¿Qué será de…?
Raúl Ernesto Valdés, el primer barilochense que viajó a correr en motocross a Estados Unidos
Comenzó con una brillante segunda camada de deportistas. Fue otro de los que escribió una enorme página dentro del deporte de las dos ruedas en Bariloche. Fue campeón zonal en 1975 y en 1976 y se coronó subcampeón argentino de motocross en 1977 y en 1978.
Con 65 años y con una parsimonia digna de un hombre en paz, Raúl Ernesto Valdés marcó una gran página en la historia del motocross barilochense.
En un deporte que tuvo varias épocas, él fue parte de los primeros pasos, de los años dorados. Nacido el 8 de octubre de 1955, es hijo de Luisa Valdés, cursó sus estudios primarios en la Ex de Frontera e hizo hasta tercer año en la Ex ENET Jorge Newbery. Luego comenzó a trabajar para ayudar a que ingresara dinero en su hogar.
Tuvo un hermano por parte de padre, Rubén Dalto. Se casó con Liliana de Cian y lleva 41 años de matrimonio. Fruto de ese amor nacieron Alejandro (40) y Bárbara (37). Su vida no fue fácil, ya que a corta edad tuvo que salir a trabajar, primero lo hizo en la casa de repuestos de su tío entre O´Connor y Mitre. Luego pudo viajar a estudiar electricidad del automotor y regresó a trabajar primero con el Vasco Urzainqui y luego con Lucio Pizzuti, en el Ñireco, donde tenía la representación de Chrysler. Allí estuvo hasta 1978 cuando se independizó y comenzó con los camiones volcadores y más tarde con las grúas. “Se podía vivir de lo que trabajabas antes”, dice Raúl, un laburante nato.
Sus comienzos
Añorando esos años, Valdés comenta que “yo iba a trabajar a lo de mi tío y siempre me llevaba a las carreras de motos, en esa época se hacían competencias de velocidad en ruta, la Doble Pilca, El Bolsón o hacia Ingeniero Jacobacci. Venían pilotos de todos lados a competir, de Bahía Blanca, los Espinosa de El Valle, eran muchos los pilotos que arribaban a la ciudad. Los barilochenses eran Juan Carlos Deyurka, los Zimmermann, los Chiguay. En definitiva, de tanto ir, este deporte se empezó a meter en mis venas. Con mi primera plata, trabajaba en Repuestos Jorge, le compre a Charly Maquina una Java 250, y la arme para motocross. Se rompía mucho. Me acuerdo que donde está el Banco Patagonia, había una lanera y el dueño era un hombre. Una mujer que le había pedido mercadería le pagó con una Zanella 250 y un día me llama y me dice que me la lleve, que él sabía que yo trabajando se la iba a pagar y así fue como tuve la primera moto con la que empecé a andar bien”.
Estados Unidos, allá voy
Raúl Valdés indica que “En el año 1972, comencé a correr con la moto Zanella y estuve 2 años en la categoría Junior, éramos como 60 pilotos, los diez primeros tenían la opción de pasarse a la categoría grande que era la Senior y cuando tuve esa oportunidad me cambié a la divisional mayor. Ahí había muchos pilotos muy buenos, estaba Gustavo Ezquerra, Enrique Rodríguez, Pichi Carrasquedo, Macías, eran todos muy buenos. Recuerdo que luego de un internacional me compré mi primera moto, una Bultaco MK7, estaba destruida en un cajón. Seis meses estuve para poder armarla. Justo la madre de un amigo, el arquitecto Jorge Blanc, viajó a España y me trajo los repuestos que necesitaba y entonces la armamos a nueva. Ahí arranqué en la grande, comencé a crecer e hicimos un par de años en el certamen argentino. Llevamos el MX a muchos lugares y se dio la posibilidad a través de Jorge Blanc y la Unión Motocross Bariloche y me preguntaron si no tenía ganas de viajar a California con posibilidades de seguir aprendiendo y creciendo. Vendí todo lo que tenía, hasta las medias (risas) y me fui. Allá corrí varias competencias, lo que hice en dos meses, es lo que hubiese hecho en dos o tres años, fue increíble”.
Por un punto
El ex piloto de motocross de Bariloche, sentencia que “ya había ganado zonales, en 1975 y en 1976, y en 1977 estaba peleando el certamen nacional y lo pierdo en la última fecha con Gustavo Beamonte, porque no fui, yo me había comprometido a estar en Chile en una fecha y había dado mi palabra. En esa época el campeonato argentino estaba comenzando. En cuanto a mi carrera arranqué en 1971, a veces no lo cuento porque vivía con la moto rota y me mantuve hasta 1986. Los que corríamos tuvimos épocas lindas, épocas feas. Tuvimos mucho tiempo la falta de importación de motos y repuestos. Recuerdo que desapareció la 250cc y apareció la 125cc, luego volvió la grande, pero no había motos. Más tarde empezó el enduro y muchos se fueron adaptando. Yo luego dejé. Hoy los chicos comienzan a los 7, 8 años, nosotros arrancábamos a los 17 y muchos de nosotros seguimos hasta los 37 años. Hoy a los 30 años en un deporte como el motocross, ya sos viejo, es como el boxeo, son deportes muy duros. Tenés mucho entrenamiento, hay que estar muy fuerte mentalmente”.
