GRAN TAREA EN EL CENTRO DE FORMACIÓN INTEGRAL DON BOSCO
La muestra de fin de año, un claro ejemplo de los logros que se obtienen en comunidad
El Centro de Formación Integral Don Bosco, una escuela de formación profesional de modalidad post primaria, realizó la exposición anual de todos sus talleres, una clara muestra de lo que se puede lograr a través del compromiso, del compartir saberes y el esfuerzo en comunidad.
Ricardo Arias, director de la institución, al hablar de las tareas que desarrollan dijo “donde más nos centramos en el sistema educativo es en revalorizar los potenciales que cada uno tiene, recomponer la autoestima, que sientan que pueden ser capaces de hacer muchas cosas”.
El CFI nació hace 16 años, las Damas Salesianas fueron y son, quienes dedican parte de su vida tanto para mantenerlo como para proyectar. “Empezaron con una casa chiquita dando ayuda escolar, después fue creciendo un poco más hasta abrir dos talleres de oficios, Electricidad y Chocolatería”.
A partir de ahí fueron incorporando más oficios, Pastelería y panadería, Experto chocolatero, Herrería, Electricidad domiciliaria, Mantenimiento de edificios, Reparación de electrodomésticos, Mecánica de motos y Peluquería. “A principio del año fueron 280 inscriptos y a medida que transcurren los meses esa cifra va fluctuando de acuerdo a las condiciones sociales y económicas de la gente”. Muchos jóvenes al momento de conseguir un trabajo, deben abandonar sus estudios por una cuestión horaria.
Para ingresar a cualquiera de estos talleres hay un solo requisito, tener la primaria completa. Los alumnos finalizan uno y se anotan en otro diferente porque no quieren tomar distancia “es un poco el clima que generamos de contención y vinculación, a partir de eso, educación y formación profesional para transformar y promocionar”.
Este año tuvieron el honor de recibir el primer premio presidencial de Escuelas Solidarias entre más de 800 escuelas, “ellos mismos van a ofrecer a otros lugares sus servicios eso es algo que nos enriquece a todos y llena de orgullo verlos manejarse así en la vida”, dijo.
Los fondos
Todo este gran funcionamiento del CFI Don Bosco es administrado por las Damas Salesianas; su presidenta, Leticia Velázquez, detalló: “hacer que esto funcione es una gran responsabilidad pero es algo muy satisfactorio porque de parte del cuerpo docente como de los alumnos hay mucha predisposición, si tienen que venir a contra hora lo hacen entonces me siento muy acompañada por todos. Verdaderamente somos una gran familia que no para de crecer”.
Desde el colegio Don Bosco van aportando a las Damas dinero que les va quedando como rédito de su funcionamiento, el Estado cubre los sueldos de la mayoría de los profesores; entre todos han logrado cumplir el sueño.
“Cuidamos cada peso como si fuera nuestro, vamos invirtiendo, pedimos donaciones si es necesario”. Asimismo desde los talleres de oficios realizan tareas en otras instituciones o empresas y reciben como pago algunos materiales que suman para las clases, actividades que utilizan para hacer las prácticas.
La muestra
La exposición se realizó en el salón principal del CFI del barrio El Frutillar y contó con la presentación de los stands de los talleres. Nicolás Díaz está en segundo año del de Mecánica de motos y comentó “mostramos las piezas que tiene un motor 110 cuatro tiempos”. Cada estudiante entró casi sin experiencia previa por lo que fueron aprendiendo en qué consiste y qué función cumple cada parte. “Nos enseñaron las posibles fallas y eso lo fuimos llevando a la práctica arreglando muchas motos tanto nuestras como de nuestros amigos”.
Javier Silva es el profesor de Herrería, “trabajamos de manera progresiva y con proyectos, la mayoría viene a aprender el oficio pensando que solo podrán aplicarlo en la herrería de obra pero no es así”. Comienzan con cosas muy simples como uniones, banquitos y poco a poco van sumando conocimientos hasta lograr resultados sorprendentes, tal es el caso de un chulengo completo con un toque muy especial, la parrilla es giratoria. Elementos con complejidades técnicas muy avanzadas que ya saben hacer al final del primer año. Entre los dos cursos son aproximadamente 25 alumnos.
