2020-04-08

¿QUÉ SERÁ DE…?

Roberto “Chule” Estrada, jugador del fabuloso Deportivo Gastronómicos

Nacido en San Carlos de Bariloche hace 53 años, Roberto Chule Estrada formó parte de la primera etapa del Deportivo Gastronómicos hasta su ascenso. El equipo de básquet que seguía toda la ciudad y al que todos querían ver.

La historia deportiva de Bariloche es muy rica, muchos fueron los deportistas y disciplinas que tuvieron enorme protagonismo en la vida social de nuestra ciudad. Una de esas instituciones fue el Deportivo Gastronómicos, el equipo de básquet que colmaba las instalaciones del Pedro Estremador de Bomberos Voluntarios. Noche de cánticos interminables y donde quedaba mucha gente afuera. Todos los planteles de la región le querían ganar, fue una época dorada.

Roberto “Chule” Estrada nació en Bariloche el 16 de junio de 1966 hijo de Jorge Estrada y Elsa Fernández. Cursó sus estudios primarios en la escuela 16, hizo hasta segundo año en el Colegio Nacional y terminó en Bahía Blanca. Tiene dos hermanos, Horacio Estrada, reconocido corredor de autos, y Mirta Estrada. Tuvo una hija con Raquel Ferreira, su pareja desde hace ya varios años, Ornella Sol Estrada.

Chule Estrada recuerda que “comencé a jugar al básquet a los 9 años en el Centro de Educación Física N° 8, en esa época no había muchas opciones, a los que nos justaba el básquet íbamos al CEF 8 que era el centro de captación de este deporte. Mi primer entrenador, de mini básquet, fue Edgardo José Dal Bianco. Jugué ahí hasta los 12 años, en ese tiempo se hacían los intercolegiales y provinciales y la verdad es que andaba bastante bien.

Después ya pasé por selecciones rionegrinas de cadetes y fui varias veces a jugar el Argentino de Selecciones. En uno de esos torneos nacionales que se hacían siempre en Embalse Río Tercero, nos toca jugar la final contra Bahía Blanca. Terminamos el partido y el técnico, Burgos de apellido, se acerca y me dice que me quería llevar a Bahía para que juegue allá. Vuelvo y les cuento a mis padres, no tuvieron problemas y a los 15 años partí con destino a esa ciudad, acompañado por mi madre, a jugar en Estudiantes de Bahía Blanca”.

Tiempo de crecer

Estrada cuenta que “cuando arribé a Bahía Blanca jugaba en cadetes y entrenábamos con la reserva y juveniles. En ese tiempo tuve mucha competencia, recuerdo que fuimos a jugar un provincial bonaerense a Tres Arroyos. Cuando llegué, se estaba retirando Beto Cabrera, que luego fue mi tutor. Entrenaba entre otros a Jorge Faggiano, me tocó jugar con Cabrera, yo tenía 17 años y él había pasado los treinta, me ayudó un montón todo eso, porque crecés como jugador”.

Nace Gastronómicos

Estrada sigue con su relato: “Mientras estaba en Bahía Blanca, venía en las vacaciones para Bariloche. En uno de esos viajes viene a verme a mi casa José Jalil y me cuenta que estaban con un proyecto de armar un equipo de básquet competitivo y ver si podían ascender porque se estaba armando un torneo, el Norpatagónico y que quería que yo sea parte de eso. Él siempre me siguió con mi carrera y le voy a estar siempre agradecido. En Bahía Blanca siempre mandaba a reforzar otros equipos, pero decidí venír a Bariloche para este nacimiento del Deportivo Gastronómicos. La mayoría eran barilochenses, estaban Alfredo Iwan, Ricardo Alanís, Claudio Gressani, Hernán Dotzel. Trajeron un pivot mendocino y un jugador de Buenos Aires de apellido Lucchini. Además estaba Horacio Fontán que era correntino y que estaba haciendo el curso de guardaparques y se enganchó. Entrenábamos en cualquier lado, en las plazas, íbamos a correr, los entrenamientos eran en cualquier cancha. Arrancó la Norpatagónica, salíamos a la cancha y en la tribuna de Bomberos había 40 personas, cuando empezamos a ganar todo se fue contagiando y así fue creciendo todo. El Depo se fue haciendo más popular. Al final de la primera etapa, teníamos que ganar dos partidos, uno contra Cipolletti y al día siguiente con Roca. La verdad es que contra Cipolletti nos robaron el partido, nosotros teníamos que ganar los dos para clasificar y ahí nos la complicaron. Finalmente asciende un equipo de Valle Inferior y para tratar de quedar bien, nos invitan a ascender, supongo que para tapar lo que nos habían hecho contra Cipolletti. En ese momento todos los jugadores, junto con Palito Linares resolvimos que el ascenso se iba a ganar en la cancha”.

La segunda etapa y el ascenso

Chule Estrada rememora la segunda etapa del Deportivo Gastronómicos diciendo que “cuando comenzamos la segunda etapa, trajeron a Sebastián Díaz Varela, a Parra, a Willy González, estaban entre otros Gabriel Bonaudi, no quiero nombrar, porque seguro me voy a olvidar de varios. Ese torneo lo ganamos de punta a punta, y ascendemos a la Liga C. Allí arribaron el norteamericano Raymond Buchanan y Guillermo Corvalán. Teníamos un equipazo, la gente quedaba afuera de Bomberos Voluntarios, recién habían hecho la tribuna de la calle Beschtedt, todo era una locura. La casa de mis viejos quedaba frente a Bomberos. Si el partido era a las 21 horas, los bombos empezaban a escucharse dos horas antes. Juro que vibraba Bomberos cuando estábamos en el vestuario, te daban ganas de salir a comerte la cancha. Teníamos un equipo muy bueno, en conjunto, jugábamos.