La banda…
El exdeportista local indica que “cuando arranqué teníamos un grupo que integraban Pucho Aragón, Oscar Hansen, Enrique Rodríguez, Toledo, la verdad es que siempre salíamos juntos. Aprendíamos mucho de Pichi Carrasquedo, era nuestro referente, siempre fue muy generoso, nos enseñaba, lo básico, no había internet, las revistas llegaban con seis meses de atraso y fuimos aprendiendo de él y yendo a las competencias.
Aprendimos de Claudio Pesce que se había ido a Estados Unidos y cuando venía transmitía lo que había cosechado allá. Mi primera competencia fue el día que inauguraron el Circuito de Colonia Suiza, entrenábamos en el excementerio del Cerro Otto, recuerdo que había muchos que entrenaban y los que corrían, todo es distinto, se largaba en doble fila por la gran cantidad de pilotos, el partidor era de 35 y los que corrían eran 60. Me acuerdo la adrenalina que llevaba, realmente el motocross lo llevaba bien adentro, y nosotros éramos unos salvajes.
Amigos del deporte
Raúl Valdés cuenta que “el deporte me dejó amigos, no es por agrandarme, pero tengo amigos en todo Latinoamérica, puedo ir a cualquier lugar, siempre me dicen que estoy invitado. El motocross me forjó como persona, cuando arrancamos todo parecía joda y al entrenar en serio comencé a no salir, nadie tomaba alcohol, lo tomé en serio y realmente es emocionante. Me acuerdo que venían los pilotos de Perú, de Chile, de Brasil a los campeonatos internacionales y eran pibes chicos con motos increíbles. En dos años empezamos a correr con las mismas motos y les pasábamos el trapo, entendíamos que nos ganaban por las motos que tenían, pero dejaron de hacerlo cuando igualamos condiciones. El deporte además me dejó viajes, corrí en Chile, Uruguay, Colombia, Perú y EEUU, cosas que sin la moto, no sé si hubiese conocido”.
Antes, ahora
Valdés se ríe al recordar que “mirá, hice muchas amistades, pero me acuerdo de Gustavo Ezquerra. Hoy mirás videos por internet que te enseñan o compras un curso. Ezquerra se había comprado una filmadora, de esas viejas, re pesada era. Jorge Ayala, le decíamos Trinity, era el encargado de filmarnos y nos juntábamos a la noche, todos, para mirarnos y corregirnos. Cuando digo todos es todos, no había maldad, si se bajoneaba uno, el resto lo empujaba para que mejorara o siguiera, fue una época donde creo que el 80 por ciento de los chicos de Bariloche, pasó o intentó andar en moto. Me acuerdo que cuando se volvió más profesional, el flaco Jorge Cejas y Mary Gauna nos daban la parte física”
Materia pendiente
En la vida, muchas veces quedan materias pendientes, Raúl Valdés dice que “en la secundaria hice algo de básquet, pero siempre me llamaron la atención las motos. Creo que me hubiese gustado mucho correr en rally, después de la moto tuve una época con la F-850, pero después de haber corrido en moto a tan alto nivel, encontré que el auto no andaba, o no aceleraba, no le encontré el sabor. Creo que de tener la oportunidad, haría lo mismo, no me arrepiento de nada de lo que hice, y lo haría de nuevo, nuestro pueblo era otro, era otro Bariloche, muy apasionado a los fierros.
Siempre tuvo algo, la falta de apoyo, me acuerdo de Gustavo Passeggi o de Nicolás Madero, dos iluminados del deporte, les faltó apoyo, con apoyo, creo que Passeggi hoy sería otra cosa, fue un adelantado”.
Gracias a la vida, que me dio tanto
Reflexiona Valdés sobre el final y sentencia “Le tengo que agradecer mucho a mi señora, a Lily, se comió cada bife de la vida misma, conmigo al lado.
A la familia. Cacho Salamida me dio una mano muy grande en los primeros años, a Arturo Zimmermann, a Juan Ángel Díaz, al arquitecto Jorge Blanc, a todos mis amigos que hoy me sigo encontrando con muchos y hablamos de todo. A Gustavo Ezquerra, que es el día de hoy y nos encontramos como si el tiempo no hubiese pasado, solo tengo palabras de agradecimiento a la vida”.
Anécdota
Raúl Valdés es otra de las grandes personas que cuentan sus anécdotas y que tienen cientas, pero hay una que él define como tragicómica.
“Trabajaba para don Lucio Pizzuti y me manda a Neuquén con documentación y dinero. Yo justo ese día había hablado con Greg Smith que era un importador porque estábamos negociando una moto. Como no termino y tengo que viajar, dejo a mi señora, Lily, que sabía inglés, encargada de terminar la negociación. Cuando llego a Bariloche mi señora me dice que había pedido una moto superior. Yo tenía una Montesa de 1978 y quería una 1979. Bueno, de Estados Unidos me llega una Can Am, inmanejable, anduve en el suelo más veces que arriba de la moto. Fue la primera moto que iba con válvulas rotativas, ese año fue muy difícil, me pegué muchos golpes, realmente no había forma de manejar esa moto”.
Martín Leuful