2020-03-07

CONOCIÓ BARILOCHE EN 1916

Ada María Elflein, la primera que escribió sobre el pueblo

Trabajadora de prensa, la escritora y traductora llegó a San Carlos desde Puerto Blest y luego siguió viaje rumbo a Neuquén. Un libro que se publicó en 2018 rescata sus impresiones.

Si se presta atención, podrá advertirse que en las calles céntricas de Bariloche es casi excluyente el homenaje a hombres. Inclusive, una proporción considerable de los nombrados fue militar y solo la denominación de una de las arterias trata de estimular el recuerdo de una mujer: Ada María Elflein. Sobre su vida y algunas acciones ya nos explayamos dos años atrás. Hoy vamos a detenernos en el Bariloche que vio la periodista y escritora en 1916, cuando las únicas mujeres que viajaban con finalidades turísticas eran las que pertenecían a sectores muy acomodados.

La viajera arribó al pueblo desde el lago, después de reingresar a la jurisdicción argentina vía Puerto Blest. “En la delicada bruma gris que se va espesando hacia el oriente, brilla de repente la luz viva de los focos eléctricos: San Carlos de Bariloche. Desembarcamos, entrada la noche, gentilmente recibidas por muchos vecinos y familias que nos esperaban en el muelle”. Elflein viajaba junto a dos amigas.

Los párrafos que vamos a compartir están en “Impresiones de viajes. Mendoza; Tucumán, Salta y Jujuy; Patagonia; San Luis y Córdoba”. El volumen lleva la firma de la propia Elflein y fue publicado por Los Lápices Editora en 2018 (Haedo – Buenos Aires). Tuvo la deferencia de facilitarnos temporalmente un ejemplar Librería La Barca (Mitre 534). La presentación corrió por cuenta de Cynthia Cordi, profunda conocedora de la vida de la escritora.

No más llegar, la viajera prestó atención a una deformación. “La verdadera forma de este nombre indígena (que es el de un antiguo paso a Chile), es Vuriloche, que un error ortográfico en el acta de fundación trocó en Bariloche.

A pesar de las protestas de muchos geógrafos y exploradores, que no encuentran objeto en la alteración arbitraria de nombres tradicionales, la designación nueva se ha vulgarizado”. En rigor, el yerro en cuestión databa de un siglo antes, aproximadamente, aunque el famosos decreto de 1902 no tuvo vocación por superarlo.

Describió Elflein: “San Carlos, como también la llaman a menudo, se halla en el territorio de Río Negro, en la margen Sur del Nahuel Huapi. Sus pintorescas casas de madera, en las que se albergan de 800 a 1.000 habitantes, están edificadas parte a orillas del lago, parte en lo alto de una cuesta arenosa y empinada. Por agria que esta cuesta sea, vale la pena vencerla. Desde arriba se goza de uno de los panoramas más amplios y grandiosos, en cualquier momento; y si se alcanza a divisarlo, como nosotras, en una mañana de verano, sin nubes, la memoria lo guardará como uno de sus tesoros más preciosos”.

Las impresiones de Elflein.

Tres colores maravillosos

La turista se esforzó por transmitir sus emociones al percibir el paisaje: “Es un cuadro en el que no hay sino tres colores maravillosamente combinados: azul, verde y blanco, si se exceptúan las casas grises u oscuras del pueblo.

El lago se extiende en su hoya irregular, desgarrada por penínsulas, islas y cabos, entre los que se internan brazos y ensenadas innumerables: sobre el azul radioso de sus ondas, el sol teje redecillas de oro. En hemiciclo imponente rodéanlo las montañas como trozos de cielo más opaco y oscuro, y la línea de las nieves sobre ellas brilla y se afiligrana como las espumas en las crestas de las olas. Un cerro, cuyo lomo alargado parece un inmenso alero nevado, se yergue en primer término; y más allá, un coloso de hielo y granito, erizado de torres y agujas: el espléndido cerro Catedral. El verde, ya claro, ya sombrío, ya matizado de las selvas, forma una zona intermedia entre los dos azules distintos del agua y de la montaña, como divide la nieve el color índigo de ésta del azul luminoso del cielo…”

