2019-11-14

EL UCRANIANO PARTICIPA DE LA FIESTA DE LAS COLECTIVIDADES

Viktor Moiseenko, un inmigrante del siglo XXI

 

Luego de un fin de semana de bailes rusos y húngaros en la Fiesta de las Colectividades, Viktor Moiseenko aceptó entusiasmado la invitación del programa radial “Mano y Contramano” (El Cordillerano Radio, 93.7) y compartió su historia.

Tal como lo hicieron centenares de ucranianos, Moiseenko migró a la Argentina durante un período de estrecha relación entre los países. Dato que quizá no sea tan frecuente de encontrar en la memoria colectiva nacional pero que según explicó el entrevistado, significó una motivación importante para muchos jóvenes de su país.

“Llegué en el 2001. La situación en Ucrania estaba muy difícil en ese momento. El gobierno de Menem mantenía relaciones y negocios con Ucrania, esto propició que allá se instalara mucho la opción de venir a Argentina, se hablaba prácticamente de una entrada libre, literalmente”, contó el invitado.

Un dato disparador para hablar de sus orígenes es su participación en la Fiesta de las Colectividades: Moiseenko es ucraniano pero baila con las agrupaciones rusas y húngaras. “Fui gestado en la Unión Soviética (URSS) que contenía 15 países, lamentablemente se dividió en el marco de un proceso muy complejo. Y yo nací en una parte de Ucrania, en el 1991 ya tuve asignada esa nacionalidad”, explicó. “Por otra parte ascendencia rusa y alemana por parte de mis abuelos. Y lo húngaro viene por el lado de mi esposa, que es Argentina pero pertenece a esa colectividad”, concluyó.

Su familia está integrada por los padres y dos hermanos, uno de ellos también se radicó en nuestro país. “Mi mamá todavía me extraña mucho. Ella pudo venir una sola vez desde que estoy acá y mi papá, dos”, señaló el joven.

Actualmente, Moiseenko se desempeña en el rubro del comercio y su esposa trabaja como psicóloga en la ciudad. Tienen 3 hijos. “Argentina es una madre que te acepta y te brinda sin hostilidades, uno le da todo lo que puede”, dijo con mucho convencimiento.

“Llegué cuando tenía apenas 19 años sin hablar español y sin un peso”, recordó. “No es fácil cuando te enfrentás a una cultura que además tiene un idioma diferente. Soy evangélico cristiano, Dios siempre estuvo a mi lado y me sostuvo para seguir adelante. Muchas veces se me cruzaron pensamientos negativos pero seguí adelante”, compartió Moiseenko.

Entre sus primeros trabajos, el ucraniano recuerda haber trabajado en una fábrica de pañales en plena crisis argentina. “Éramos muchos y el salario era muy bajo”, señaló. “Tenía dificultades para escribir y hablar el español, pero luego de un tiempo comencé mis estudios en teología. Después me acerqué a la psicología y en ese contexto conocí a mi esposa.

Su familia es de Bariloche y por eso vinimos a vivir acá”, explicó.

“Cuando llegué a Bariloche me maravilló el aire. En todo sentido”, aseguró el invitado. “Por un lado me sentí muy cómodo porque la gente argentina es muy sociable, y por otro valoro mucho el hecho de que el lugar ofrezca tantas condiciones para la actividad física”, señaló.

“En mi país las personas no son tan expresivas. Yo creo que por las dos guerras mundiales y por todo lo que pasó durante la URSS. Mi abuela vivió bajo el régimen y tanto salir como entrar era difícil; productos como la Coca Cola o la noción del dólar no eran para nada habituales” reflexionó el ucraniano.

“El deporte une a la sociedad más allá de las diferencias. Me encantaría abrir una institución deportiva para poder hacer actividades en verano e invierno. Mi papá era militar y jamás me permitió estar en casa sin hacer ejercicios, yo les inculco mucho eso a mis hijos, ellos van al Club Pehuenes”, contó.

Durante la extensa charla no faltaron las menciones gastronómicas ni las nostalgias. “El mate es la primera barrera cultural. Un extranjero europeo que ve pasar una bombilla por toda la ronda de personas, realmente se sorprende, créanme”, aseguró entre risas. Sin embargo el entrevistado reveló. “Hace 18 años estoy tomando mate y me parece imposible dejar de hacerlo”.

Respecto a las costumbres ucranianas que añora, Moiseenko expresó:” Extraño la comida. Allá tenemos un tipo de sopa que se toma aunque sea una vez al día. Argentina me sorprende con la carne y su preparación. Allá se hace muy diferente, mi papá cuando vino no la entendió. Nosotros pasamos la carne por líquidos de procesamiento y acá es directo”.

“Argentina es como una madre”, insistió el invitado especial antes de despedirse “es mucho lo que este país ofreció a los inmigrantes a lo largo de la historia y lo que nosotros pudimos dar”. Este fin de semana el europeo volverá a danzar en la Fiesta de las Colectividades, hermanado con todas las personas que comparten tanto su historia como el arraigo a la Argentina.

 

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