María Cristina Gauna, triple campeona argentina de lanzamiento de jabalina
Fue parte de una época dorada dentro del atletismo y del deporte barilochense. La atleta local obtuvo tres certámenes nacionales en categoría menor, juvenil y mayor. Dos de ellos fueron en el mismo año. Hoy jubilada, cuenta su historia.
Que el atletismo dejó una huella imborrable, de eso no hay dudas. Muchos de los viejos barilochenses recuerdan una seguidilla de campeones argentinos que salieron de nuestra ciudad, la cantera era inagotable y la disciplina dejó una huella muy profunda y en ella varios nombres escritos, uno de ellos fue el de Mary Gauna.
Nacida el 30 de agosto de 1957 en Bariloche, María Cristina “Mary” Gauna, es hija de Antonio Ignacio Gauna y María Luisa Salvo. Con 62 años, es la segunda de cuatro hermanos. El mayor, Antonio, y luego de Mary siguieron Lidia Esther y Jorge Omar. Cursó sus estudios primarios en la escuela 16 y los secundarios en el ex Colegio Nacional Ángel Gallardo. Luego se recibió de profesora de Educación Física en el Instituto Provincial de Educación Física de Viedma (IPEF).
Durante la primera mitad de la década del 70 tuvo su época gloriosa y la destacada joven barilochense estuvo en su esplendor. Se quedó con el certamen nacional menor, juvenil y mayor, todo esto casi sin escalas.
Gauna, pausada, rememorando y con una voz que transmite paz, dice “creo que comencé corriendo con Carlos Santillán, él nos llevaba a correr.
Luego fue con Mario Lobbia, que era un kinesiólogo. En esa época ya estaban Tito Ferrería, Marita González, los Muena, el ‘Chino’ Novak, Isabel Ahumedes, que era una velocista de primera”.
Bertino, el descubridor de los intercolegiales
Mary Gauna cuenta, “a mí me descubre Juan Carlos Bertino. En esas épocas se hacían los intercolegiales y la verdad es que eran batallas, había que ganar sí o sí. El Colegio Nacional venía perdiendo contra el Colegio Comercial y Bertino nos dice que había que participar de algunas pruebas más y quién se animaba. Nos hicieron correr los 1.500 metros y nos dicen que había que lanzar jabalina. Yo no tenía idea y nos dan una jabalina de caña colihue y entre el lanzamiento entre una y otra nos iban explicando cómo se hacía. La cuestión es que logro ganar en el lanzamiento y el Colegio Nacional gana ese intercolegial”.
Rumbo al provincial
Gauna continúa su relato diciendo que “al haber ganado el intercolegial, nos ganamos el derecho a ir al provincial que se hacía en Ingeniero Jacobacci. Era la primera vez que yo viajaba, ni siquiera hablaba, era muy tímida, salí de un barrio, de una familia humilde, era así. Allá nos alojaron en casas de familia y a mí me toca justo en la casa de una familia donde la chica lanzaba la jabalina. En el intercolegial yo había hecho una marca de 16 metros, tenía 14 años y era de categoría menor. La chica de la familia me cuenta que ella lanzaba 25 metros. Yo pensé que me iban a ganar, inclusive no comí esa noche y al otro día le cuento a Bertino y él me dice ‘en la cancha se ven los pingos’. La cuestión es que logro ganar la prueba y lanzo 25 metros (risas), la segunda, que no me acuerdo de dónde era, marcó 13 metros. Todos se sorprendieron por la distancia con mi caña colihue”.
Erna Bernstrup, su mejor instructora
La exatleta barilochense Mary Gauna sentencia que “cuando regreso a Bariloche me empieza a entrenar Erna Bernstrup, me daba mucho la técnica, ella sabía mucho, fue mi gran profesora. Yo tenía muchas ganas de seguir con ella, en ese tiempo llega a Bariloche Nicolás Aguirre, que venía de Boca, de entrenar a mucha gente y con mucha experiencia. Ese año nos mandan en las vacaciones de invierno a entrenar al club Gimnasia y Esgrima. Era un grupo grande, estaba Hugo Muena, Tito Ferrería, Marita González, Gabriela Wente. Ese entrenamiento era como una especie de beca. Todas las vacaciones estuvimos allí y nos enseñaron realmente a entrenar. Cuando llegamos nos fuimos ubicando en diferentes casas de familia, yo tenía unos parientes ahí y me acompañaban, porque teníamos que ir todos los días”
De la caña colihue a la jabalina de metal
La ex campeona nacional Mary Gauna explica que “nunca me voy a olvidar el primer día, nos sacaron a correr, no te puedo explicar, llegamos muertos. Nos hicieron correr muchos kilómetros, y esa era la entrada en calor. Luego elongamos y luego nos empiezan a dar una rutina de ejercicios.
