UN SECTOR MUY GOLPEADO
Situación terminal para los salones infantiles: sin chicos y con la incertidumbre de la reapertura
Los “peloteros” están cerrados, pagan onerosos alquileres y los salarios de sus empleados. Como se manejan al ritmo escolar, suponen retomar cuando se reinicien las clases, pero sostienen que no podrán aguantar mucho tiempo más esta realidad.
Cuando se instalaron las medidas sanitarias en la Argentina producto de la pandemia por coronavirus, los niños fueron los primeros preservados por el gobierno nacional, ya que se suspendieron las clases de inmediato (el 16 de marzo).
Y por consecuencia, los salones infantiles siguieron el mismo camino, aunque con menos protagonismo mediático. La situación era clara: nada de chicos amontonados en ningún lado. Razón por la cual el 15 de marzo, no quedó uno solo abierto.
Rosa Nahuelquín, representante de Kinder 1 y Kinder 2, dijo a El Cordillerano que entienden la situación, pero que el panorama del sector es desolador. “La estamos pasando mal. Somos todos emprendedores, acá no hay ningún empresario y hay muchas familias que dependen de que podamos abrir”, sostuvo.
Lo que más padecen es el pago de los alquileres que en general son grandes galpones, por lo que el valor no es económico. Y desde ya, la masa salarial de los empleados, cuando la caja está cerrada.
“Lo más preocupante, es que no sabemos cuándo se va a levantar la cuarentena, ni cuanto podremos aguantar. Hasta ahora la ayuda del Estado no llega y solo podemos agradecer a nuestros clientes que comprenden la situación y nos acompañan con la reprogramación de los eventos que no se hicieron para cuando podamos estar habilitados nuevamente”, describió Nahuelquín.
Ignacio Martínez, titular de Rayuela, contó que los referentes del sector comenzaron a reunirse cuando comenzó la pandemia, porque todos tienen las mismas dificultades: la imposibilidad de trabajar y generar dinero, la poca ayuda del Estado y la difícil situación con los alquileres, donde algunos propietarios tienen más flexibilidad que otros.
“En mi caso, mis dos empleadas son mi mayor preocupación. Yo les pagué una parte del sueldo y el REPRO todavía no llegó. Tengo buena relación con ellas y lo entienden, pero la preocupación está”, describió Martínez.
Y resaltó lo que viven la mayoría de sus colegas: “Yo vivo al día, cerrar un mes, nos representa un agujero enorme. No somos una empresa enorme, los fines de semana trabajo en el salón a la par de mis empleadas”.
En la ciudad hay una decena de “peloteros”, de los cuales uno ya debió cerrar sus puertas ante esta crisis. El resto está evaluando cómo seguir. Además, venían de atravesar una temporada baja (es anualmente entre diciembre y marzo), por lo que esperaban repuntar cuando comenzó la cuarentena. “Veníamos mal y con esto nos están pegando en el piso”, aseguró Martínez.
Desde el sector entienden que volverán al ruedo cuando se retomen las clases, porque el concepto de dejar que los pequeños realicen actividades grupales es el mismo. “Si se levanta esto en tres meses, algunos por ahí vamos a subsistir, pero a fin de año no vamos a llegar y todos vamos a tener que cerrar”, evaluó Nahuelquín.
Todos los referentes de salones infantiles vienen conversando desde hace un tiempo, para estar representados por una entidad que los nuclee y a la fecha, están elaborando un protocolo, para cuando retomen las actividades, entendiendo que nada volverá a ser como antes. Por lo que se están concientizando sobre la cantidad de personas en los espacios, el uso de los barbijos, juegos sectorizados y que la entrega de la comida será en bandeja cerrada, una para cada niño.
Diego Llorente