2019-10-27

HISTORIA DE VIDA

Gabriela Fernández Panizza, de docente a “Mamá Osa”

Gabriela Fernández Panizza es portadora de un apellido que la identifica con la solidaridad y el compromiso. Luego de toda una vida dedicada a la docencia y a la escritura, se convirtió en la amiga de “Mamá Osa”, un diálogo radial directo al corazón de chicos y grandes por medio de sus historias y vivencias. 

Fue la vida la que siempre le puso delante distintos caminos, nació en Buenos Aires pero en el año 69, cuando cumplió diez, su familia se vino a Bariloche. Tiene una hermana menor llamada Pilar. “Cuando llegué era un pueblo chiquito de tan solo 14 mil habitantes, calles de tierra, ningún edificio, un lugar muy lindo”.

Recuerda que “nosotros vivíamos en el kilómetro cinco entonces veníamos al centro para revisar nuestra casilla de correo y hacer compras y era buen momento para vernos con otra gente”.

Hizo su primaria en el Woodville y el secundario en el colegio Nacional “después fui parte de la primera promoción de estudiantes del Instituto de Formación Docente”. Lo curioso es que en ese mismo instituto se jubiló como profesora de prácticas muchos años después.

Cuando estaba en quinto ya comenzó a ejercer como docente de un segundo grado de inglés en el colegio del que se había recibido. “Así que fui docente antes de empezar la carrera, siempre me gustó el encuentro con los niños y las niñas, al ser maestra tenía ciertas habilidades relacionadas con la expresión, porque los gestos, juegos y canciones son el mejor vehículo para llegar a ellos”.

Siempre le interesó que los alumnos la pasaran bien durante sus clases, “además siempre he sido una persona muy intuitiva por lo que iba encontrando el camino, me di cuenta que me llevaba bien con los chicos”. En el Instituto recibió herramientas “yo agradezco la calidad profesional y humana de los profesores que tuve” dijo.

“La docencia tiene que ver con un compromiso profundo con el otro, donde el enseñar y el aprender forma parte del todo, uno establece un vínculo donde mira al otro y dice ¿qué tengo yo para aportarle?” describió.


Mostrando el guión del programa radial.

Siempre le gustó leer, “eso se lo tengo que agradecer a mi mamá Nelly, ella siempre me leía cuentos y poesías, me regalaba libritos, ese encuentro con el mundo de la literatura y la imaginación”. Ese juego que a través del arte uno pueda vivir con otras herramientas.

Su padre primero tuvo un micro pero no resultó, luego una fiambrería en el Mercado Municipal que se llamaba La Flecha Verde y después con su mamá vendían empanadas, 600 por día, para poder salir adelante.

“Debido a la debacle económica en el país y en mi casa, cuando tenía 14 años empecé a trabajar en la chocolatería Del Turista de manera paralela con mis estudios”. También siempre le gustó escribir, “mis diarios íntimos y mis cosas”.

La vida le salió al encuentro con propuestas que fue aceptando de muy buena manera, aquella primera etapa como docente, “algunas cosas no me las imaginaba pero fueron maravillosas, como escribir para docentes y poder publicarlo”.

Así fue como cierta vez una amiga le preguntó si se animaba a escribir lo que aplicaba en el aula. “En el año 95 empecé con mi primer libro en una editorial muy chiquita, de didáctica para maestros y después me vinieron a buscar de otras más importantes”, relató.

Ha escrito una serie de libros, “El juego en la Enseñanza de la Matemática” (Noveduc) recibiendo en el 2016 la Mención de Honor al Libro de Educación 2014-2015 otorgado por la Fundación El Libro, y “De la división a la divisibilidad”. Otro de sus libros es “Secuencias con juegos para su enseñanza” (2019, Noveduc),  además de “Herramientas para enseñar a estudiar” (2016) y “Herramientas para alfabetizar en el jardín de infantes”, en 2017, como co-autora en manuales para niños ha desarrollado el área de lengua en “Los Preguntones” en 2005, éstos últimos tres de Aique Grupo Editor. Ha escrito actividades integradoras para desarrollar las distintas inteligencias como en “Renata la suricata 1, 2 y 3” y “Biciencias 4, 5, 6 y 7”, ambas de Editorial Estrada.

Panizza es diplomada en Flacso, cursó algunas materias de la Licenciatura en Educación (UNRN) y tuvo el privilegio de conocer personalmente a H. Gardner, creador de la Teoría de Inteligencias Múltiples, cuando asistió al Project Zero Classroom en Harvard.