En el comienzo ni vi la jabalina, fueron todos días de muchos ejercicios. Un día me mandan a buscar la jabalina, era un lugar donde estaban todos los elementos de atletismo. Comencé a buscarlas y no las encontraba. Un señor que estaba ahí me preguntó que buscaba, yo le dije que quería las jabalinas y me dijo que estaban al lado mío, paradas. Mi sorpresa fue muy grande, eran jabalinas de aluminio, yo solo conocía las de caña colihue que usábamos acá, muy paisanos todos”.
Llegó el primer torneo importante
Gauna continúa su relato diciendo que “la evaluación de esos quince días por parte de Gimnasia y Esgrima fue el certamen metropolitano donde estaban los mejores de la provincia. Nos vistieron con las camisetas de club y fuimos a competir a Lomas de Zamora. Cuando llego con las que lanzaban jabalina, todas medían el doble que yo, cuando lancé todos me empezaron a mirar distinto, había ganado y mi marca era de 35 metros, todo había mejorado con la técnica y con la jabalina, no tenía ni zapatos con clavos, por poco creo que no tenía alpargatas”.
Gran marca y otro certamen nacional
La profesora de Educación Física, Mary Gauna, indica que “al poco tiempo, con esa marca, tenía el campeonato argentino de menores en Santa Fe, así que viajo. Llegaba la tapada, no me conocía ni el loro y gano el Certamen Nacional de Menores con una marca de 38 metros, nadie lo creía, ni yo.
Con esa victoria clasifico al Sudamericano que se iba a hacer en Comodoro Rivadavia. Me acuerdo que allí estaba la pista de atletismo más linda de la Argentina, era como una especie de brea con las conchillas de mar molidas, era de la Fuerza Aérea y tenía todas las medidas reglamentarias. No hice buenas marcas y quedé cuarta. Era mi primer año en la categoría juvenil y las chicas era mucho más grandes que yo. Luego volví a ganar el Certamen Nacional de Mayores y viajé al Sudamericano de Lima, donde quedé séptima, ese día me dolía mucho una pierna”.
El último torneo
Gauna sentencia que “yo sabía que tenía un torneo pendiente que se hacía todos los años, el Torneo Internacional de Primavera. Un día viene Aguirre y habla con mi mamá que tenía que volver a entrenar. Yo estaba en mi postura de que no. Unas semanas después, volvió a insistir y dije que sí.
Viajamos en el colectivo y no nos hablamos en todo el viaje. Cuando llegamos nos encontramos con Lanata, que en ese momento era el presidente de la Confederación Argentina y me pregunta por qué no había ido al Sudamericano. Entonces le digo ‘pregúntele al señor’. Sé que tuvieron una reunión bastante acalorada ese día. Ese certamen hice una marca de 42,60 metros, con esa distancia hubiese ganado el Sudamericano. Cuando retorné a Bariloche, Laurita Soria, me había dicho que quería que le enseñara a lanzar la jabalina, le enseñe hasta que me fui a estudiar a Viedma. A Laura una vez le dije que iba a ser la próxima campeona argentina y no me equivoqué, tenía mucho potencial”.
Viedma, una nueva etapa
Gauna recuerda que “yo vengo de una familia con escasos recursos, cuando viajé a Viedma iba con todas las intenciones de obtener una beca y en la previa fui la mejor, así que me dieron la beca, que era alojamiento y comida, y por eso pude estudiar. Luego terminé siendo la mejor alumna de esa promoción, mejor promedio y mejor compañera. Durante el último año de mi carrera, en el 77, ya con el golpe militar, se intervino el instituto.
Pasamos de la libertad a formar en el patio a las seis de la mañana y nos gritaban ‘firmes’ antes de formar. Teníamos un centro de estudiantes y lo desmantelaron, terminé de estudiar en 1978. Cuando terminé me fui a Buenos Aires, competí en algunos torneos para Gimnasia y Esgrima y para Ferro Carril Oeste. Luego comencé a estudiar kinesiología y me retiré en 1982”.
Pelota al cesto
La ex campeona argentina indicó que “alguna vez en Viedma había jugado a la pelota al cesto y en Buenos Aires comencé a incursionar un poco más.
