2020-03-05

HISTORIAS DE VIDA DE GRANDES MUJERES BARILOCHENSES

Estela Nieva ha tenido aproximadamente 700 jóvenes como hijas del corazón

El Hogar de Orientación para la Joven (OPJ) alberga a chicas de distintas partes de la provincia que vienen a nuestra ciudad como única alternativa para poder continuar con sus estudios. En su mayoría son de El Bolsón y la Línea Sur, y se enfrentan a cambios de vida muy grandes que no siempre son fáciles de mantener.

Estela Nieva es la encargada general de Orientación para la Joven y hace 25 años que acompaña y da contención a estas jóvenes en una etapa de cambios y superación. Se calcula a grandes rasgos que ha tenido hasta el momento aproximadamente 700 hijas del corazón y cada una de las que ha vivido en el hogar, no puede dejar de emocionarse al mencionarla.

Nació en Mutquín, un pueblito de Catamarca donde se celebra la Fiesta Nacional de la Nuez, “siempre sentí que yo no pertenecía ahí, mi familia me contó que cuando tenía tres o cuatro años ya les decía que apenas pudiera, me iba a ir porque ese no era mi lugar”.

Tiene 55 años y recuerda que de niña tenía pensamientos muy raros, “le decía a la gente que dentro de unos años con un teléfono, nos íbamos a poder ver, todos me contestaban que estaba loca”.

También les decía que alguna vez los hombres se iban a casar con los hombres y las mujeres con las mujeres, “y que no me iba a casar porque quería tener un hijo sola”. Vaticinios que no pasaban desapercibidos en el pueblo puesto que en su mayoría, eran practicantes del catolicismo.

Estela es la tercera de diez hermanos, “todos eran muy estructurados y con esos comentarios estaban muy preocupados por lo que decidieron hacer algo urgente”. Una de sus tías era monja y estaba en el Hogar Virgen Niña en Junín, provincia de Buenos Aires, “le dijeron que me llevara y me internaron ahí, yo tenía cinco años” contó.

Al hablar de lo que sintió al momento de la partida dijo, “aunque no lo crean estaba feliz, me acuerdo que me subieron en la caja de una camioneta Ford vieja con barandas de madera y la sensación fue de libertad por poder irme del pueblo”. Tanto sus padres como sus hermanos la despidieron con llantos y abrazos, llegó hasta Siján, donde tomó el tren con su tía rumbo a una nueva vida.

En el internado eran cien chicas de 14 a 21 años, ella era la única de cinco, “todas querían que les hablara porque les llamaba la atención mi tonito catamarqueño” recordó. En cada dormitorio dormían 20 jóvenes, “lo raro es que nunca extrañé ni a mi familia ni a mi pueblo, soy muy desapegada y tengo un poder de aceptación increíble desde chiquita”.

Ese hogar albergaba a chicas con muchos problemas “algunas habían sido maltratadas y muchas me buscaban para contarme sus cosas, yo siempre les decía que el pasado pasó y hay que dejarlo atrás porque es la única manera de seguir adelante, que hay que vivir el momento por más difícil que sea lo que les sucedió”.

Sin darse cuenta, ya estaba sumando herramientas que aplica de manera natural en OPJ desde hace 25 años, “cómo no entenderlas si yo estuve en el lugar de ellas, con la diferencia que están acá porque quieren y para seguir estudiando, es una gran diferencia con mi pasado” aclaró.

Allí además de aprender las manualidades típicas, como bordado, costura y tejido, tenía carpintería y pintura de paredes, por lo que siente que tuvo una base muy importante de conocimientos.

Cada chica tenía un padrino externo, “el mío era dueño de una fábrica de dulces así que me sacaban a pasear los fines de semana, también podíamos hacer trabajos pagos, como el armado de broches y ese dinero lo fui ahorrando” detalló.

Ocho años después debía dejar el internado y no veía como una opción volverse a Mutquín, su tía se venía a Bariloche y tenía otra en Ushuaia, “yo le dije que antes de volver a mi casa, prefería morirme, entonces elegí venirme acá”.

