2020-02-26

SIN CAMBIOS EN LA TOMA DEL BARRIO SAN FRANCISCO IV

Familias “okupas” sienten el rigor de acampar durante más de un mes

Las diez familias ilegalmente asentadas en carpas en el predio de calle 1 y 7 del San Francisco IV, continúan en pie de lucha con el objeto de conseguir un lugar para construir sus viviendas. Esta mañana, esperaban respuestas de las autoridades municipales, pero nada de eso ocurrió. Por otra parte, aguardaban la llegada del fiscal, Tomás Soto, pero el funcionario judicial no se hizo presente en el predio. Las condiciones comienzan a hacerse sentir en sus estados de ánimo y la salud de los menores de edad.

Si bien se esperaban definiciones, no pasó nada nuevo. Se trata de la última toma de terrenos en pie, de la serie de ocupaciones registradas en las últimas semanas en distintos puntos de Bariloche.

Por un lado los usurpadores aguardaron, de manera infructuosa, la llegada de autoridades del Instituto municipal de Tierra y Vivienda para el Hábitat Social. En tanto los uniformados, que cumplen consigna en ese lugar -cuyo número aumentó cerca del mediodía de ayer- aguardaban órdenes del fiscal, Tomas Soto; sin embargo esa situación tampoco se dio.

Los “okupas” cumplieron más de un mes instalados en carpas en ese sector del barrio San Francisco IV, destinado a un espacio verde, sin haber obtenido resultados favorables para ellos.

En diálogo con este medio marcaron distintas situaciones que a diario hacen que su permanencia en el lote sea más que incómoda.

Entre otras cosas destacaron la falta de agua y de baños. El simple hecho de satisfacer las necesidades fisiológicas básicas es una complicación. Usan los sectores con mayor cantidad de maleza para orinar y demás, mientras que para bañarse reciben la ayuda de una vecina que les presta la ducha y los provee de agua potable para consumir y cocinar.

El problema más importante se da con los menores que se encuentran en las carpas. Una pequeña de un año y cuatro meses sufrió una quemadura en una de sus piernas y fue asistida por los “okupas”. Además, hay otros dos chiquitos -de un año y siete meses y otra de cinco años- que padecen asma y las condiciones en las que viven actualmente agravan sus cuadros.
“Esto no es vida. Nadie de la Municipalidad vino a ver cómo estamos viviendo”, dijo una de las jóvenes asentadas en el lote.

Comienzo de clases

“Nos da mucha impotencia. Estamos aislados, solos, pero vamos a seguir luchando por un lugar para construir nuestras casas”, agregó.

Por otra parte, en los últimos días se registraron casos de vómitos frecuentes entre los menores, situación que es analizada por los usurpadores como resultado de las condiciones en las que elaboran sus alimentos. A diario calientan agua en una pava y cocinan en una olla que colocan en una parrilla sobre el fogón.

Además, el próximo lunes comenzarán las clases y esa situación generará más de un inconveniente a las diez familias allí asentadas.

Gisela Díaz (22) una de las jóvenes madres instaladas en el campamento okupa, comentó que en junio del año pasado las autoridades municipales le “prometieron una vivienda”, luego de que naciera, en su entonces domicilio particular, su tercer hijo. En esa ocasión fue asistida en el parto por dos uniformadas, una de las cuales actualmente forma parte de la consigna apostada en el lugar, además las policías montaron una campaña para brindarle ayuda (ver recuadro).

Visita “élder”

Los usurpadores comentaron que desde el pasado jueves la policía no les permite que ingresen personas de visita al sitio donde se levantan las carpas. “Tampoco dejan que nos traigan mercaderías. Si necesitamos algo tenemos que salir nosotros mismos”, señalaron.

Ayer, cerca de las 11.30, mientras se esperaban novedades en la toma en el barrio San Francisco IV, dos misioneros mormones (élderes) llegaron al lote ocupado y preguntaron a los periodistas de este medio si: “César, que vive en una de las carpas” se encontraba en el lugar. La repregunta fue si se trataba de ¿un hombre de cabello largo? y la respuesta fue “sí”. Al informarle que no estaba en la toma en ese momento, prometieron volver en otro momento “a visitarlo”, acto que al decir de los okupas está prohibido.

 

Dio a luz en su casa y asegura
que le “prometieron” una vivienda


Gisela Díaz y sus tres hijos, integran el grupo de personas que desde hace más de un mes acampan en un lote baldío del barrio San Francisco IV. La joven madre asegura que desde el Instituto Municipal de Tierra y Vivienda para el Hábitat Social le “prometieron”, el año pasado, “una casa”, a poco de dar a luz en un domicilio a su tercer retoño.

El niño y su madre actualmente

Ayer habló de ese acontecimiento que fue noticia en los medios locales y regionales, y recordó que en ese momento -junio del año pasado- Jésica Carriqueo y Soledad Andrade, que por aquel entonces cumplían funciones en la subcomisaría 80 del barrio San Francisco, recibieron, a través del 911, un pedido de auxilio de una vivienda ubicada en el barrio San Cayetanito.

El llamado lo realizó Gisela, que estaba en trabajo de parto y se encontraba en su casa, acompañada de sus otros dos hijos, de 4 y 5 años. De inmediato un móvil de esa dependencia policial respondió al llamado y una comitiva se acercó hasta el domicilio.

El día del nacimiento (Foto de archivo)

Jésica y Soledad -cabo y cabo primero respectivamente- descendieron del móvil y siguieron las indicaciones que el menor de 5 años les hacía para mostrarles dónde estaba su mamá, en pleno trabajo de parto.

Las integrantes de la fuerza policial -acompañadas por otros dos uniformados- ingresaron a la vivienda y de inmediato tomaron contacto con la mamá, quien estaba dando a luz a su tercer hijo.

Mientras contenían a los dos niños, coordinaron el operativo para que una ambulancia del hospital local acuda al lugar y los facultativos brinden las atenciones correspondientes, tanto a la madre como al pequeño recién nacido.

Fue Jésica quien se encargó de cortar el cordón umbilical, mientras que su compañera recibió al pequeño Tahiel en brazos y lo cubrió con una manta.

Cuando acudió la ambulancia, se organizó el operativo para trasladar a la mujer y a su bebé recién nacido hasta el nosocomio local; mientras que a bordo del patrullero llevaron a los otros dos pequeños al domicilio de su abuela paterna.

Pero el trabajo de las integrantes de la fuerza policial no culminó allí debido a que por iniciativa propia y con la aprobación de la Unidad Regional III, decidieron organizar una colecta para reunir elementos que la familia necesita.

 

 

Texto: Julio Luzuriaga Fotos: Tonny Romano

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