La cordillera rionegrina tenía más policías por habitante que Buenos Aires
No obstante, la eficiencia de la fuerza de seguridad era un tanto desalentadora: el 35 por ciento de las causas no se resolvía. Incidía con fuerza la fuga de los sospechosos.
En las primeras décadas del siglo XX, la región andina de Río Negro contaba con más policías por habitante que la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, la eficiencia de la fuerza no guardaba relación con su proporción numérica: el 35 por ciento de las causas judiciales de diversa índole quedaban sin resolución. De ese porcentaje, el 46 por ciento tenía que ver lisa y llanamente con la fuga de los sospechosos.
El recuento se encuentra en “Proceso de formalización de los poderes locales en la región andina rionegrina. 1880-1920”, ponencia que tuvo como autora a la licenciada Graciela Suárez (UNCo) y se publicó en las actas del IV Congreso de Historia Social y Política de la Patagonia Argentino – Chilena. El cónclave se realizó a mediados de noviembre de 2001 en su sede tradicional: Trevelin (Chubut).
Como marco general, hay que tener en cuenta que entre 1890 y 1920 se conformaron en la región andina rionegrina las instituciones estatales, en un contexto de “población mayoritariamente rural, muy diseminada, con la particularidad de una presencia de una frontera fácilmente franqueable, que daba lugar a la existencia de una comunidad de intereses económicos y de relaciones sociales entre los habitantes de ambos países (la Argentina y Chile) y su incidencia en el desarrollo de acciones delictivas permanentes o esporádicas”.
La investigadora trabajó con expedientes de la Gobernación de Río Negro y del Juzgado Letrado, además de consultar periódicos locales, las Memorias de los gobernadores del Territorio, informes policiales y de jueces de Paz, registros de infracciones y contravenciones. “Durante la etapa estudiada, las acciones dispuestas desde el poder central para imponer las funciones de represión y normalización de la región andina, tienen que ver con la puesta en funcionamiento de la institución policial: creación de comisarías, destacamentos. A su vez se procuró dotarlos de los medios necesarios para su desempeño: cuadros de personal, infraestructura y recursos materiales”, reconstruye la investigación.
Apuntaba Suárez: “el primer nombramiento que registramos es el del Comisario de Policía Juan Milher en 1889. Podemos decir que a partir de esa designación, la política con respecto a la acción policial en la región se orientó a la creación de sub-comisarías y destacamentos en distintos puntos y a la dotación de personal policial. Tanto la distribución como el asentamiento de los pequeños puestos policiales tuvieron como objetivo hacer más eficaz su misión persecutoria y mejorar la vigilancia y el control preventivo de la población, en el sentido de proteger caminos, establecimientos comerciales y ganaderos”.
A la vera de los caminos
La distribución fue la siguiente: “en el camino Bariloche-Ingeniero Jacobacci, que finalizaba en el puerto de San Antonio, se ubicaron los puestos de Pichi Leufu, Pilcaniyeu, Ñorquinco (sic). En el camino que bajaba de Neuquén (por el río Limay) a El Maitén (Chubut) para conectarse con Puerto Madryn, se ubicaron las sub-comisarías de Paso Flores, Pilcaniyeu, Ñorquinco. En la ruta que partía de Bariloche hacia el sur para unirse a Esquel, en el Chubut, se ubicaban en Lago Guillelmo y El Bolsón. En la travesía que venía de Piedra del Águila (Neuquén) y se internaba en Río Negro para continuar a El Maitén, en el Chubut, se hallaban los de Paso Limay, Coquelén, Pilcaniyeu, Ñorquinco”.
