HISTORIA DE VIDA
Mc Mirta, hamburguesas caseras a la madrugada cargadas de amor
Todos aquellos turistas o residentes que circulan por calle San Martín por las noches, se habrán encontrado con un carrito de comidas digno de ser incluido en nuestras postales, el de Mc Mirta.
Ella fue noticia hace un par de años al ser intimada legalmente por una multinacional de comidas rápidas, quizás su logo daba lugar a confusión. Le decían que tenía que dejar de utilizar esos colores y la inicial principal.
Su intención no había sido que se pareciera al reconocido logo, solo aceptó un regalo de un grupo de jóvenes que con cariño, se lo hicieron para que lo pusiera en el toldito que utilizaba. “Eso sin buscarlo me benefició porque las dos semanas siguientes vendí muchísimo más”, contó.
Inicios
En el 2001 tenía una pizzería, pero la situación económica hizo que abandonara su proyecto, fue allí precisamente que nació el proyecto de poner un carrito de comida de venta nocturna. Al principio fue en Palacios y Vicealmirante O’Connor y la primera temporada de estudiantes se ubicó en San Martín, donde está hasta ahora, cerquita de la zona de los boliches.
Su producto es muy noble, hamburguesas totalmente caseras, con muchos aderezos, pero un solo aditivo personal, el amor y la atención con la que recibe a los noctámbulos que, ávidos de algo rico, se acercan a su puesto.
Mirta Cotaro se llama y fue invitada al programa “Mano y Contramano”, que conduce Marcela Cabral por la FM 93.7 de El Cordillerano.
“Con la crisis del 2001 me decidí a salir a vender comida a la calle porque ya no podía pagar un alquiler, la primera noche trabajamos muy bien” entonces, ya no tuvo ninguna duda de que este sería el sistema que iban a utilizar para llegar a los clientes.
Así fueron pasando los años, viendo que en temporada baja cuando no circulaban muchos estudiantes por las calles céntricas, eran los barilochenses los que buscaban el carrito para después de una salida y antes de regresar a sus hogares.
Mirta es jubilada y aunque ya no le sea tan simple estar hasta altas horas trabajando en la vía pública, siempre está atenta al ánimo de sus clientes, preguntando cómo les ha ido, de dónde vienen, incluso escucha a quien necesite contarle sus males.
Ella es así, una mamá que demuestra cariño con sus hamburguesas, teniendo en cuenta los gustos de muchos y memorizándolos para no caer en el error, con huevo o sin cebollas, Mirta todo lo sabe.
“Aquellos que me compraban cuando salían en grupitos de amigos y que ahora ya están casados cada tanto vuelven a comprar, otros me llevan a sus hijos para que me conozcan y prueben mi comida” dijo orgullosa.
También estudiantes de otras ciudades que tienen hermanos más chicos, les recomiendan que cuando salgan del boliche pasen por el carrito, nuevas generaciones que continúan disfrutando de la gastronomía de Mirta.
Al referirse a la legalidad de su emprendimiento dijo “por suerte este intendente está haciendo un montón por los que vendemos comida en la calle y ahora nos pusieron un cartel que dice exclusivo food track gastronómico, garantizándonos el espacio de estacionamiento”.
Llega con la verdura lavada y lista para preparar todo en el carro. Ahora estará los lunes de 21 a tres de la mañana y los viernes y sábados de 21 a 7 de la mañana.
Aproximadamente a las nueve de la noche se la puede ver llegar y se queda allí hasta pasadas las siete de la mañana, “si alguna vez nos quedamos hasta las ocho, la gente sigue comprando” comentó.
Cuenta con todas las habilitaciones correspondientes, “vendo mercadería de marca y eso me llevó a tener una buena clientela, cuando tenía 23 años trabajé hasta mis 34 en un Pumper, cuando venían los supervisores de Buenos Aires nos decían cómo debíamos trabajar y todo eso que aprendí lo aplico en mi carrito”.
Lleva nada más ni nada menos que 18 años alimentando a quienes después del boliche o una vuelta por ahí, quiere comer algo antes de irse a la cama. Son muchas las anécdotas que tiene, ella todo lo ve, “he visto formarse parejas entre mis clientes, he visto amores y peleas también” dijo sonriendo.
Ahora ha surgido otro percance, apareció una señora que también vende comida en el centro y se hace llamar Mac Mirta. “Muchos clientes me lo dijeron, se ubicó a una cuadra de donde estoy yo, pero eso es solo un detalle, lo que me preocupa es que algún día alguien tenga un problema con ella y crean que fue conmigo”.
El invierno nunca la acobardó, ahora está un poco más protegida pero el viento, la lluvia o la nieve, la han castigado muy duro.
Mirta tiene cuatro hijos, dos varones y dos mujeres, Marcelo, Gustavo, Saya y Georgina. Ya son grandes, pero se han criado con un gran ejemplo de mujer luchadora y trabajadora.