Llegó un 23 de marzo con solo 13 años, “la ciudad me recibió con mucho viento, me vine con otra hermana pero extrañaba, yo le decía que tenía que cambiar porque cuando uno va a otro lugar tiene que abrir su mente, al poco tiempo ella se volvió”.

Fue una decisión muy importante porque en nuestra ciudad se tenía que bancar sola “antes se usaba la libreta de ahorros así que utilicé ese dinero y al poco tiempo entré a trabajar a una panadería”. Luego se mudó para cuidar a una nena cama adentro “de lo bueno se aprende y de lo malo también” dijo pensativa.

“Era creyente pero no fanática así que siempre le pedía fuerzas al universo, miraba las estrellas y el entorno natural y sentía que si las plantas pueden crecer pese al clima, yo también podría salir adelante”, recordó.

A los 28 años se enamoró y quedó embarazada “hay hombres que quieren ser padres y otros que no, él decidió que no y quiso que abortara pero le dije que lo que tenía adentro mío, nadie me lo iba a quitar” y así, pese a tener muchas cosas en su contra, siguió adelante con su embarazo. “Creo que fue la mejor decisión de mi vida, es mi compañera y mi sostén” aseguró.

En esa época estaba muy mal visto ser madre soltera así que fue muy criticada y dejada de lado, “la que una vez me defendió a muerte delante de sus amigas fue la señora Trevisán” recordó muy agradecida. Esta señora se convirtió de ahí en adelante, en una madre del corazón para Estela.

Por estar embarazada fue despedida de su trabajo, “tenía una amiga que conocía a Juanita García Bertone y me propusieron quedarme por tres meses viviendo en OPJ”. Su hija nació en octubre y el enero siguiente se mudó. Por su habilidad con las manualidades, le habían encargado hacer tarjetitas para un evento del hogar. “Había conseguido trabajo en la clínica Cumelén, cuando económicamente se fue a pique me ofrecieron hacerme cargo de OPJ, a la par me llegó otra oferta mucho más rentable pero puse en la balanza y me quedé con este ya que me permitían estar con mi hija las 24 horas”. Lo que en un principio se pensaba que serían tres meses, se convirtieron en 25 años.

“Mi hija se crió acá, mamó mi trabajo y el año pasado se recibió de trabajadora social; por algo debe ser”. Cuando viajó para estudiar fue la primera vez en la vida que Estela sintió lo que era extrañar a alguien, “sentí que me arrancaban un pedazo del corazón”.

De golpe se vio a cargo de un grupo de jóvenes, escuchando sus problemas y preocupaciones, tal como cuando estaba en el internado. “La vida me preparó para esto entonces con solo ver a las chicas a los ojos ya sé cuándo están tristes o si les pasa algo y veo la manera de acercarme para que me lo digan”.

Son muchas las anécdotas que le han quedado grabadas en el corazón durante estos 25 años “hace un tiempo ya que están empezando a venir hijas de mujeres que se albergaron acá, eso es muy gratificante”. También otras la han elegido como madrina de sus hijos años más tarde.

Siempre que les da la bienvenida les habla desde su corazón “les digo que la única herencia que les pueden dejar sus padres son los estudios y que ellas tienen que responder a eso”. En el hogar tienen diagramado un cronograma de actividades y un estatuto a cumplir para una buena convivencia. Cuando llegan, Estela las espera con la comida teniendo siempre presente los horarios de cada una.

Al consultarle acerca de sus sueños habló en primer lugar de uno que ya cumplió hace poco, “con mucho esfuerzo logré irme de vacaciones con mi hija a Brasil, estando en la playa la gente gritaba que veían delfines, me metí al mar sin pensarlo y avancé hasta llegar a ellos, lloraba de emoción mientras algunos me pasaban por arriba de la cabeza” recordó.

El otro sueño ya no está segura de buscarlo “toda mi vida soñé con tener una casita propia, pero con el tiempo me fui dando cuenta que lo realmente importante es tener un hogar, con la calidez y la armonía como base y eso, en OPJ ya lo tengo”, dijo muy agradecida.

Susana Alegría/ Fotos: Facundo Pardo

Te puede interesar