf y en 2012 comencé a seguir el certamen argentino, fueron 6 fechas y en 2012 consigo el campeonato en la categoría mayor, la Course Race”.

El esquí de ayer y el de hoy

Carlos Manuel Bustos (h) dice “muchas cosas cambiaron, la comunicación es una de las principales. Hoy un competidor se puede contactar con el número uno del mundo. Hoy internet te da la posibilidad de tener elementos para entrenar, métodos de entrenamientos, métodos de alimentación para el deporte, con muchas cosas. En cuanto a la competencia en Argentina sigue siendo algo caro, hoy los competidores corren porque tienen un padre que los puede bancar, por ahí no es el mejor, pero es el que puede. Muchos de los que no pueden, por ahí son muy buenos, pero no tienen los recursos. En cuanto a los materiales y entrenamientos evolucionó todo y todos. Hoy además está muy bueno el abanico de posibilidades. Se puede correr en freestyle, freeride, y otras disciplinas y al corredor le permite elegir lo que más le interesa”.

“Gracias a mi familia”

Manolo Bustos reflexiona, piensa y luego sentencia “si tuviera que transitar mi vida nuevamente lo haría igual. Tendría que agradecer a mi viejo y a mi mamá por haberme enseñado, a mi hermano por haberme acompañado y porque me enseñaron la ética y la moral y lo importante de ser una buena persona. A la vida misma por las oportunidades que tuve y a Walter Luzzardi (padre) por el enorme apoyo que me dio siempre. Pienso que mi papá llegó a los 20 años, era guía y un día lo invitaron a un programa de radio. Le gustó la radio y empezó. El esquí era un ambiente que no conocía, era un paisano, no sabía esquiar y lo apasionó el deporte. Siempre apoyaba todas las iniciativas y vio en mi potencial. Por suerte me vio salir campeón argentino en 1993, porque el muere en el verano de 1994, justo en el momento de las olimpíadas de Noruega. Luego llegaron las olimpíadas en Nagano en 1998 y yo no estaba entrenado y decidí no ir, por lo mismo que renegué siempre, que no me gustaba que vayan a pasear y no quería hacer lo mismo que criticaba. Cuando dejé el esquí, que me dio un montón, lo dejé amargado, estaba renegado por el no apoyo. Hice el curso de instructor nacional en 1993 y después entrené un par de años a chicos, pero era empujarlos a que no llegaran a nada, porque los entrenás para que un día vean que es imposible. Luego competí para los militares desde 1996 hasta 2010”.

La anécdota

Manolo Bustos, sobre el final cuenta que “en 1996 voy a correr dos supergigantes de Copa Europa en Altenmarkt, Austria, era el lugar de residencia de Hermann Maier que no estaba en el equipo de ese país porque lo habían sacado unos años antes. Cuando lo sacan, se pone a trabajar duro de instructor de esquí y en la construcción y en los momentos que podía entrenaba. Volviendo a la competencia, como era del lugar le permiten correr.

Largaba mucho más allá del 30. Bajo yo y quedó sexto, a menos de un segundo del primero, fue el resultado de mi vida y confirmaba mis 8 puntos FIS en la especialidad. Baja Maier y queda primero por un segundo y medio arriba, chau mis puntos y mi ranking. Al otro día bajo igual de bien y quedo séptimo a menos de un segundo del primero. Todo era alegría nuevamente para mí. Baja “Herminattor” y de nuevo gana por más de un segundo. Ese año por haber ganado en su lugar y en otras más se vieron obligados a incorporarlo al equipo austríaco. Ganó dos medallas olímpicas y tres campeonatos del mundo, cuatro generales de la Copa del Mundo y tuvo 54 victorias en el esquí alpino”.

Martín Leuful

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