“Lo que buscamos con la escuela es que tengan herramientas genuinas para poder afrontar la vida, que salgan con un oficio real y tangible y vemos con mucha alegría que eso es lo que sucede”. Cada día los docentes deben esforzarse en plantear propuestas más complejas puesto que en poco tiempo, los alumnos avanzan a pasos agigantados. Silva se dedica a la docencia hace diez años y seis son los que lleva en el CFI.
Marcela Filardi es la profesora del taller de Peluquería -que funciona en el Newenche por una cuestión de espacio-, que cuenta con aproximadamente 40 inscriptos. En la muestra se pudo apreciar como sus alumnas y alumnos aplicaron sus conocimientos haciendo en vivo cortes y peinados.
“En primer año ya se ven muchos cortes y trabajos químicos como aplicación de botox o shock de keratina, es una profesión que tiene salida laboral inmediata, con una tijera y un peine ya pueden comenzar a generarse sus propios ingresos”, detalló.
En el stand de electricidad, uno de los alumnos, Raúl Cisterna, agradeció “a los directivos y los profesores por toda la ayuda que me han dado en todo este tiempo y por todo lo que hacen por la gente del barrio”. El está jubilado, tiene siete hijos grandes y varios nietos, sin embargo sigue capacitándose.
Día a día en el CFI van creciendo y aprendiendo cosas, “primero hice el taller de Herrería y este año me prendí con esto, cuando lo termine seguramente siga con el de electrodomésticos porque me angustia mucho la idea de tomar distancia ya que acá encontré una gran familia” dijo muy emocionado. También está aprendiendo sobre energía eólica y solar.
Diego Buenoman está finalizando el taller de Panadería y en el stand aprovecharon la ocasión para ofrecer a muy bajo precio masas, facturas, alfajores y panificados. “Desde el principio que realizamos prácticas y eso va dando resultados que entusiasman”, dijo.
Son más de 30 alumnos y alumnas entre los dos años, “a uno que está sin trabajo lo ayuda un montón, enseguida podemos vender y generarnos un ingreso”.
El stand de chocolatería contó con un atractivo impresionante, el puente de Londres completamente comestible. Trinidad Cisterna dijo “Somos la promoción 2019 y este fue un gran desafío, mide un metro setenta de largo para el cual trabajamos más de ocho horas diarias durante dos semanas”. Para el Día de la Madre habían elaborado unas canastitas de chocolate pero nada tan grande como esto que expusieron.
Quiso dejar un mensaje para aquellos jóvenes que están dudando sobre si ingresar al CFI, “que se animen, que vengan porque esto además de una salida laboral para todos significa una gran familia, descubrir que somos capaces de lograr lo que nos propongamos y eso es muy importante”. Más allá de sentirse feliz por estar finalizando el taller dijo “es una mezcla de sensaciones, tristeza y melancolía porque sé que estoy dejando un espacio donde me dieron el lugar de quien soy, acá me encontré a mí misma, entonces es difícil dejarlos”.
Fabián Avilés es un alumno del segundo año de electricidad habló acerca del Proyecto Vientos de Esperanza, “fue premiado el año pasado en la India y hace un par de semanas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”. Consiste en un molino eólico que genera energía para una empaquetadora de huevos de Corralito. “Lo armamos manualmente y participaron de distintos talleres sumando sus conocimientos”.
Nuevo proyecto
Hace un tiempo que se han propuesto crear un espacio de educación no formal para aquellas personas que ya han perdido el ritmo y el compromiso de horarios y rutinas. Es por ello que comenzaron el sábado pasado, ya con la platea de lo que será ese nuevo lugar.
“Es para los pibes y pibas que están más complicados para comenzar los talleres, podrán asistir ahí y luego pasarse a los del CFI” contó Arias. Un espacio donde poder brindarles la contención necesaria, “oficios básicos o huerta”.
Susana Alegría / Fotos: Facundo Pardo