PSIQUIATRA INFANTO JUVENIL
Según una especialista la palabra es el camino más directo para llegar a los hijos adolescentes
Según la Organización Mundial de la Salud, la adolescencia es un período de preparación para la edad adulta. Las experiencias que viven incluyen la transición hacia la independencia social y económica, el desarrollo de la identidad y la adquisición de aptitudes necesarias para establecer relaciones y asumir funciones además de la capacidad de razonamiento abstracto.
Además de ser una etapa de crecimiento y grandes potenciales constituye una época de riesgos considerables durante la cual el contexto social puede tener una influencia determinante.
El Cordillerano dialogó con la Carolina Rodríguez, quien en junio del año pasado ingresó al hospital zonal “Dr. Ramón Carrillo” como psiquiatra infanto juvenil. Es común que muchos padres y madres hablen acerca de la preocupación por la falta de interés de sus hijos por una serie de cuestiones.
La doctora explicó que “los modelos familiares y parentales han cambiado y en realidad no tiene que ver con una conformación familiar sino con un rol parental que actuaba como una función reguladora para los chicos”. Es por ello que cada vez a edades más tempranas “salen en busca de esta regulación en lo extra familiar y eso los deja bastante desamparados”.
Son muchas las variaciones culturales que hemos tenido como sociedad. “Es una adolescencia a la que se entra más tempranamente y se demora más en salir”, definió. La cuestión económica dificulta y atrasa esto de valerse por sí mismo o irse de su hogar a determinada edad.
“Una joven me dio una definición muy concreta de la adolescencia, me dijo que es cuando empiezan a pensar distinto que sus padres y es así porque tiene que ver con una simetría generacional, que ahora ya no está tan clara”, puntualizó.
Detalló que “Winnicott Donald habla de los padres como un frontón donde los adolescentes practican en lo que sería el ingreso al mundo adulto, ahora muchos se visten igual que sus hijos, las mismas actividades, los mismos celulares, computadoras, no hay otro con quien chocar y para los chicos y chicas es necesario”. Casi no existe ese corte generacional.
Rodríguez agregó, “también los padres tienen ese mandato de tener hijos felices entonces no los quieren contradecir ni hacer enojar y en eso se juega la puesta de límites, es en la diferenciación donde los jóvenes también convocan al otro y en eso están muy solos”.
Ellos quedan con este mandato de autopaternarse, es decir de tomar sus propias decisiones y es algo que no saben hacer aún, “ninguno de nosotros lo supo hacer a esa edad y me parece que en eso están los chicos ahora”.
Hay padres y madres que no saben cómo encontrar ese camino para llegar a sus hijos, a sus inquietudes, sus problemas, sentimientos o inseguridades, “no hay un manual para ser padres pero sí está esta angustia del no saber por no confrontar y eso es lo que regula a los chicos”.
Agregó que “están en la etapa de buscar referentes, de por dónde sí y por dónde no y pronto se encuentran con ese impulso suelto y no hay ni instituciones ni familias que puedan encauzar todo eso”.
Demasiado estímulo. “Hay papás y mamás que funcionan como membranas para filtrar algo de eso, están en una etapa donde se están armando de sus defensas, de sus filtros, de esta capa protectora de estímulos” dijo la especialista.
Las redes sociales
¿Qué posibilidades tienen los chicos de hacer ese trabajo de transitar lo básico, si estamos viviendo en la inmediatez? “Son chicos multitareas, van al colegio muy temprano, luego muchos tienen actividades extra escolares y aterrizan en sus casas ya de noche”, explicó Rodríguez.
“En estas multitareas e inmediatez lo que acompañan, son las pantallas, porque la palabra no está, no hay posibilidad de articular un diálogo porque eso implica ir al encuentro con otro, entonces aparece la imagen, el actuar, el compartir lo que les pasa con todos”.
Allí se encuentran con pares que están atravesando las mismas situaciones “eso da una sensación de contención pero también una sensación de vacío porque los vínculos que se van armando tienen sus limitaciones”.
Hasta hace un tiempo los jóvenes utilizaban Facebook, cuando vieron que los adultos ingresaron a ese mundo, decidieron dejarlo y pasarse a otros donde estuvieran solos, “eso es saludable, son sus espacios y hay que respetarlos”.
“Se van corriendo hacia otros lugares y muchas veces el control pasa por ahí, eso es muy raro pero los padres se enteran en qué andan sus hijos por las redes sociales o por medio de algún amigo en común, intentan averiguarlo”, consideró y agregó “eso es muy loco, porque son como fragmentos de historias y de cuerpos, nada completo”.
