EL DEPORTE COMO PREVENCIÓN Y REINSERCIÓN
Internos del Penal 3 recibieron sus certificados del taller de boxeo
A comienzos de este año un grupo de internos del Penal se acercó a Gladys Tallarico, licenciada en Servicio Social y coordinadora del Gabinete Técnico Criminológico, con la propuesta de abrir un taller de boxeo. El mismo al poco tiempo fue institucionalizado para que se pudiera desarrollar y en febrero ya comenzaron con las clases. Al principio eran muchos más, pero con la depuración natural que sufre cualquier grupo, finalmente fueron 22 los que lo terminaron. La semana pasada hubo un acto en el cual recibieron sus diplomas.
Se trata de la primera experiencia en un establecimiento penitenciario de Río Negro, lo que lleva a tomar otras dimensiones al momento de hacerlo público.
El Cordillerano dialogó con Tallarico, con David Navarro quien además de ser celador penitenciario es entrenador de boxeo, director técnico nacional y preparador físico, y con los internos Norberto José Hernández y Cristian Ballejo.
Tallarico hizo un poco de historia: “estuvimos trabajando todo el año en distintos proyectos que tienen que ver con el impulso propio de los internos, porque como ya se sabe, no tenemos gente que venga a capacitar” dijo.
“Como los internos ya fueron parte de proyectos formativos y de trabajo y continuando con la propuesta de fortalecer los saberes que cada uno trae de afuera, la idea fue muy bienvenida.”
Más allá de estar relacionada con la parte deportiva y recreativa se trata de aunar habilidades y capacidades. Se dieron varias casualidades, Hernández afuera ya era director técnico y tanto el director como parte del personal penitenciario entrenaban con Navarro en su escuela.
“Entonces se nos ocurrió institucionalmente que bueno sería reunir a un penitenciario que tiene funciones de celador con los internos interesados en un mismo deporte” detalló la licenciada.
De allí en más se trabajó en los diferentes cambios de roles que se irían dando, “por eso se trató de una experiencia piloto muy interesante, el celador se comenzó a comunicar con los internos desde otro lugar, en otros horarios y con otros fines”, contó.
Cabe aclarar que Navarro trabaja de instructor de boxeo fuera de su horario laboral y de manera totalmente desinteresada, es decir, no cobra.
A partir de 2017 luego de rendir en la Federación Argentina comenzó con su trabajo de entrenador. Abrió una escuela donde el enfoque va directo hacia chicos y chicas de la categoría menor, es decir hasta 14 años, aunque también cuenta con muchos jóvenes.
Se llama Las Águilas y funciona en el centro comunitario del barrio Alborada, en Castex y Diagonal Gutiérrez; “consideramos el boxeo como una práctica deportiva, que al estar federada cumple con ciertas normas y reglamentos”.
Acerca de su rol como entrenador dijo “es inculcar el boxeo como una herramienta porque llegan muchos chicos que vienen de realidades diferentes, incluso tenemos algunos que llegan desde el CAINA”. Lo estricto de la disciplina inculca otros valores tanto a nivel físico como humano, “se ve para qué se usa, a nivel personal este proyecto del Penal me sirvió porque he tenido afuera a hijos de algunos internos”. De esta manera se continuó con la articulación tan anhelada de unir en una misma actividad a actores como la sociedad, los detenidos y las fuerzas policiales.
“Entonces utilizamos el boxeo como prevención y reinserción, dos partes que al trabajarlas unidas favorece a todos” agregó Navarro.
En febrero eran muchos más pero allí comenzaron a verse los roces y prejuicios con respecto a que un penitenciario les enseñara un deporte, otros lo tomaron de muy buen grado y así continuaron a lo largo del año. “Todos tuvimos que trabajar las barreras, siempre manteniendo el respeto, no es deporte que se aprende solo para dar y recibir piñas, sino que el tener una herramienta tan amplia como el saber dónde y cómo golpear, se puede convertir en un arma mortal, por eso conlleva un compromiso”.
Han ido viendo al deporte de una manera muy amplia, más allá del contacto físico “aprendieron cómo funciona el sistema neurovascular, la fuerza, la potencia y los límites de cada uno”. Lo emocional está siempre presente, para saber hasta dónde llegar.
Hernández comenzó con el boxeo desde muy chico y en febrero del 86 fue su primera pelea en el Pedro Estremador, con tan solo 14 años; el Mono Roa era su entrenador. “Aprendí muchas cosas buenas, enseñé a cuatro chicos que salieron campeones provinciales, experiencias muy gratificantes, hasta que lamentablemente cometí un error y terminé acá en el Penal”, dijo.
Hernández, Tallarico, Ballejo y Navarro.
El taller se llevaba adelante en Autodisciplina “cada uno tiene que seguir buscando su camino, con Ballejo armamos un grupo muy unido y nos fuimos conociendo desde otro lugar”.
Ballejo dijo “la idea era aprender un deporte y ocupar el tiempo en algo positivo, cuando Navarro aceptó acompañarnos, nos alegramos mucho porque sabemos de su experiencia en el boxeo”, contó. “Algo muy bueno dentro de todo lo malo que vivimos y utilizarlo de otra manera, no para agredir a un celador o a un compañero sino para sumar conocimientos y poder invertir el tiempo que estamos acá” agregó. Es de resaltar también la aprobación de parte del director, el oficial principal José Ibarra, sin cuyo aval nada de esto habría sido posible.
En el ring
La vida a veces tiene unos recorridos inimaginables, hace muchos años Hernández y Navarro se conocieron sobre ring “en mi categoría no tenía con quien enfrentarme y él aceptó, yo tengo 99 peleas en mi haber y la número cien iba a ser en Viedma pero por ahora, estoy pagando por lo que hice” comentó Hernández.
“Esa pelea entre los dos fue un gran espectáculo, algo que tomamos como una nueva experiencia, porque ser boxeador no es pasar por arriba de nadie ni insultarlo”.
La comunidad
puede colaborar
Algo de material fue sumando Hernández, otros elementos los donó Navarro de su escuela, pero son muchas las necesidades, incluso Antimir colaboró. “Lo ideal sería un piso de goma eva pero igual estamos necesitando más guantes, protectores bucales, algunas bolsas, por eso pedimos a quienes tengan y ya no las utilicen, que nos las donen para seguir adelante con este proyecto” dijo Norberto.
Los internos sabiendo del compromiso y desinterés de parte del instructor para con ellos, quisieron retribuirle en algo a su escuela, entonces lo hicieron con bibliotecas y algunos muebles que necesitaban en el Alborada.
Navarro dijo “esto también me abrió las puertas para ir a cargo de la Selección Rionegrina de Boxeo Juvenil donde nos encontramos con una competencia de alto rendimiento de chicos entre 14 y 15 años muy profesionales”.
El balance de todos los proyectos desarrollados a lo largo de este 2019 en el Penal es sumamente gratificante, han logrado resaltar los potenciales de cada interno, que éstos sean compartidos en forma de enseñanza a sus pares y muchos, con fines sociales, solidarios y de rédito económico para ayudar a sus familias.
Con lo que llevan aprendido y de continuarlo el día que salgan en libertad, podrán desempeñarse como árbitros, fiscales, jueces o entrenadores.
Como todos fueron enmarcados a nivel institucional, el año próximo podrán tener continuidad, más allá de las personas que lleven adelante el proyecto.
Por Susana Alegría