El Deportivo le cambió la cara a todos. Siempre y en todos los deportes, cuando llegabas a El Valle era el muro que no podíamos pasar. Con Gastronómicos ganábamos, llenábamos las canchas, ellos nos querían ganar siempre. La verdad es que en las estadísticas de los partidos, son muy pocas las veces que perdimos”.

El Beto Cabrera

Chule cuenta sobre las cosas que lo marcaron “Una de ellas sin dudas fue haber tenido a Beto Cabrera como entrenador en Bahía Blanca, tuve muchos entrenadores, era un visionario, de esos tipos que van delante de todos. Las cosas que te decía eran simples y muy claras. Una vez me dijo “si yo te indico es porque veo o quiero que progreses y vos tenés que responder, si no lo hacés no me voy a preocupar más. Recuerdo que habíamos terminado un partido y yo había tirado 20 y había errado 30. Estaba bastante amargado. Lo hablé con él y me dijo que le pida las pelotas al portero y que me quedara practicando hasta las 10 de la noche”.

Amigos son los amigos

Estrada recuerda que “con algunos de esa época seguimos jugando al maxi básquet, por despuntar el vicio, porque la verdad es que jugamos, pero es la excusa para juntarse a comer y recordar. El deporte me dejó eso, amigos, gente conocida. Cada tanto viajamos a algún lugar, pero mantenemos el contacto. Además tengo la escuela de básquet en el Municipal 2 y tengo un negocio dedicado al deporte”. Estrada es personal trainer y tiene el curso de entrenador nacional de básquet. “hoy el básquet es mucho más físico, un jugador puede ser talentoso, pero si no tiene el estado óptimo lo pasan por arriba, esto no solo pasa en el básquet, es en el fútbol, en el handball. Antes el juego era más lento”.

Cuesta arriba

Roberto Estrada sentencia que “no creo que el básquet local pueda volver a esos tiempos. Es que el gran problema es que no tenés clubes, hay problemas de infraestructura y al no tener clubes no hay sentido de pertenencia. No son los únicos inconvenientes. Hay un torneo y son cuatro equipos y encima hay muchas diferencias, muchas veces personales que se anteponen al crecimiento del deporte en sí, creo que la unión hace la fuerza y si todos quisiéramos realmente el crecimiento del deporte, se deberían superar todos los conflictos. Además surge otro problema. A Bariloche todo le queda lejos. Nuestros viajes eran eternos, en traffic, colectivo, tren. Salíamos tres días antes. A veces llegábamos a la mañana y a la noche teníamos que jugar. Más de una vez el Deportivo ganó los partidos desde el banco, pero porque entrenábamos todos a la par y todos eran buenos”.

Anécdota: El viaje en camión

Estrada se ríe y comparte una anécdota muy disparatada, pero normal para esas épocas. “Nos tocaba jugar con Centro Español de Plottier. Salimos y el colectivo se rompe en Collón Cura. Ese mismo día a las 20 horas teníamos que jugar. Todos abajo del colectivo y 15 monos haciendo dedo. Paró un camión frigorífico gigante y el chofer nos dice ‘yo no tengo problemas en llevarlos, pero tienen que ir en la caja frigorífica’. Subimos los bolsos y recuerdo que solo había una rejilla por la que entraba aire. Llegamos a Plottier y el chofer nos llevó hasta la entrada de la cancha. Estacionó el camión gigante en doble fila, se bajó, abrió la compuesta y empezamos a bajar todos. Ya había cola para la entrada. Ese partido lo ganamos. Me acuerdo que muchos llegaron mareados, esa fue mundial. Los viajes en tren en julio o agosto, nos amontonábamos para no tener frío, una vez en otro viaje se incendió la camioneta en la que viajábamos. Hemos pasado muchas cosas, la gente piensa que viajábamos y nos alojábamos en hoteles 5 estrellas, y no era así”.

Agradecido a la vida

Sobre el final Estrada apunta que “A mis viejos tengo mucho que agradecerles. Cuando me fui tenía 15 años, era duro para mis viejos. Hoy entiendo lo que cuentan los pibes, en su mayoría lo que cuentan de las pensiones. Todo es verdad. Cuando sos tan chico, las noches en esos lugares son ásperas, se extraña. En la primera parte me acompañó mi mamá y era un sacrificio para todos. Soy un agradecido a mi familia, a José Jalil por haberme seguido y por haber creído en un jugador de Bariloche. Sin dudas también a la gente que llenaba Bomberos, era incondicional. Viajábamos a jugar afuera y salían de la ciudad dos o tres micros llenos de gente a acompañar. Creo que de tener la oportunidad de transitar mi vida lo haría igual, uno tiene aciertos y errores, el que no hace nada seguramente no va a errar, los tipos que se la juegan pueden acertar o no, pero todo deja una enseñanza. A mí a veces jugando bien, los técnicos me sacaban, yo no lo entendía, pero son aprendizajes. Terminábamos los partidos y entraba gente a la cancha a abrazarte y abrazabas a todos. Hoy la gente cuando te reconoce te saluda y te dice que iba a vernos. Eso es gratificante”.

Martín Leuful

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