2019-11-25

“Cuando llegamos a Dina Huapi lo primero que hicimos fue plantar, porque el viento se llevaba todo”

En el aniversario número 33 de Dina Huapi, Antonio Zidar entrevistó para El Expreso Periodístico (por El Cordillerano Radio 93.7) a Erna Brendstrup, integrante de una de las primeras familias en instalarse en ese suelo.

Erna contó que nació en Bariloche y su familia vivía en el barrio Melipal. “Mi padre, Jens Bendstrup, tenía un pequeño tambo en esa zona, hasta que allá por el año 1950 compró las tierras junto a Cristian Handsen en Dina Huapi”, que por aquel entonces todavía no llevaba ese nombre.

“Ellos comenzaron a hacer las instalaciones mientras el tambo seguía funcionando en Melipal, era todo estepa y habían unos poquitos álamos. Lo primero que se hizo fue plantar, porque el viento se llevaba todo, no había resguardo y además esa zona es punta de lago”, recordó Erna.

Haciendo memoria comentó que su padre “plantó muchas cosas pero lo único que daba resultado eran los pinos forestales. Una vez que tomaron cuerpo ya la tierra no volaba más, fue muy importante el haber plantado para parar el viento, ahora esos pinos cumplieron su función y hay que ir reemplazándolos por otro tipo de árboles”.

Asimismo, Erna detalló que mientras plantaban los pinos se comenzó con la construcción del edificio donde funcionaría el tambo. “En cuanto se terminó el edificio, en el año 1953, nos mudamos para allá, a partir de eso comenzó a funcionar todo ahí. Handsen desde un principio vivió ahí para verificar las construcciones, mientras tanto mi papá seguía con el tambo en Melipal”.

“En el año 69 o 70 se terminó la ruta y se hizo un puente, ahí se podía ir a Bariloche de manera más rápida y segura. Hasta ese entonces había que vadear el Limay y se ponía bravo en invierno, otro camino era dar la vuelta por el cerro León, casi hasta el río y de ahí tomar la ruta”, indicó.

Sobre este tema remarcó que la construcción de ruta cambió todo y mucha gente comenzó a preguntarse por qué no se loteaba. “Con la tierra que quedó del otro lado de la ruta, que no se podía usar para las vacas, de a poco nació la idea de lotear y se comenzó a pensar en el tema”.

Preguntada por el nombre que lleva hoy por hoy la ciudad, Erna señaló que en ese momento el lugar se llamaba Ñirihuau Abajo, pero en 1973 se presentó un plano y desde Viedma pidieron un nombre.

“Lo discutimos, charlamos y pensamos. Nos parecía bien ponerle Dina por Dinamarca y Huapi por Nahuel Huapi, ya que a esta zona la llamaban así, Nahuel Huapi. El correo que estaba del otro lado del Limay era el correo de Nahuel Huapi. Así nació la idea de ponerle Dina Huapi”, rememoró.

En 1974, con el plano ya aprobado, comenzaron a venderse los lotes. “El tambo siguió unos diez años más aproximadamente, una vez que estuvo la ruta comenzó a llegar leche envasada”.

En cuanto al trabajo que se realizaba en el tambo, Erna remarcó que “el clima acá no es muy favorable, es una actividad que te tiene ocupado todo el día. Había que ordeñar las vacas dos veces por día, ellos nunca estaban libres y estaban un poco cansados del trajín. Desde que se comenzó en el tambo se hizo con la ordeñadora eléctrica y un grupo electrógeno, pero era un trabajo esclavizante. Se ordeñaba de 4 a 7 de la madrugada y se salía para Bariloche con la leche. Después, a la tarde, ordeñábamos de 16 a 19 horas”.

Recordando a las primeras familias que se asentaron en la zona, además de Brendstrup y Handsen, Erna nombró al encargado del tambo que era el señor Vidal, la familia Hernández y Badilla. “Había más personas que trabajaban en el tambo o en la quinta, yendo hacia el lado del Limay estaba el boliche de Sepúlveda, del otro lado del río estaban Andrés y Edith Jones, también los Flores que igual tenían algunas vaquitas, al igual que los Lobos”.

“En ese momento no había electricidad, la línea terminaba cerca del camino al aeropuerto y por eso hubo que traerla. Algunos pusieron un molinito eólico de fabricación propia”, mencionó.

Consultada por las sensaciones que la invaden en este aniversario de la ciudad, Erna dijo con un claro tono de emoción que “se me cruza un sentimiento de alegría porque todo cambia, hay que marchar con los cambios. Lo otro era muy lindo, era campo, ahora ya no es más así, pero vamos adelante con el progreso”.

“Mi padre siempre celebraba todo lo nuevo que aparecía acá, ahora tenemos estación de servicio, desde que se incendió fue un problema para nosotros porque había que ir a buscar el combustible a Bariloche. Mi papá esperaba la inauguración del supermercado pero no llegó a verlo, lo inauguraron una semana después que falleció, él estaba feliz”, dijo.

 

 

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