Soledad
Quizás un error a nivel social es intentar comprender a los jóvenes en su adolescencia. “La alarma que se nos prende con los adolescentes es normal pero también es justo y necesario ir un poco más atrás”, dijo. “Las adolescencias de hoy fueron infancias y hay que ver entonces cómo fueron acompañadas y contenidas, cuál fue esa crianza, si uno mira en el pasado siempre hubieron cuestiones o indicadores a trabajar, solo que como eran más chiquitos, no se les dio la importancia real”, recordó.
“Los modos de convocar al otro, las pataletas o enojos no tenían el alcance que tienen en la adolescencia, por eso es importante armar algo que funcione de mediador, algo que una, y eso es simplemente, la palabra”, expresó Rodríguez.
“Si no es todo acción, ir hacia el consumo de drogas o de alcohol, a la iniciación sexual sin planificar, en estos tiempos que corren de lo tecnológico, de las pantallas, no hay un encuentro del otro”, refirió.
La profesional vuelve a resaltar que “padres e hijos estamos en la misma, viviendo hacia el afuera pero con el mandato fuerte de tener una vida feliz y desde ahí surge el no frustrar a nuestro hijo entonces no le decimos nunca que no”; de esta manera queda una demanda de parte del chico que nunca puede ser regulada.
“La apuesta para mí es convocar a los pibes, el espacio terapéutico sigue siendo un lugar saludable, los chicos no funcionan como una isla, esta brecha generacional también la están viviendo los padres porque se están encontrando con otra adolescencia muy diferente a la que vivieron ellos”.
“Uno viene con una suma de experiencias aprendidas pero es tan grande la brecha generacional y tecnológica que es casi imposible poder trasmitir eso a nuestros hijos tal como lo recibimos nosotros de nuestros padres”, señaló la doctora.
Por ejemplo, en generaciones anteriores era raro tener compañeros con padres separados, ahora quizás lo raro es que estén juntos. “Hay familias homoparentales y mono parentales, las constituciones son otras, antes las instituciones funcionaban mucho como un andamiaje entre la casa y el pibe, y ahora eso casi no está”.
Aseguró “hay padres e instituciones caídas, entonces el adolescente no tiene con quien salir al choque, con quien rivalizar o confrontar para ir formándose y hacer esta práctica”.
La gran solución para todo este panorama que están viviendo los jóvenes es el regreso de la palabra, “los chicos te dicen que tienen no sé cuántos millones de amigos, los vínculos hoy pasan por ahí, por las redes sociales, entonces también es bueno saber en primera persona en qué andan, cómo sienten”.
Antes los chicos y chicas se despertaban y veían a uno de sus padres, desayunaban juntos, “hoy los pibes se despiertan solos porque los papás ya salieron a trabajar para poder sostener a la familia, antes por un modelo más patriarcal, la madre siempre estaba en su casa, hoy no es así”.
Esos pequeños cuidados ya no están entonces están solos desde el inicio del día, “la palabra debe ir acompañada de una mirada en algún momento del día y si hay que utilizar el teléfono, es una llamada, hay una voz y eso tiene mucho valor para todos”, resaltó Rodríguez. Hay que buscar alternativas acordes a los tiempos que corren.
“Los adultos tienen que ver la forma de continuar poniendo límites siempre pensados desde el lugar del cuidado y no desde un castigo, porque es ahí donde se empieza a complejizar la tarea de la crianza de los adolescentes”, aseguró.
“Por ejemplo si un bebé está por meter los dedos en un enchufe, no se lo permitimos y lo vamos a hacer una y otra vez, cuando son más grandes se empieza a dudar de poner esos límites por temor a que el joven se enoje, ¿y si se enoja qué? Sería un sentimiento válido como cualquier otro”, recordó.
“En el caso de los chicos a los cuales nunca se les pudo poner un límite entonces nunca vieron frustrados sus planes, llegan a la adolescencia con un nivel muy bajo de frustración y es importante que la puedan regular”, agregó.
“Muchos padres llegan con la preocupación que sus hijos decidieron abandonar el colegio y lo aceptan sin cuestionamientos, ahora digo yo, eso es negociable o no, escuchemos las razones, hablemos”, ejemplificó.
“Hay que buscar juntos otras opciones porque no olvidemos que la educación es un derecho que tienen los jóvenes pero pareciera que si los padres insisten todo empeora y no debería ser así”, dijo la profesional.
Buscar ayuda
Cuando un adolescente se siente solo, desorientado o con inquietudes que no logra respuestas tiene muchas opciones para encontrarlas, “hay equipos técnicos en las escuelas, a veces hay referentes afuera de lo familiar que son de gran utilidad y muy positivos, también en los centros de salud se vienen implementando urnas con preguntas anónimas, horarios de consultorio para que los chicos sepan que pueden acercarse sin sus papás y hacer las preguntas que tengan”.
