2020-03-22

CORONAVIRUS EN LA VIDA DE BARILOCHE

La población vulnerada frente a la pandemia: “Están acostumbrados a esperar que la tormenta se acabe”

Fernando Fernández Herrero y David Varano trabajan con personas en situación de riesgo. Cuentan sus experiencias en el encuentro con jóvenes que conviven a diario con diversas y dramáticas amenazas. La adaptación de un sector postergado a una nueva realidad, tallada por el virus.

“Para una persona que vive en constante riesgo, la idea del miedo y la preocupación es distinta a la que conocemos”, reflexionó Fernando Fernández Herrero, coordinador de las actividades en la Fundación San José Obrero donde asisten jóvenes de sectores vulnerados de la sociedad. Para Fernando es interesante interpretar desde qué lugar se ve la realidad de la pandemia COVID-19 y la vida en aislamiento.

Después de un encuentro con los pibes que asisten a los talleres, Fernando detectó que “tienen bastante menos preocupación que el resto de la sociedad porque están acostumbrados a convivir con problemas graves”. Esto no significa que no comprendan esta nueva realidad. Es que, explicó, las enfermedades que matan familiares, amigos, o los asesinatos del barrio y los constantes abusos consiguen que la idea de la amenaza y el miedo tengan un significado distinto al que comprende otra parte de la sociedad.


La alegría en la Fundación San José Obrero. (Foto Facebook oficial)

Por su parte, David Varano, responsable del taller de herrería “Herreros de la Luz”, comentó que el coronavirus “está despertando de un sacudón la conciencia de mucha gente. Ojalá sirva para entender que muchísimas personas siempre vivieron bajo esta amenaza y también dependían y dependen de nuestra solidaridad”.

Varano admitió que en un principio sintió preocupación por la gente que conoce en una situación social y económica de vulnerabilidad. Pero después, reconoció que esa preocupación se desvaneció. Y es que -continuó- son justamente los y las que siempre tuvieron menos, los que a veces no tienen reamente para comer, los que viven encerrados en sus casas porque no tienen a dónde ir, “los que se ayudan entre ellos porque no tienen a nadie que lo haga por ellos, los que se van a dormir muchas veces sin saber lo que va a pasar al otro día. Hoy son los que están más preparados para poder vivir austeramente y en calma durante la incertidumbre”, consideró.

Y la realidad que se presenta en el futuro inmediato para los sectores más vulnerados de la sociedad despierta lógica preocupación en el gobierno nacional, provincial y municipal. El viernes se conoció un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), dependiente de Naciones Unidas. El texto revela que el número de pobres en la América Latina puede crecer en 35 millones por el coronavirus COVID-19. Según el informe, la economía de la región se verá impactada en distintos frentes: las exportaciones, el turismo, los suministros, el precio de los productos y la inversión. Todo ello repercutirá en un aumento de hasta el 10% del desempleo.

El trabajo que lleva adelante la Fundación San José Obrero y Herreros de la Luz es vital desde la contención, el afecto y el estímulo para que estos sectores más relegados de la sociedad puedan transformar sus realidades. “La vida de los sectores de la economía popular son vidas sostenidas a través de una red infinita de espacios y prácticas colectivas de cuidado, como merenderos, comedores comunitarios, talleres”, apuntó la antropóloga e investigadora del CONICET, María Inés Fernández en el Podcast “Muy de Una – Coronavirus”. Consideró que es importante revisar qué sucede, entonces, con el aislamiento preventivo y obligatorio. “Hay que ver cómo se sostienen esos lazos de cuidado en los barrios, los territorios que son realmente sustantivos”, opinó.

Para Fernández Herrero los pibes conviven con una realidad que transita por la cornisa todo el tiempo. “Quizá sea, entonces, más difícil que se conmuevan con el dato de la pandemia”, apuntó, aunque aclaró que su trabajo es construir con ellos la idea de lo colectivo. Es más fácil comprender la realidad cuando estamos más informados y podemos proyectar con los datos los escenarios futuros en nuestras vidas y prevenir. “También nos gustaría que exista justicia en la relación que hay entre las preocupaciones y los problemas”, aclaró.

Entre el recorrido por las reflexiones sobre el tema, Fernando recordó una anécdota. Omar es un compañero de la Fundación San José Obrero y además trabaja en el CFI, en El Frutillar, al lado de la escuela 154. Y le contó que unos pibes se acercaron para pedirle la contraseña de WiFi. Omar entendió que el pedido significaba una forma de entretenimiento para chicos y chicas sin clases, y entregó la clave. Pero al rato detectó que estaban viendo el video que les mandó la maestra con las tareas. “Es que tenemos celular pero no tenemos datos”, le explicó uno de ellos. “Qué difícil la tienen algunos, ¿no?”, reflexionó Fernando.

“Son los primeros que se pueden adaptar al aislamiento, a la separación, a vivir con lo justo y necesario y saben mejor que nadie cómo sobrellevar estos momentos”, opinó Varano con el fruto de su extensa experiencia en el taller, los barrios y la vida. Y lanzó una convencida aseveración nutrida de razonabilidad y profunda emoción: “Es que son ellos los que están acostumbrados a esperar que la tormenta se acabe”.

Daniel Pardo

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