2020-02-26

Con éxito de público y mucha música cerró el primer ciclo “Open Folk Bariloche”

Había comenzado con el verano en los kilómetros y terminó en el centro, con mucha gente ávida de sonoridades diferentes. Artistas locales compartieron escenarios con colegas de paso. Gran iniciativa de Juan Nazar e Ine Güemes.

El lugar señalado es de apertura reciente pero sin embargo, se colmó. En Nené Bar (San Martín 672) se despidió Open Folk Bariloche, ciclo que alcanzó a redondear ocho ediciones durante el verano que ya se bate en retirada. Idea que importaron Juan Nazar e Ine Güemes, el formato es ágil y enriquecedor: diez músicos o músicas con su guitarra, tres temas cada intervención. Ni más ni menos. Y es un montón.

En la noche del último martes, la música comenzó con Jerónimo en Vuelo, divisa del músico Jerónimo Guiraud, capitalino que aprovechó para llegar al público barilochense. Si bien califica a su producción como “canciones de intención folklórica”, arrancó con un blues que ironiza sobre la tendencia a “enroscarse” y la necesidad de buscar “silencio mental”. Completó su segmento con “Ombligo al cielo”, una canción que planteó otro clima y finalizó con “Todo tiene su fin”, una letra hermosa. Su producción más reciente se titula “Conectado” y está disponible en plataformas.

El primer tándem barilochense fue el que conformaron Mariano Rodríguez y su compañera, Carolina Dai. Con su bagaje guitarrero infinito el primero, con percusiones mínimas la segunda… Rodríguez finalizó álbum nuevo hace poco, se llama “Huesos secos” y si bien para su autor es un homenaje al góspel desde las cuerdas, está inspirado en geografías e historias muy patagónicas. Sin que mediara palabra alguna, la dupla interpretó “Lirio en las pampas, tumba en Chimpay”, en clara referencia a Ceferino Namuncurá. Dai estableció una suerte de bajo continuo a partir de un instrumento curioso que después de la consulta, el cronista supo que se llama “shruti box” y que proviene de India. El segundo fue “La hipoteca y el arado”, una obra parada en la estética folk, en el sentido original del vocablo. Y el tercero, “Esquivando el progreso”, otro de los temas de “Huesos secos”, con slide y xilofón. Al final su parte, Rodríguez saludó la gestación y continuidad del espacio, de valor para los músicos que escapan a “la cultura del cover” y procuran que su tarea no se agote en el mero entretenimiento. Su producción más reciente -al igual que las previas- está disponible en la plataforma Bandcamp pero pronto circulará también como disco compacto.


Se llenó el lugar. (Foto: Tonny Romano)

Poesía bucólica

Acto seguido, ocupó el escenario uno de los anfitriones: Juan Nazar. El coorganizador de “Open Folk” es dueño de un puñado de canciones serenas de poesía casi bucólica, cuyas letras hablan de “almas que no caben en rutinas estrechas”, de amaneceres que se producen después de largos inviernos y de noches que se prolongan “cuando se oscurece el corazón”. El Cordillerano había dado cuenta de su álbum más reciente: “Inunda la casa”. A las que no están ahí incluidas, las publicará próximamente.

La atmósfera intimista cedió paso a la cadencia funk de “A quien te quiera”, aporte de Maxi Campos, otro de los “visitantes” que menos de dos años atrás ahondó proyecto solista. Una letra que habla de enredos sentimentales, de caerse y levantarse. Con llamativo uso de la voz, Campos avisó que su tema siguiente, “Despidiendo de a poco”, estará disponible como “sencillo” a partir del viernes, así que el del martes fue una suerte de preestreno.

Completó su tríada con “No duerme en la cima”, canción que reflexiona sobre la (in)satisfacción.


