2019-10-07

La energía de ser Clandestinos por una noche

Casi 200 personas asistieron al reencuentro de El Clandestino, una noche que dejó demostrada la necesidad que hay de parte de muchos barilochenses, de contar con un espacio donde poder disfrutar de la música en vivo, el baile y las charlas casuales.

En el año 2001 abrió sus puertas el recordado bar, estaba ubicado en el sótano de una vieja casona de Belgrano esquina 20 de Febrero. Tan solo permaneció abierto 4 años pero fueron más que suficientes para que quedaran grabados en el corazón de la gente.

Muchos músicos de renombrada trayectoria pasaban por allí a zapar, algunos de ellos fueron Fito Páez, los Vox Dei, Fabiana Cantilo o Luis Salinas, quienes luego de brindar algún concierto en Bariloche, iban a tomar algo y zapar con los artistas locales. Luis Bravo construyó el bar con mucho material reciclado, barro y lo que tenía a mano, pero con mucha dedicación se fue convirtiendo en un espacio que los concurrentes sintieron como propio.

Al cerrar sus puertas El Clandestino pasó a ser parte de la historia, y su nombre resurgió en cada charla, en cada ausencia. Hace pocos días comenzó a circular por las redes sociales la invitación para tener una noche “clandestina” y rápidamente se agotaron las entradas.

Fue una noche llena de magia en todos los sentidos, tanto entre el público como sobre el escenario. La gente se fue reencontrando luego de muchos años. La energía y el disfrute, pese a tanto tiempo, estaban intactos.

Los primeros acordes fueron responsabilidad absoluta de Bravo, quien junto a Luis Seguel regalaron una secuencia de tangos y algo más, creando un clima maravilloso. Luego fue el momento del regreso de la mítica banda Salsa del Tomate, la que estuvo integrada por Carlos Casalla en percusión, Charly Barroso en el bajo, Hernán Lugano en teclados, Emiliano Zamora en guitarra y Luis Bravo. Se sumó en algunos temas el querido “Duende” Sobarzo y el Dj Toto continuó poniendo música de los 80 para que todos bailaran.

El entusiasmo y el disfrute fueron tantos, que en cada abrazo de despedida, se pidió por otra noche como esa, de manera mensual hasta que algún día El Clandestino reabra sus puertas de manera definitiva.

Susana Alegría

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