2020-01-29

TU PAPEL EN LA HISTORIA

La actuación de los Bomberos Voluntarios en los incendios del '96

El incendio en Catedral de 1996, al tratarse de uno de interfase, dio lugar a la intervención de Bomberos Voluntarios de distintos cuarteles de nuestra ciudad. En ese entonces, en el de calle Yatasto no había un solo responsable sino que se trataba de un comando unificado, “éramos tres oficiales jefes a cargo del cuartel, coincidió con el ingreso del primer grupo de mujeres, lo que provocó un shock en la estructura para poder incorporarlas administrativamente” comenzó recordando Jorge Vargas.

A Vargas lo acompañaban César Garnica y José Cuevas. “Ese mecanismo nos daba más espacio para participar con los distintos entes de las reuniones con respecto a los incendios forestales y del avance interno de la institución”.

“Teníamos muchos focos de interfase, es decir los que están cerca de viviendas, hasta el 89 IFoNa había sido el interventor, después tomó las riendas la Provincia y se hizo el SPLIF que inicialmente lo cubría personal rentado de algunos de los cuarteles por contrato y se incorporó al BIF (Brigada de Incendios Forestales de la Policía de Río Negro”. Es decir que ese gran incendio del 96 fue bajo la órbita de esta última institución mencionada.

“Parques no tenía oficializado el equipo de ataques de incendios, nosotros no teníamos el personal necesario ni los elementos como para afrontar algo de tantas dimensiones, solo contábamos con un equipo 4x4 y material de mano y motobombas”.

“Durante el 95 se registraron entre 50 y 90 focos, entonces nos reunimos en algunas oportunidades con el intendente César Miguel porque ya nos preocupaban esas estadísticas”. Aclaró que “la vegetación de ese momento no era la de hoy, no había caminos de acceso a determinadas zonas y el fuerte estaba en el ataque inicial” comentó. En la actualidad más del 60 por ciento de los incendios forestales, son con peligro de vivienda por el enorme crecimiento demográfico de la ciudad.

“Por eso desde Bomberos nos comprometíamos a no fallar en esa primera etapa del fuego junto con el SPLIF que tampoco tenía recursos entonces entre todos, hacíamos lo que podíamos” contó.

Ya habían tenido algunos de interfase en el Ventana, El Carbón y en Dina Huapi, “como bomberos siempre nos capacitamos en forestales, así que en ese sentido estábamos preparados” aseguró.

“Supuestamente el fuego arrancó por una fogata mal apagada, intervino inicialmente la sección Centro Atómico de Radiológica de la Policía Federal, al otro día se detecta otro casi en ese lugar por eso hasta el día de hoy nos quedó la duda si fue otro secundario o el mismo que se reavivó”.

En ese tiempo la comunicación que mantenían era por equipo de radio VHF, “el problema más grave fue que no era el mismo clima del día anterior, habían ráfagas muy altas, eran las tres y media de la tarde”. Llegaron aproximadamente 40 minutos luego de recibir la alerta, “ya había tomado un frente considerable en el medio de cañadón y se había prendido todo el sector de cañas colihue”.

El fuego ya había llegado a la mitad del acceso del camino viejo desde Casa de Piedra “la visibilidad era cero, lo que volaba era altamente riesgoso y era imposible entrar a ese sector”.

“Teníamos lo que se llama fuego de copa, al que no llegás con nada más que con un medio aéreo, pero no había, entonces la atención nuestra se fijó en intentar llegar a la base de Catedral para proteger las viviendas”, detalló.

Continuó relatando: “y así fue, pudimos llegar con una cantidad de hombres como para un ataque inicial, agua teníamos de la pileta del anexo del hotel que luego resultó quemado y aplicamos todo el recurso entre Bomberos Melipal, Ruca Cura y Centro y así y todo, se quemó más de media docena de casas”, se lamentó.

El ataque en el frente consistió en mojar las construcciones antes de que llegara hasta ellas el fuego “lo atacamos desde los laterales para intentar cerrarlo en pozón del camino viejo pero el viento era tan cambiante que no nos dejó”.

Jorge Vargas, el bombero voluntario que vivió anécdotas inolvidables.

En la Villa ya habían evacuado a algunas personas y otras habían decidido quedarse colaborando, coordinadas por la Policía, “cuando llegamos ya estaban trabajando frente al fuego con palas, baldes y bidones y muchos nos brindaron agua para beber y centraron un lugar para las emergencias”.