Trabajó como maestra en colegios privados y públicos, urbanos y rurales. En 1994 fue convocada para ejercer el cargo de directora del Colegio del Sol donde, conjuntamente con el equipo docente, elaboró un proyecto educativo basado en la Teoría de Inteligencias Múltiples de H. Gardner, el cual dirigió hasta 2004. Posteriormente se desempeñó como profesora de Prácticas Docentes en el Instituto de Formación Docente de Bariloche donde, a pesar de haberse jubilado en 2015, aún integra el grupo de investigación Ludomateca que estudia la relación entre el juego y la enseñanza de la matemática.

Una nueva etapa

Se jubiló con cuarenta años de servicio “al principio lo disfruté a más no poder, dormir hasta tarde, mirar pelis y andar en pantuflas, pero llegó un momento en que me empecé a aburrir ya que el concepto de tiempo libre jamás lo había experimentado”, dijo.

Asegura que le faltaba el “nosotros”, “en la escuela siempre me gustó juntarme con otros para crear y proyectar y eso ya no lo tenía”. Con tantos años de docente y madre de tres hijos, Guadalupe, Valentín y Julián, contaba en su hogar con una biblioteca muy completa. La primera es escritora, el segundo es filósofo y publica además una columna sobre tecnología en el diario La Nación y Julián es músico y está en Alemania.

Tanto como docente como mamá, el arte de narrar lo tenía incorporado, “el encuentro con la infancia es un lenguaje que fluye y que hace que nos entendamos con mucha facilidad entre grandes y chicos entre alumnos y estudiantes y entre padres e hijos porque apela a otro lenguaje y otras emociones, a otros mundos” dijo.

“Es sabido que a través de la literatura se desarrolla el mundo de lo simbólico y es donde podemos resolver los problemas que quizás por otros medios no se logra, el libro nos describe una situación, nos presenta otras soluciones que nos abren a lo que necesitamos en nuestra vida real”. El ubicarse en el lugar de un personaje y desde allí recrear nuevos diálogos, eso poco a poco se ha ido perdiendo.

“Hoy en día la tecnología es un gran detractor porque antes tenías cajas de cartón, cajones o bolitas y con todo eso alcanzaba para desarrollar la creatividad, lo divertido es lo que uno puede imaginar y no el objeto en sí”.

Aclaró que “una de las cosas que representa el juego es el desafío que sea posible, que me lleva a ir cada vez más allá hasta resolverlo, si es demasiado sencillo me aburro, si es muy complejo me frustro”. La distancia óptima entre el grado de frustración y las capacidades de resolución.

La vida volvió a llamarla

Cuando aún trabajaba en el Instituto de Formación Docente tres profesoras se ocupaban de la difusión de las actividades en Radio Nacional. “En los pasillos de la emisora un día le digo a Gabi Salamida que lo que de verdad me gustaría es poder contarles cuentos a los chicos de la Línea Sur, porque eso hacía cuando era maestra rural” recordó.

En ese entonces ella tenía tan solo 20 años y algunos de sus alumnos de séptimo grado 18, “nunca me voy a olvidar cómo les brillaban los ojos cuando les leía alguna historia”.

Habló entonces de la democratización del acceso al arte “la experiencia del goce estético, no es justo que algunos niños crezcan sin tener acceso a determinados objetos culturales que están en circulación”. Algo básico que tiene que ver con la identidad y el crecimiento personal.

Lo mágico que es, sin importa la edad, relajarnos y que alguien nos lea un cuento, “no tenemos conciencia del poder que hay en la voz humana y en la palabra que llega, cómo se la dice, cómo impacta y resuena”. Parar un momento, escuchar una voz incluso, con música de fondo, lleva al momento de reencuentro quizás, con nuestra infancia. Tres años más tarde de aquella charla con Salamida, ya jubilada, le llegó la propuesta de hacer un programa para chicos y así le ofrecieron una hora de aire.

Cada domingo a partir de las 11 de la mañana Gabriela invita a chicos y grandes a entrar a la cueva de Mamá Osa, con música, muchos cuentos y poesías, reportajes, vivencias de chicos de la Línea Sur por medio de audios, curiosidades, juegos y buenos consejos. Programa que fue declarado de Interés Municipal, Educativo, Cultural e Intercultural por la Municipalidad de Bariloche.

 

Susana Alegría

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