Llamativamente, Elflein desmintió en su escrito una versión de la historia regional que goza de mucho arraigo. “A nuestros pies, la pequeña ciudad está encaramada en la barranca entre flores y árboles frutales; el alegre estrépito del trabajo de sus aserraderos y molinos sube a veces con el viento brioso y puro. Campos llanos o ligeramente ondulados bajan en declive hacia el Este, y la orilla opuesta del lago, muy distante, se vislumbra apenas entre ligeras brumas argentinas. En una de las calles altas, se levanta el símbolo de Bariloche, ‘el venerable del lago’, como le llama en sus recuerdos de exploración el doctor Moreno. Es un enorme ciprés, a cuya sombra acamparon largas generaciones de salvajes ha tiempo extinguidas, y donde una leyenda tenaz como el árbol mismo, quiere que los indios hayan prendido y atado al doctor Moreno, en tiempos del poderoso Shaihueque. El hecho sucedió realmente en el lugar llamado Playa Bonita, a algunos kilómetros al Oeste de Bariloche; pero los colonos han vinculado al patriarca sobreviviente de la selva, robusto y perenne, con el nombre del argentino que exploró y estudió aquellas comarcas. Cuidan al ciprés como una reliquia, y como grato presente obsequian al forastero con una ramita del árbol histórico”. Por las dudas, recordemos que la escritora y periodista conocía personalmente a Moreno y que inclusive, éste mucho tuvo que ver en la organización de los viajes en los que participó. Escribió para “La Prensa” de Buenos Aires durante mucho tiempo, más que pertinente entonces rescatar su mirada sobre Bariloche como mujer y trabajadora, un 8 de marzo, 104 años después de su visita. Es la única que homenajea con una calle el centro de la ciudad, es la única que escribió y publicó sobre el pueblo en fechas tan distantes.

¡Pobladores argentinos!

Si bien Ada María Elflein había nacido en Buenos Aires, sus mayores fueron alemanes. Quizás ese origen explique los movimientos de su atención mientras permaneció en el pueblo. “En la población de Bariloche se mezcla el elemento argentino con chilenos y numerosos europeos: españoles, suizos, alemanes, franceses, italianos, turcos. La reclamación constante es allí como en San Martín de los Andes: ¡Pobladores, más pobladores argentinos!

Todos, empero, propios y extraños, guardan la mejor armonía y se unen en su amor por el Nahuel Huapi. Tienen la misma fe hermosa en el porvenir y la misma convicción de la bondad del suelo de sus cariños, que he podido observar en todas las ciudades nacientes de la cordillera. No hay, según ellos, clima mejor: en invierno suelen caer uno o dos metros de nieve; pero si el interlocutor lo admite, añadirá que florecen las rosas y maduran los duraznos. Y aunque en su legítimo patriotismo local incurran en alguna pequeña exageración excusable, lo del clima ciertamente parece exacto a juzgar por las mejillas rosadas de los niños que vimos congregados en las dos escuelas de Bariloche”.

Ada María Elflein estuvo en esta ciudad meses antes de que se cumplieran 100 años de la Declaración de Independencia. Las demandas de las y los barilochenses, eran muy concretas. “Apuntaremos el anhelo de los vecinos de ver levantado el prometido edificio escolar de material y una sucursal del Banco de la Nación. Ambos edificios, banco y escuela, significarían para Bariloche, activo centro de cultura, de comercio e industria, un progreso necesario y ansiado”.

Aunque no estaba presente al momento de su arribo, Emilio Frey había preparado un recorrido para las viajeras, para que pudieran completar una visión sobre el pueblo y su entorno. “En gentil compañía nos embarcamos en la lancha a nafta, que, como los automóviles, depende de la gobernación de Neuquén y fue puesta a nuestra disposición por la amabilidad del señor Elordi”, agradeció Elflein.

Apuntó la periodista que “hasta hace pocos años, los colonos que pueblan las dilatadas márgenes del Nahuel Huapi vivían casi aislados. Sus comunicaciones se hacían por tierra a través de largos y escabrosos caminos, cuando no disponían de embarcaciones propias. Ahora, la lancha a nafta efectúa la circunnavegación de lago dos veces por mes, para llevar y recoger pasajeros y correspondencia”. En el presente, solo se navega el lago con fines turísticos o recreativos.

Adrián Moyano

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