Ese primer momento fue trágico “como no nos veíamos la única manera de comunicarnos entre nosotros era hacerlo por Handy pero llegó un punto en el que desconocíamos la ubicación de los móviles”.

En particular a Vargas le tocó ir a coordinar al sector de abastecimiento “en ese momento el fuego tomó el anexo del hotel Catedral, me acuerdo que estaba con nosotros Popeye, uno de Melipal y otro de Ruca Cura”, recordó.

“El fuego se nos vino encima y alcanzamos a meternos enteros en la pileta, pasándonos por arriba”. Otra dotación estaba combatiendo al fuego en la zona Este a cargo de Molina y supieron que se había accidentado un compañero, mientras que en el Oeste estaban Claudio Reiner y Damián Lucero, entre otros. “Fue muy grande el desconcierto cuando intentamos comunicarnos por la radio y no contestaban, ya pasó a segundo plano el incendio porque nuestra única preocupación era saber cómo estaban nuestros compañeros”, aseguró.

“Decidimos reorganizarnos, buscarlos y ver cómo y dónde estaban para comenzar otra vez con un ataque de forma inicial, por suerte el fuego no tocó la central telefónica y se salvaron casas que estaban para el Oeste”, refirió.

Luego calmó un poco el viento “ahí el control fue diferente, pero el fuego cruzó la ruta y se fue para el cerro San Martín, ya había tomado la zona de radales que tiene un combustible altamente peligroso y cada vez era más grande”.

Congoja y angustia en Jorge Vargas al recordar el incendio del 96, detalles que quedaron grabados por siempre en su memoria y su corazón.

Registrar imágenes

Roberto Barrientos vivía en el barrio La Cumbre y cada vez que veía una columna de humo, prendía su equipo para dejarlo registrado. “Muchas imágenes me pedían los medios de comunicación para difundirlos en las noticias”, afirmó.

“El día que comenzó el incendio yo tenía una motito, escuché que era en el Casa de Piedra, cargué mi cámara M8000 en mi mochila y me fui” recordó.

Roberto Barrientos mirando las notas sobre ese incendio en las páginas de El Cordillerano.

“En ese tiempo el SPLIF tenía un solo camión canadiense que manejaba Vidal, una camioneta que en el techo tenía escrito el número 96, no había casco ni equipos, solo palas, machetes y alguna motosierra”, recordó.

Calcula que filmó 45 minutos esa tarde, “al otro día me fui a Villa Catedral, fue algo impresionante, mucho viento, temperaturas altísimas y en el cañadón cada vez tomaba más fuerza”.

“Veíamos como el fuego iba de copa a copa entre los árboles y nada podíamos hacer, las piñas de los pinos saltaban encendidas y empezaron a caer en los techos de las casas que eran todos de tejuelas de alerce.”

“Yo siempre me manejaba por detrás del fuego, no me animaba a enfrentarlo porque sabía lo peligroso que era si te rodeaba”, afirmó.

Poco a poco se fue haciendo amigos de los muchachos del SPLIF “iba a la base para compartir unos mates y un día Roberto Molina me dijo que se iba a abrir un curso para combatientes, para eso debía ingresar a la policía, así que lo hice y me convertí en uno más del equipo”. Fue durante el mismo año 1996.

La función que tenía Barrientos dentro del SPLIF era la de torrero, subía a la terraza del cerro Otto a las ocho de la mañana y se quedaba allí bajo el sol hasta las 20 horas. “Tenía un mapa y al detectar con los binoculares una columna de humo, daba por radio la alerta mencionando las coordenadas exactas”.

Luego llegaba el momento de volver a su hogar “como ya no andaban las góndolas a esa hora, bajaba corriendo por la picada paralela a las torres del cerro, llegaba lleno de tierra a esperar el micro y si no habían extinguido ese incendio, me iba a ayudar en el combate”. Así era cada temporada de verano, una tarea digna de resaltar, un esfuerzo que muy pocos barilochenses conocieron.

“En ese tiempo éramos tres o cuatro en una cuadrilla, si necesitábamos agua o comida, no bajábamos a buscarla porque era mucho desgaste de energía volver a subir al lugar del fuego”, señaló.

“En esa época éramos muy pocos para cargar con tanta responsabilidad”, afirmó.

Susana Alegría

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