Paulina Lazar: “Vamos a aprender a valorar un montón de cosas”
La jugadora barilochense formada en la Escuela Municipal de Básquet se encuentra en Bahía Blanca, donde juega y vive con su hermano, cumpliendo con el aislamiento social obligatorio y entrenando en su casa. Durante 2019, logró un nuevo campeonato con el club El Nacional, y participó de las selecciones mayores de Bahía Blanca y de Buenos Aires. Ahora se preparaba para defender el título de la exigente liga bahiense.
“Recién arrancábamos el año. Habíamos terminado la pretemporada, y habíamos vuelto a entrenar tres veces por semana”, contó Paulina. El torneo tenía fecha probable de inicio el 23 de marzo y al comenzar la cuarentena se había postergado hasta comienzos de abril. “Ahora está indefinido pero son circunstancias que nadie sabía que iba a pasar. Y cuanto menos estemos expuestos es mejor”.
Para mantener el estado físico, está realizando distintos planes de entrenamiento que le envía la preparadora física y realiza en su departamento en el barrio Universitario. “Los primeros quince días nos dieron una rutina de fuerza, de coordinación, aeróbico, un poco de todo como para no perder el ritmo. Particularmente hablé con ella y me dijo que podía hacer dos rutinas por día, una a la mañana y una a la tarde”, explicó.
“La segunda semana, me mandó una rutina nueva y ejercicios complementarios. Y cuando empezó de nuevo (la cuarentena), me mandó otra, que es la que le dio al masculino del club -porque nuestra preparadora física tiene al masculino y al femenino-, una rutina más completa”. Trabaja con bandas elásticas y una pelota. “Toda jugadora o jugador de básquet tiene una pelota en la casa. Y uno se las vas ingeniando y va buscando material o cosas para hacer los ejercicios”.
“Con eso, nos mantenemos bastante en contacto. Y esta semana, con todo esto de las clases virtuales por Zoom, se les ocurrió hacer tres veces a la semana una clase todas juntas, que es más aeróbica”, contó. “Ayer (miércoles) implementamos la primera clase”. La clase por Zoom incluyó a casi todo el equipo de primera, y otras jugadoras de U17 y U19.
Además la entrenadora también armó un grupo de Whatsapp con todas las categorías, desde U13 a Primera. “Hace dos preguntas al día, y vas sumando puntos por equipo, y el que gana, gana una cena para el equipo. Es una forma de entretenernos y mantenernos conectadas”.
“Jugar juntas te da un plus afuera. Somos un grupo muy unido desde las más chicas hasta las más grandes. Está bueno. Poder compartir algo más que un entrenamiento, fortalece los lazos”, profundizó. “Nos extrañamos todas”.
“Vamos a aprender a valorar un montón de cosas que teníamos desvalorizadas”, destacó. Además de estar preparando un final, para el que por ahora no tiene fecha, y dormir mucho, también encontró maneras de divertirse durante la cuarentena, junto a su hermano. “A veces entrenamos juntos, y jugamos al ping pong en la mesa. El primer día jugamos con las ojotas y después encontré cartón y me puse a hacer las paletas”, contó entre risas. “También cocinamos mucho y vamos probando cosas distintas”.
Paulina entrena, desde el comienzo de la cuarentena, en su departamento del Barrio Universitario de Bahía Blanca.
La facultad también va a ser una actividad cotidiana ya que el lunes que viene, va a empezar a cursar virtualmente por videoconferencia. “También me suben trabajos y material de estudio, y se maneja mucho en grupo. Mientras tanto voy a seguir preparando el final”.
Además del Torneo de Primera en la liga bahiense, con la selección de Bahía Blanca, si bien todavía no había fechas definidas, “seguramente iba a estar el provincial de mayores. Normalmente lo que es trabajo de selección es a fin de año”.
“Nosotras queríamos arrancar el torneo local. Tenemos ganas de defender el título”, compartió. “Queremos volver a la vida normal pero, bueno, sabemos que en estas circunstancias no podemos”.
“También vamos buscando la vuelta, hacer una videollamada y juntarnos a tomar mate. Por suerte, tenemos medios que nos hacen estar más cerca”. En ese sentido, el contacto con la familia en Bariloche es constante. “Hablamos casi todos los días. Hacemos videollamadas, los días que está mi sobrino con ellos me llaman. Tratamos de mantener todos esos vínculos. Nos hacemos compañía. Me hubiera gustado obviamente poder volver”. Paulina no pudo volver a Bariloche porque tenía fecha de examen el 31 de marzo y tenía que rendir, aunque finalmente no pudo.
“Vamos a aprender todos a valorar un montón de cosas, y quizá esto nos viene a decir que quizás algo, como sociedad, estábamos haciendo mal, y que teníamos mal valoradas un montón de cosas. También lo veo por ese lado. Hay que empezar a buscarle la vuelta para que se haga más llevadero y que aprendamos algo”.
Verónica Lohrmann