Maxi Campos. (Foto: Tonny Romano)

Nico Simari arrancó sin presentarse, con estética -si se quiere- de los 70 y una letra que habla de vuelos como sinónimo de libertad, niñez y la necesidad de escuchar. Luego, compartió una obra “prestada” que refiere a perdones, penas, jaulas y nuevos vuelos, en un contexto de amor. Tocó que el joven barilochense asumiera el primer gesto explícitamente político de la noche, al expresar su solidaridad con la lucha que lleva adelante el pueblo chileno desde el 18 de octubre pasado, “aunque ahora no salga tanto en los medios”. Justamente, Simari ofreció un poema de Pablo Neruda al que musicalizó su padre, cuya línea más potente, dice: “tengo un pacto de honor con la hermosura / tengo un pacto de honor con mi pueblo”. Se titula el tema “No me lo pidan” y forma parte de su álbum “Vengo a darme cuenta”, también presente en las plataformas.

El clima cambió radicalmente cuando se apoderó de la guitarra Sol Bassa, una joven y sorprendente blusera de Buenos Aires, que se consagró a descoser la guitarra y vociferar letras pendencieras contra el consumismo, los dobleces de conciencias y otras bondades contemporáneas. Bassa alternó sus versos con prolongados pasajes instrumentales inscriptos en las mejores tradiciones del rock & blues. La chica también tiene disco reciente: “Errores Coleccionables”. Con el tema que abre su álbum cerró su parte: “Pieza inundada”. Habla precisamente, de la pesadilla que supone padecer una inundación en el hogar, flagelo lamentablemente frecuente en ciertos barrios de la

Capital o su conurbano. Potente paso por la versión barilochense de “Open Folk”.

Vocación minimalista

De nuevo fue evidente la mudanza de sintonía, cuando “Viru” se sentó frente el micrófono. Así se presentó el músico, sin mayores datos. Desplegó un cuadernito sobre el monitor para tener sus letras a mano y ofreció un set súper minimalista, con canciones despojadas y sentidas. Dedicó una de ellas “a un amigo que ya no está” con atmósfera telúrica y una sentencia: “queda lo que tiene que quedar”. Sus letras refieren a la estepa, a arroyos, a otoños, soledad y brisas, en tono intimista.


Viru, a secas.

Siguió la otra anfitriona: Inés Güemes. Compañera en la vida de Nazar, confió que reside entre nosotros hace unos dos años y quedó en evidencia que esa llegada influye en su música. En el valsecito “Montañas”, cuestiona la costumbre de vivir en función de los demás y celebra su llegada a “cabañas que permiten ver montañas”. Para seguir, asumió formato de trío con Simari en el bajo y el propio Juan en guitarra. Así compartió una historia de autoafirmación: “ya no quisiera ser la mujer que fui ayer”. Terminó con “Corazón de alcaucil”, un manifiesto que aboga por la simplicidad y el amor sin artificios.


Ine Güemes en trío.

Pleno de emotividad estuvo el momento de Marcelo Saccomanno, quien arrancó con uno de sus clásicos: “Puerto Moreno”, es decir, aquella historia de la gota del arroyo Gutiérrez que testimonia costas alambradas y represas que interrumpieron el curso del río en su peregrinar hacia el Atlántico, envuelta en una melodía de terciopelo. No menos hermosa es “Lapacho”, cuya letra incluye palabras en portugués, ya que remite a la historia de un exiliado de los 70 que debió recalar en Brasil. En tanto, “Amanece” ironiza poéticamente sobre la supuesta “nada” que caracteriza a la estepa, con contundencia inapelable.

El final para el primer ciclo de “Open Folk Bariloche” fue electrizante, aunque nadie portara guitarras eléctricas. Corrió por cuenta del tándem que conforman Fran Kawell e Iván Piombi, una sociedad explosiva. Arrancaron con un tema del primero, “Mawün (Lluvia)”, súper intenso, entre grunge y folk. Siguieron con “Semilla divina”, del segundo, con toques de virtuosismo, solos que iban y venían, más guiños al rock de los 70. Los muchachos terminaron su faena con “Árbol dólar”, un ataque en toda la línea del joven Lanfré (Fran Kawell) contra el flagelo de los monocultivos, en particular, la que se lleva por delante bosques nativos, derechos territoriales, medicinas y culturas en el lado chileno del territorio mapuche. Versos incandescentes y chispas en las guitarras. Memorable cierre para una iniciativa afortunada. Que se repita.


Fran Kawell e Iván Piombi.

Adrián Moyano

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