Conocí a Sara Closas que era la presidenta de la Federación Argentina y me enseñó a dirigir, en Hacoaj. Pasé a ser la mejor árbitra del deporte. En 1985 se hace la reforma del deporte y yo estaba como árbitro. Viajamos a Suiza y de Argentina quedaron las medidas de las pelotas, la medida de la cancha y la altura de los aros. El juego se volvió mucho más dinámico. En 1985 me recibí de kinesióloga y en 1987 tuve un accidente que me dejó postrada en una cama 4 meses. Un auto me atropelló en Libertador y me estalló la pelvis y me rompió la rodilla. Estuve un año sin poder hacer nada. Cuando volví hice el curso de entrenadora de atletismo que dictaba la Secretaría de Deportes.”
La vuelta a Bariloche
Gauna, hace una pausa y rememora la vuelta a su ciudad natal. “Con los cursos que había hecho, pensé que llegaba e iba a poner una escuela de atletismo, pero no pude. Mis intenciones eran la de hacer una escuela municipal de atletismo. Como no pude empecé a llevar adelante pelota al cesto en la Escuela Ramón Giménez y dos veces por semana, fuera de los horarios hacíamos juegos con los chicos del barrio. En ese tiempo, estaban Rubén y Darío Montenegro y les dije que se ocuparan de los chicos con una escuelita de fútbol y yo me ocupada de las nenas con el cestoball. Me contacté con Sara Closa y nos mandó pelotas, una bolsa entera que eran las que utilizábamos. Fueron muchos los años que estuve dando cestoball con las chicas de ese barrio. Algunas veces viajamos, lo que yo quería es que aprendieran cosas en el deporte que le sirvieran para la vida, hacer lo que yo viví con el deporte. En 1996 nuevamente fui convocada por la Confederación Argentina para el primer mundial de cestoball que se hacía en Suiza y viajé junto a las dos selecciones argentinas, fue casi la última etapa, luego me lastimé el brazo y me jubilé. En lo organizativo, hicimos el Campeonato Sudamericano de Mini Cestoball. Llegaron diez delegaciones a nuestra ciudad, me dio una gran mano Chiche Costa y Oscar Espósito, hoy toda la posta la tomaron alumnas mías en el cestoball, Mariana Próspero y Analía Cárcamo”.
El Sudamericano que no fue
Gauna dice con un dejo de tristeza que “en 1975, gano el argentino de juveniles y tenía que ir al Sudamericano. Había aumentado mis marcas, estaba muy bien entrenada, había superado los 40 metros y me seleccionan para el Sudamericano que se iba a realizar en Brasil. En ese entonces estaba terminando quinto año y me iba de viaje de estudios que era en Viedma y viajé atenta a irme con la Selección Argentina. Le aviso a Aguirre, y viajo a Viedma con mis botas de lanzamiento y con la jabalina por si tenía que unirme a ellos, prefería viajar desde allí. Cuando regreso a Bariloche, voy a entrenar, recuerdo que fue en Bomberos Voluntarios porque los días feos entrenábamos ahí, y ese día llovía. Hablo con Aguirre y me contó que en el Sudamericano habían ganado con 40 metros. Me quedé mirándolo y helada. Le dije que habíamos quedado que me iba a avisar y me contestó que él no me iba a andar buscando. En ese momento tenía la mejor marca del país, era candidata a ser la campeona sudamericana. Volví a mi casa, ya había fallecido mi padre y le cuento a mi mamá. Fuimos hasta Bomberos y llevé la jabalina que tenía en casa porque queríamos que nos explique por qué no nos habían avisado. Ese día no nos pudo atender porque estaba mirando un partido de básquet, así que le dejamos la jabalina con una nota; yo decidí no entrenar más”.
Tiempo de reflexiones
La barilochense cuenta que “a mí el deporte me dio todo, inclusive las profesiones que elegí tenía que ver con el deporte. Recuerdo cuando conseguí mi primer certamen nacional, la gente me fue a recibir al aeropuerto con flores y cantos, me subieron a un auto y me pasearon por toda la ciudad.
Era muy localista, amaban a sus ídolos deportivos, éramos muy reconocidos, Bariloche a mí me dio mucho, yo también le di a la ciudad, fue algo recíproco. Siempre aconsejo que los chicos tienen que practicar deportes, el deporte es curativo para el alma, hacés amigos, te saca de las cosas malas”.
Martín Leuful