2020-03-04

Un barilochense compartió el vuelo con el primer argentino infectado de coronavirus

Pablo Bernardello tiene 44 años, vive en Bariloche y desde que se enteró que el infectado por coronavirus viajó en su mismo vuelvo desde Roma a Buenos Aires, se autoevacuó.

Bernadello se encontraba trabajando en Italia pero decidió volver anticipadamente a la Argentina por el virus. Sin embargo, nunca imaginó que regresaría en el mismo avión que trajo al primer argentino infectado con coronavirus al país. Ayer miércoles, el hombre supo que el primer argentino infectado había estado en su vuelo. A su favor, Pablo aseguró al diario La Nación que su asiento se encontraba en la fila 42, “bien al fondo en el avión” y lejos de la primera clase. Seis personas fueron contactadas por el Ministerio de Salud de la Nación para que se autoacuartelen durante 14 días. Son los que viajaron cerca del primer caso confirmado en el país.

Cuando Pablo llegó a principios de enero a Marilleva, al norte de Italia, a 60 kilómetros de Trento, lo esperaba una temporada ideal. Durante dos meses iba a dar clases de esquí a turistas de todo el mundo que eligen ese exclusivo destino por sus apetecibles cumbres nevadas.

Una vez terminada la temporada, a principios de marzo, Pablo esperaría a que su pareja, Macarena, vuele desde la Argentina a Italia, para juntos llevar adelante unas vacaciones por Europa. La idea era recorrer Venecia, Verona y Trento, en una primera etapa. Después, cruzar el canal de la Mancha para pasear por Londres por cuatro días. Por último, volver a Italia, y de Milán alquilar un auto y pasear por la costa hasta Roma.

Mientras avanzaba el contagio de coronavirus en Italia, que ya causó la muerte de más de 100 personas y dejó más de 3.000 infectados, retrocedía su planificación. Primero, se cancelaron todas las reservas para las clases de esquí en el mes de febrero. Después, con su pareja decidieron que lo más atinado era suspender el viaje y tratar de regresar a la Argentina lo antes posible.

Pablo trabajó como instructor de esquí en Marilleva, hasta que por el aumento de los casos de coronavirus muchos turistas cancelaron todas las visitas turísticas. Pero encontró un nuevo escollo. Para adelantar su vuelta, la agencia de viajes, Tije Travel le cobró una penalidad de 50 mil pesos. “Por todo este problema, la agencia no quiere hacer el cambio de pasaje sin cargo. Es un gasto muy grande y encima perdí un mes de trabajo”, se quejó Pablo, y agregó: “Voy a empezar con abogados y cartas documento para intentar recuperar ese dinero que gasté por el cambio de fecha”.

Desde Tije Travel, indicaron a La Nación que se basan “en los procedimientos de cada aerolínea” y que a “la penalidad por cambiar la reserva del pasaje se le suma una diferencia por la tarifa”.

Los traspiés continuaron también en el vuelo que lo trajo a Pablo a la Argentina. Porque en ese avión de Alitalia, que salió de Roma a las 21.45 (hora de Italia) con el número de vuelo 680, además de los pasajeros, viajaba el covid-19. En primera clase, un argentino estaba infectado.

Fue un vuelvo normal, como cualquier otro, hasta los 30 minutos antes de aterrizar. En ese momento, tras activarse el protocolo para los vuelos que provienen de zonas de riesgo por el coronavirus, todos los pasajeros recordaron que desde hace casi dos meses el Covid-19 está poniendo en alerta al mundo entero. “Las azafatas repartieron unos formularios -cuenta Pablo- en el que había que completar en dónde habíamos estado y si teníamos algún síntoma. Una vez que aterrizamos, en la manga, a la salida del avión, dos personas con instrumentos de seguridad recibían las hojas, las revisaban y nos permitían continuar con el descenso. Nadie nos tomó la fiebre”, afirmó Pablo.

A los pasajeros que ingresan al país desde zonas de riesgo por la cantidad de casos de coronavirus, se les pide que indiquen en una declaración jurada, los lugares que visitaron y si tienen alguna dolencia.

Por unos días, Pablo continúo su vida normal, hasta que el miércoles supo que el primer argentino infectado había estado en su vuelo. “Desde aquel momento, me autoevacué por pedido de mis conocidos”, contó a La Nación desde Bariloche, ciudad en la que vive. Tras intentar, sin éxito, comunicarse con la aerolínea y el Ministerio de Salud, consultó con el pediatra de sus hijos para saber qué hacer. “Él habló con el sector de infectología de la Provincia y me dijo que si no tenía síntomas, que me quedara tranquilo, que no tenía necesidad de aislarme”, concluyó Pablo, ya un poco más relajado. (Fuente: La Nación)

Te puede interesar