Según la reconstrucción de la historiadora, “en esos puntos estaban instaladas casas de comercio y acopiadores importantes, sobre todo en Pilcaniyeu, Ñorquinco, Paso Flores, Comallo, Pichi Leufu, además de importantes estancias como: San Ramón, Paso Limay, Las Bayas, Tierras del Sud Argentino de Pilcaniyeu y Tierras Sudamericanas de El Maitén. Tanto Pilcaniyeu como Ñorquinco, puntos confluentes de estos caminos, contaban con correo y telégrafo. La instalación del telégrafo constituye un elemento altamente positivo para la Policía, pues aumenta su capacidad operativa”.
¿Quiénes se desempeñaron en esos puestos? “En cuanto a la expansión del plantel policial se destaca la evolución que experimentó el grupo de agentes, quienes constituían la cara visible del poder policial y sobre quienes recaía la más dura tarea de represión y prevención. Si bien el número de efectivos siempre resultó insuficiente con relación a la extensión de las jurisdicciones policiales (comisarías, sub-comisarías, destacamentos) y a la dispersión de la población, hay un significativo aumento del plantel policial entre los años 1904 y 1911, sobre todo de agentes”.
Sin embargo, la tendencia creciente se acentuaría en los años siguientes. “Pero aún más significativo es el aumento que se registra entre 1911 y 1914, en sólo tres años, en el total de efectivos (119 por ciento) y algo menos en el plantel de agentes (100 por ciento). A partir de 1914 aunque hay incrementos, éstos no son de la magnitud de los registrados antes de esa fecha”, constató Suárez en su análisis.
Seis años después hubo una redistribución que afectó a esta ciudad, por entonces un gran pueblo. “La disminución del personal asignado a la Comisaría de Bariloche en 1920, sobre todo de agentes, paralelamente el aumento en las sub-comisarías de la región y la aparición de nuevos destacamentos a cargo de agentes, puede interpretarse como una intención de descentralización y proporcionar una mayor vigilancia al interior de la región”, calculó la historiadora. En desmedro de la cordillera propiamente dicha, claro.
Rendimientos desalentadores
En su análisis sobre la Policía en la región andina de Río Negro entre 1880 y 1920, la licenciada Graciela Suárez se tomó el trabajo de trazar un paralelismo con Buenos Aires en la misma época. “Si comparamos la relación personal policial con cantidad de habitantes que registra la Policía de la ciudad de Buenos Aires en 1903 (1 efectivo cada 204 habitantes) y en 1920 (1 efectivo cada 267 habitantes) con la que presenta la región andina de 1 efectivo cada 80 y 1 efectivo cada 57 habitantes en las mismas fechas, puede dar lugar a conclusiones equivocadas en cuanto a la protección brindada por habitante en el Territorio de Río Negro, pues para evaluar la presencia policial hay que considerar ciertos factores propios de la región en estudio, como lo son la ruralidad de su población, diseminada en una extensa zona, además de la amplitud de las jurisdicciones policiales, difíciles de cubrir con el personal asignado y los insuficientes medios de movilidad que disponían”, según sus conclusiones.
A la hora de evaluar los desempeños de la fuerza, la investigadora examinó “105 expedientes correspondientes a causas judiciales de la más diversa índole, sustanciados durante actos delictivos ocurridos en la zona de estudio durante el período 1901-1920. Si nos centramos en el análisis de la resolución de su trámite, surge que hay un porcentaje importante de esos casos que no se resolvieron (35 por ciento) por causas que tienen que ver con un desempeño deficiente e insuficiente de la actuación policial”.
La cuantificación es muy ilustrativa: “entre esos casos hay una mayoría que no se pueden resolver por la fuga de los sospechosos, un 46 por ciento (sobre todo en los delitos de lesiones y homicidios, seguidos por los de hurto y robo), otros porque no se reunieron las pruebas suficientes para determinar la culpabilidad, un 38 por ciento (sobre todo en hurto y robo) y además hay un número importante en los cuales no se individualizaron los autores, que alcanzan un 16 por ciento (a la cabeza están los robos y hurtos seguidos por los delitos de lesiones y homicidios)”.
Adrián Moyano