Es mucho lo que pueden hacer, pueden llegar a una consulta con un psicólogo solos, “porque si no pareciera que siempre somos los adultos los que les tenemos que decir qué hacer y no es así”.
Escucharlos es primordial y desde ese lugar actuar, “trabajar con los pibes antes de que estén mal, acompañarlos en sus cosas e inquietudes en lo cotidiano”, siempre hay un ratito por día para lograr este acercamiento.
“Ponerse a pensar con los chicos cuáles son las cosas a las que se exponen es el modo de regular, no sacándoles internet o quitándoles los celulares”, finalizó diciendo la profesional. “La prohibición lleva a la reacción natural del adolescentes de transgredir, entonces no sirve”.
La mejor forma de unir dos mundos paralelos en tiempos de grandes carencias emocionales.
Cifras
El Área de Salud de UNICEF Argentina realiza actividades para el desarrollo a nivel nacional de políticas públicas sobre salud adolescente y la definición e implementación de un modelo de salud integral, a nivel provincial. En esta línea se ha venido desarrollando una serie de investigaciones con la intención de generar evidencias que permitan articular una línea de base para el monitoreo de los derechos de la niñez y la adolescencia en el país. Parte de este trabajo son las estadísticas de hechos vitales de la población adolescente en Argentina, de la Secretaría de Gobierno de Salud del Ministerio de Salud y Desarrollo Social Presidencia de la Nación y UNICEF del mes de julio de 2019.
Durante el año 2017 la cantidad de nacidos vivos registrados en la Argentina fue de 704.609 niñas y niños. De este total, 94.079 fueron hijos/as de mujeres adolescentes; lo que representa en promedio, 258 nacimientos por día. Se trata del 13,6% del total de los nacimientos de dicho año: 2.493 (0,4%) correspondieron a adolescentes menores de 15 años y 91.586 (13,2%) a adolescentes con edades entre 15 y 19 años. Durante 2017 nacieron en promedio por día, 258 niños y niñas de adolescentes. 11,4 por ciento de Río Negro. (Ver gráfico1)
Alerta
Si bien la mortalidad en la adolescencia no es un evento frecuente y apenas representa el 1% del total de muertes que se producen anualmente en el país, adquiere una gran relevancia el hecho de que más de la mitad (57%) de las defunciones de adolescentes resultan evitables, ya que son secundarias a “causas externas”.
El 42% de las causas externas ocurren en la adolescencia temprana y el 63% en la tardía, y alcanzan su mayor peso en los varones de 15 a 19 años, donde son responsables del 69% de las defunciones que se registran en dicho grupo poblacional.
Las muertes por causas externas, muchas veces denominadas muertes violentas, incluyen las debidas a accidentes o eventos no intencionales, los suicidios o lesiones autoinfligidas intencionalmente, las agresiones o lesiones intencionales provocadas por otra persona y las defunciones por intervención legal.
También existe un quinto grupo de defunciones en donde no se conoce la intencionalidad, que son resultantes en eventos de intención no determinada. Asimismo, entre las causas externas, se incluye otro tipo de muerte que no puede clasificarse por intencionalidad y tiene que ver con las complicaciones de la atención médica y quirúrgica. En este último grupo se contabilizaron 9 muertes en el año 2017. En la adolescencia temprana, predominan las muertes por las denominadas enfermedades no transmisibles, que concentran el 44% y 51% de las muertes en varones y mujeres respectivamente. (Ver gráfico 18).
El nivel educativo que resulta mayoritario entre las adolescentes que tuvieron un hijo en 2017 es el secundario incompleto. Cabe destacar que se registraron 6.277 nacimientos de mujeres adolescentes con nivel primario incompleto (el 6,7% del total) –si bien es esperable que niñas y adolescentes de 10, 11 y 12 años aun no tengan el nivel primario completo-. En 284 casos (0,3%) las adolescentes nunca habían asistido a la escuela. Si se focaliza ahora en la situación de las adolescentes de 18 y 19 años, es posible observar situaciones donde el nivel educativo está por debajo de lo esperado para la edad. Así, casi el 6% de los niños y las niñas que nacieron son hijos/as de adolescentes que no lograron completar la primaria/EGB, mientras que en un 20% las adolescentes habían podido terminar el primer ciclo, pero no acceder al secundario/polimodal; y en un 48%, ellas habían accedido a este nivel pero no pudieron completarlo. (Ver gráfico 6).
Susana Alegría